SORPRESA

Entro al restaurante con la cajita ardiéndome en el bolsillo y el discurso memorizado como si fuera un examen final: “no sé cuándo pasó, solo sé que quiero pasar el resto de mi vida contigo…”.
El maître me reconoce, me guiña un ojo.
—Tu mesa, al fondo, junto a la ventana.
Miro hacia allí.
Ella ya está sentada.
Con otro.
Él le sostiene la mano encima del mantel. Ella se ríe como se reía conmigo cuando aún me quedaban chistes. El discurso se me deshace en la lengua. La cajita pesa como un ladrillo mojado.
No sé muy bien por qué lo hago, pero lo hago.
—Préstame una chaqueta —le digo
al maître.
—¿Qué vas a hacer?
—Trabajo de campo.
Dos minutos después, camisa blanca, chaqueta negra, sonrisa de manual; camino hacia su mesa con la bandeja en la mano y el corazón fuera de servicio.
—Buenas noches —digo—. Soy su camarero. ¿Celebran algo especial?
Ella me mira. Tarda medio segundo en reconocerme. Justo el tiempo que necesito para dejar la cajita sobre el mantel.
—Detalle de la casa para parejas… prometedoras.
El otro se ríe, incómodo.
Ella abre la caja. Se queda de piedra.
—Al parecer —continúo—, alguien tenía pensado pedirle matrimonio hoy. Pero ha habido un cambio de menú.
Recojo la bandeja, hago una pequeña reverencia profesional y me voy antes de que la vergüenza decida quedarse en mi sitio.
En la calle, sin anillo, sin novia y sin reserva, descubro la verdadera sorpresa: respiro mejor.
«Descubrimos que la paz a cualquier precio no es paz; que la vida a cualquier precio no vale nada; y que hay algo más atroz que la guerra o la muerte: vivir con miedo.» (Quién dijo esta frase no vivió con miedo, pero si lastrada por su apellido, fue Ève Curie, nacida el 6 de diciembre de1904. Nos abandonó 102 años después que no está nada mal para haber vivido en un ambiente “radiactivo”)
No, no es Bono quién cumple 69 años, es el guitarrista de la banda R.E.M., una de mis preferidas; sin embargo no le voy a dar bonus track porque la guardo para el aniversario de otros miembros del grupo... o el traspaso. A sufrir un poco, como todo el mundo.
Quan t’aguantes al pont
S’agafa a la barana del pont com si fos l’últim fil.
Sota, els cotxes llisquen com pensaments que no s’aturen mai.
Al mòbil, la cançó li murmura: “quan sentis que no pots més, espera”.
Ell remuga que ja n’està tip, que els consells sempre arriben tard.
Però algú li posa la mà a l’esquena, una desconeguda amb ulls cansats.
—Jo també hi he pujat, saps?
Ell riu, mig plorant.
La
cançó continua, tossuda.
Baixen plegats, no perquè el dolor marxï, sinó per compartir-lo.
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