EL POLÍTICO QUE OLVIDÓ PARA QUÉ SERVÍA

La mañana del martes, el ministro se despertó con una extraña sensación. Recordaba perfectamente su nombre, el partido al que pertenecía, el sueldo que cobraba y hasta el número de la matrícula de su coche oficial. Sin embargo, había olvidado algo fundamental.
No sabía para qué servía.
Preocupado, llamó a su jefe de gabinete.
—Oye, una pregunta. ¿Para qué estoy yo aquí?
—Para gobernar, ministro.
—Ya. ¿Y para qué gobernamos?
Su jefe lo miró desconcertado. Llevaba quince años trabajando con él y nunca le había hecho una pregunta tan incómoda.
—Para ganar las próximas elecciones, naturalmente.
—¿Y cuando ganemos?
—Pues para preparar las siguientes.
Aquello le pareció razonable, aunque no acababa de convencerlo.
Decidió investigar. Abrió los cajones de su despacho y encontró encuestas, informes sobre intención de voto, fotografías estrechando manos, discursos que nunca había escrito y una carpeta titulada «Estrategias para mantenerse en el poder».
En el fondo del último cajón apareció un folleto amarillento de su primera campaña electoral. En él se veía a un joven sonriente, con bastante más pelo y un traje que le quedaba grande. Debajo, en letras enormes, podía leerse:
«HE VENIDO PARA SERVIR A LOS CIUDADANOS».
Aquello le produjo una conmoción.
¡Claro! ¡Eso era!
Se levantó entusiasmado y anunció que quería salir a la calle, hablar con los vecinos, conocer sus problemas y ponerse a trabajar para resolverlos.
Su jefe de gabinete palideció.
—Ministro, ¿se encuentra usted bien?
—¡Mejor que nunca! ¡Por fin recuerdo para qué me eligieron!
A media mañana estaba sentado en un banco, escuchando a una mujer que llevaba seis meses esperando una intervención quirúrgica. Después habló con un joven que trabajaba y dormía en su coche porque no podía pagar un alquiler. Tomó notas, pidió expedientes, llamó a varios responsables administrativos y exigió soluciones.
Al día siguiente, la dirección del partido convocó una reunión extraordinaria.
El diagnóstico fue unánime: el ministro estaba sufriendo un preocupante trastorno de personalidad.
Lo destituyeron por pérdida de confianza.
Y aquella misma tarde, mientras recogía sus pertenencias, recibió la visita de su sucesor.
—Dime una cosa —le preguntó el recién nombrado ministro—. ¿Qué debo hacer para desempeñar correctamente el cargo?
El destituido lo miró un instante.
—Procura no recordar nunca para qué estás aquí.
«Lo difícil es lo que
lleva un poco de tiempo; lo imposible es lo que lleva un poco más». (Esta es
una de las frases más parafraseadas de la historia. El original es de Fridtjof
Nansen nacido el 10 de octubre de 1861 para ser explorador y político y, a
pesar de esto último, premio nobel de la paz en 1922)
Gabriella Cilmi cumple hoy 35 años y debutó con la canción del vídeo hace 18 años. Haced cuentas.
LA
MEL
La
meva mare em va advertir que als homes els agradaven les dones dolces. Per això
vaig aprendre a somriure amb les dents premudes.
El
meu marit em deia «caramelet» quan volia que callés. Jo callava.
Ahir
em va presentar la seva amant.
—Espero
que siguem civilitzats —va dir.
Li
vaig oferir te. A ella, amb mel. A ell, sense res.
—Ja
no em poses sucre?
—Te'n
posarà ella.
La
noia va deixar la tassa damunt la taula.
—A
mi també m'agrada el te amarg —va dir.
Vam
riure totes dues.
Ell
no.



