jueves, 5 de febrero de 2026

LA GRAMÁTICA DEL “DEBIMOS”


 En la mesilla quedó tu vaso, con un dedo de agua tibia y mi huella pegada al cristal como una excusa barata. La lámpara, esa que siempre dejabas a media luz “para que no nos viéramos la tristeza”, seguía encendida, obediente, iluminando el hueco de tu cintura en la sábana.

Me aprendí de memoria la lista de lo que debimos. La recité como si fuera un salmo de urgencia: quedarnos, viajar sin salir de la cama, deshacer almohadas, morder el mundo con risa. Pero el cuerpo, que es más sincero que la gramática, me devolvió lo único cierto: el colchón frío donde antes había piel.

Volví a escribirte. Borré. Volví. Borré. Mi pulgar olía a tinta y a derrota.

Al final entendí: no fue que no supiera quererte. Fue que te quise como quien aprieta un salvavidas… hasta hundirlo.

Abrí la ventana. Entró la ciudad con su ruido de lunes. Y por primera vez no dije “debimos”.

Dije “ya no”. Y, aun así, me temblaron los dientes como si todavía te estuviera llamando.

«La política es el teatro de la distracción: te venden el decorado y te roban la casa.» (William Burroughs nacido el 5 de febrero de 1914 fue un escritor estadounidense que no se dedicó ni al teatro ni a la política, pero tenía casa)

Adele le pone voz a esos espacios vacíos que no callan, que son tozudamente silenciosos. Alguien como tú podría llenarlos.  

La cadira buida no sap callar

Vaig entrar al bar com qui entra a un record: fent veure que no. A la barra, la teva absència tenia la meva mida. El cambrer va dir “el de sempre?” i jo vaig assentir, perquè els hàbits són una manera fina de suplicar. A fora plovia amb aquella insistència que tenen les coses que no tornaran. Va sonar una cançó i, sense voler, em vaig trobar somrient com una mentida ben escrita. Em vaig prometre no buscar-te… i vaig sortir mirant cada cara.


 


miércoles, 4 de febrero de 2026

LA LONA

Si pudiera tener en mis manos la auténtica sabiduría —no la de los libros con polvo, ni la de los gurús con sonrisa de anuncio—, haría una cosa simple y obscena: estirar una lona transparente sobre el mundo.

No para que dejáramos de vernos. Justo al contrario. Para que siguiéramos mirándonos con la misma claridad, pero sin esa lluvia fina de peligros que cae a traición: el accidente que no avisa, la palabra que se escapa como una astilla, la soledad que se sienta en el sofá antes que tú, la noticia que te muerde sin dientes. Una lona que no tapara el cielo, solo lo afilado.

La fabricaría yo mismo.

Me dejaría los ojos en el intento, sí. Los gastaría como se gastan las monedas en una máquina antigua: de una en una, con fe terca. Tejería de noche, porque de día el mundo hace ruido y el ruido engaña; de noche el silencio no te discute, te acompaña. Y porque a esas horas los búhos dan los buenos días con esa cara de notario viejo: como diciendo “ya sabía yo que ibas a volver”.

Iría pasando el hilo —transparente, duro, humilde— por encima de los tejados, de las cunas, de los hospitales, de los pasos de peatones, de las mesas donde se firman despedidas, de las almohadas donde se finge sueño. Y cada puntada sería una promesa sin épica: no voy a salvar el mundo; voy a intentar que duela un poco menos.

Cuando terminara, no habría aplausos. La sabiduría de verdad no suele tener público.

Solo quedaría ese brillo mínimo sobre nuestras cabezas, como si el aire tuviera una piel.

Y yo, con los ojos cansados y las manos llenas de hilo, bajaría la voz para no romperlo.

Buenas noches.

«Llegará el día en que la mente del hombre se abra al pensamiento de la mujer» (Esa cita, tan optimista, se atribuye a Elena Soriano nacida un 4 de febrero de 1917. Aún estamos en ello… algun@s)

Vincent Furnier cumple hoy 78 años a pesar del veneno que ingiere. No obstante su aspecto haría temblar hasta sus compañer@s del grupo Alice Cooper. 


Antídot de butxaca

Vaig dir que no. Ho vaig dir amb la boca seca, amb els dits enganxats al got, com si el vidre fos una promesa. Tu vas somriure: ni victòria ni disculpa, només aquella calma de qui sap el camí de tornada.

El teu “verí” no era un petó; era una idea: “t’estàs perdent coses”.

Vaig marxar. Al carrer, el fred em va fer d’antídot… fins que, al cap de dues cantonades, em vaig girar.

I ja no recordava per què havia dit que no.