FRENTE AMPLIO, AMPLIA… Y VACÍO

He
leído que las izquierdas situadas a la izquierda del PSOE han decidido unirse.
Otra vez.
Lo
cual me parece una excelente noticia, porque a este paso, si continuaban
dividiéndose, cada militante acabaría teniendo su propio partido, con derecho a
secretario general, portavoz parlamentario y una subvención para gastos de
representación.
El
nuevo invento se llama Frente Amplio.
Reconozco
que el nombre me ha desconcertado. Primero, porque eso de los «frentes» siempre
me ha parecido algo militar, poco apropiado para organizaciones tan pacifistas.
Y segundo, porque, tratándose de partidos tan comprometidos con el lenguaje
inclusivo, encuentro una flagrante discriminación en el nombre escogido.
¿Frente
Amplio? ¿Y las amplias, qué?
Me
imagino que alguien, con toda la buena intención del mundo y de la munda,
propondrá corregir semejante atropello lingüístico y rebautizar la coalición
como Frente Amplio y Amplia.
Mucho
mejor. Dónde va a parar.
Aunque,
pensándolo bien, tampoco me parece una denominación suficientemente inclusiva.
Porque ¿qué hacemos con quienes no se consideran ni amplios ni amplias? ¿Los
dejamos fuera? ¿Les creamos una comisión de acogida? ¿Convocamos unas primarias
para decidir qué anchura ideológica debe tener cada participante?
Pero
hay algo que me preocupa especialmente.
Si
el Frente es amplio, entiendo que sus integrantes deberán ser personas de mente
abierta. Parece razonable. Y, por exclusión, todas aquellas de mente estrecha
quedarán fuera del proyecto.
Aquí
empieza el problema.
Porque
conozco a unos cuantos políticos que tienen una extraordinaria amplitud de
miras cuando se trata de aceptar las ideas de los demás, siempre que esas ideas
coincidan exactamente con las suyas.
De
hecho, me imagino la primera reunión constituyente.
—Compañeros,
compañeras, tenemos que unirnos.
—¡Completamente
de acuerdo!
—Debemos
aparcar nuestras diferencias.
—¡Por
supuesto!
—Y
elegir a una persona que encabece el proyecto.
Silencio.
—Naturalmente,
mediante primarias —dice uno.
—Ni
hablar. Eso dividiría a las bases —contesta otra.
—Pues
propongo una dirección colegiada.
—¡Eso
es una barbaridad! ¡Hay que respetar la pluralidad!
Y
así, después de seis horas de debate sobre la unidad, tres recesos para
consensuar el orden del día y una votación para determinar si las votaciones
deben hacerse a mano alzada o levantada, cada formación abandona la sala
convencida de que las demás carecen de voluntad integradora.
Lo
curioso de estas cosas es que todos quieren sumar, pero nadie quiere que el
resultado de la suma sea mayor que él mismo.
Y
yo, que soy un ignorante en materia de geometría política, me pregunto qué
sentido tiene crear un frente tan amplio si luego resulta que cada uno quiere
ocupar toda su anchura.
Aunque
quizá estoy siendo injusto.
A lo
mejor consiguen ponerse de acuerdo. Podrían empezar por una declaración de
principios que dijera algo así como: «En este espacio cabemos todos, todas y
todes, siempre que pensemos lo mismo, votemos lo mismo y aceptemos que quien
manda soy yo».
Una
magnífica demostración de pluralismo.
En
cualquier caso, les deseo suerte. Mucha. Porque si empiezan excluyendo a los de
mente estrecha y después continúan expulsando a quienes no compartan su
particular concepto de amplitud, me temo que acabarán consiguiendo algo
verdaderamente histórico.
El
primer Frente Amplio y Amplia en el que no quepa nadie.
Aunque,
bien mirado, eso también tendría sus ventajas.
Por
primera vez en la historia de la izquierda española, todos los miembros de una
coalición estarían de acuerdo.
Porque
no habría ninguno.
Y,
además, sobrarían sillas.
«Imagina a toda la
gente viviendo en paz». (John Lennon como no podía ser de otra manera. Hoy
hubiese cumplido 86 años)
El
dret de marxar
El
pare va passar tota la tarda esborrant les fronteres d'un atles mentre
escoltava Imagine.
—Veus?
Un món sense països, sense propietats, sense guerres.
La
mare, que feia trenta anys que li planxava les camises, va deixar una maleta al
passadís.
—Doncs
jo me'n vaig.
Ell
va apagar la música.
—On?
—Encara
no ho sé.
—Amb
qui?
—Tampoc.
El
pare va agafar el llapis i va tornar a dibuixar les fronteres.
L'endemà,
la mare havia desaparegut.
Sobre
la taula, l'atles continuava obert.
Algú
havia esborrat també els camins de tornada.



