jueves, 9 de julio de 2026

 

EL HUNDIMIENTO


En el Putxet no se abrió un socavón: la ciudad se sinceró.

Durante años, Barcelona había vivido convencida de que bastaba con adornar la realidad con palabras hermosas para que dejara de oler a atasco, retraso, sobrecoste y chapuza. Todo era sostenible, inclusivo, resiliente y transformador. Incluso las obras eternas parecían menos eternas si se explicaban con una infografía amable y un concejal señalando un plano con cara de futuro.

Hasta que el suelo dijo basta.

Primero fue una grieta. Luego otra. Después, el baño de una vecina decidió independizarse del edificio e iniciar su descenso hacia la línea 9, quizá harto de esperar a que el metro llegara a alguna parte.

Los vecinos fueron desalojados con rapidez. Es decir, con esa rapidez que la Administración solo descubre cuando ya hay cámaras delante. Antes, las grietas habían sido “incidencias menores”. Después, el agujero fue “un episodio puntual”. La diferencia entre una cosa y otra, como siempre, la marcó el telediario.

Llegaron técnicos, responsables, portavoces y frases de emergencia.

—La situación está controlada.

Era tranquilizador. En Barcelona, que algo esté controlado no significa que no se hunda; significa que se hunde con expediente abierto.

También prometieron investigar hasta las últimas consecuencias. Los vecinos se calmaron poco, porque en política las últimas consecuencias suelen vivir muy lejos: más abajo que la tuneladora, más abajo que el socavón, más abajo incluso que la vergüenza.

Al día siguiente, el agujero seguía allí. Limpio. Profundo. Sincero. Sin gabinete de prensa.

Y entonces todos comprendieron el problema: no se había hundido una calle.

Se había hundido el relato.

«Los hombres sienten celos de cualquier mujer, incluso cuando no tienen el menor interés por ella.» (Jan Neruda nacido el 9 de julio de 1834 escribió esta frase breve y amarga muy de su estilo. Por cierto éste era checo así que no debe confundirse con el otro Neruda)

A Bonnie Tyler hoy se le apagó el sol para siempre y a much@s de nosotr@s nos dejó el corazón eclipsado.


Quan es va apagar el sol

Va estimar-lo quan encara hi havia llum, quan les ombres no sabien mentir. Després ell va marxar deixant les finestres obertes i totes les promeses tremolant al menjador. Ella no va plorar; només va esperar que el cel fes el que no s’atrevia a fer el seu pit.

Quan l’eclipsi ho va cobrir tot, va entendre que no era el sol qui s’havia apagat.

Era el cor, cansat de fer veure que encara clarejava.

miércoles, 8 de julio de 2026

 

SI HACES EL AMOR, NO HABLES


Después de hacer el amor, conviene no decir nada durante un rato. No por misterio, que la palabra misterio ha servido para esconder demasiadas tonterías, sino por simple higiene emocional. Hay momentos que no soportan bien el comentario posterior, como ciertos platos no toleran el microondas o algunas canciones mueren en cuanto alguien intenta explicarlas.

Después del sexo, el cuerpo queda hablando solo.

Habla la respiración, que aún no ha vuelto a su sitio. Habla la piel, un poco sudada, un poco vencida, un poco orgullosa de haber sobrevivido a su propia desvergüenza. Habla la sábana arrugada, la almohada en el suelo, el vaso de agua que nadie ha tenido la prudencia de acercar antes y que ahora parece situado en otro continente. Habla incluso ese silencio extraño que se instala en la habitación, un silencio con olor, con temperatura, con restos de boca.

Y claro, aparece entonces el peligro.

El peligro de querer ponerse profundo.

El peligro de levantar acta notarial del deseo.

El peligro de decir: “¿En qué piensas?”, justo cuando pensar es lo único que no debería exigirse a nadie con el cuerpo todavía regresando de donde ha estado. Porque hay preguntas que, formuladas a destiempo, deberían estar castigadas por el Código Penal de la intimidad. No con cárcel, que bastante cárcel tenemos ya con algunas conversaciones, sino con una multa simbólica y la obligación de guardar silencio durante diez minutos.

Cualquier intento de compensar con doctas disquisiciones sentimentales la sinceridad elemental de un gemido, de un jadeo, de un “así”, de un “más”, de un “no pares”, de un “ahora”, de un “fóllame” dicho sin literatura y con toda la verdad del mundo, suele estropear lo que acaba de suceder. No porque las palabras sobren siempre. Sobran en ese instante. Luego ya veremos. Luego podremos hablar del recibo de la luz, de la grieta del techo, de la próxima escapada, de si esto es amor, deseo, costumbre, incendio, refugio o una de esas mezclas peligrosas que la vida fabrica cuando se aburre de nuestras clasificaciones.

Pero justo después, no.

Justo después hay que dejar que el cuerpo recoja sus cosas.

No hablo, por supuesto, del que acaba y se desentiende. Ese no calla: huye. Y la huida no tiene nada de poético, salvo para quien la practica con la elegancia moral de un electrodoméstico defectuoso. Tampoco hablo de quien confunde el silencio con el abandono, ni de quien se da la vuelta como quien apaga una máquina después de usarla. Eso no es preservar la magia. Eso es tener menos sensibilidad que una mesita de noche.

Hablo de otra cosa.

Hablo de ese silencio que no desprecia, sino que guarda. De ese quedarse al lado sin tener que demostrar nada. De esa mano que busca otra mano sin convertir el gesto en discurso. De esa espalda ofrecida, no como frontera, sino como descanso. De ese sueño que llega a veces con la mansedumbre de los animales satisfechos, cuando ya no hay personaje, ni seductor, ni amante ingenioso, ni hembra, ni macho, ni teoría de género, ni tratado de afectos, ni gimnasia verbal para justificar lo que ha ocurrido.

Solo dos cuerpos.

Dos cuerpos que hace un momento se hablaban en un idioma antiguo y ahora no necesitan subtítulos.

Por eso, querida amante, pareja, cómplice, follante, singante o como demonios queramos llamarnos según el día, si después de hacer el amor me quedo callado, no me juzgues todavía. No llames a los servicios de emergencia sentimental. No convoques una comisión de investigación sobre mi conducta postcoital. No me preguntes si te quiero justo cuando mi cuerpo todavía te está contestando.

Mírame, si quieres.

Tócame, si te apetece.

Quédate.

O dame la espalda también, que hay espaldas que dicen más verdad que muchos discursos de madrugada.

Ya hablaremos después, cuando la piel haya vuelto a ser piel y no territorio recién conquistado. Cuando el deseo deje de temblar debajo de la sábana. Cuando la habitación recupere su aspecto civilizado y podamos fingir, con cierta dignidad, que somos personas razonables.

Entonces sí. Entonces dime lo que quieras. Pregúntame qué ha sido esto, qué somos, qué hacemos con esta manera nuestra de buscarnos. Incluso podré responderte alguna cosa medianamente inteligente, aunque tampoco lo prometo.

Pero justo después de hacer el amor, no hables.

No me obligues a traducir lo que acaba de decir el cuerpo.

Porque si ha sido verdad, ya lo ha dicho todo.

Y si no lo ha sido, ninguna palabra lo arreglará.

«Está compuesto por un extracto de la hoja de coca peruana, el vino más puro y la nuez de cola.» (John Stith Pemberton nacido el 8 de julio de 1831 para ser farmacéutico e inventar la fórmula de la “Coca-Cola”. Pemberton tiene algo de personaje trágico: creó una de las marcas más poderosas de la historia, pero no llegó a disfrutar su éxito. Vendió sus derechos poco antes de morir)

Y en julio de 1976 Elton John & Kiki Dee no nos rompieron el corazón si no que nos lo llenaron de alegría con la canción del vídeo.


El pacte del vidre

Es van prometre no trencar-se el cor una tarda de juliol, davant d’un aparador ple de copes fines. Ell en va comprar dues; ella va dir que eren massa fràgils per celebrar res.

Durant anys van brindar amb por, sense gosar tocar-se del tot.

Quan finalment es van separar, cap copa es va esquerdar. Només van quedar damunt la taula, intactes, transparents, inútils.

Aleshores van entendre que el cor no es trenca quan cau.

Es trenca quan ningú s’atreveix a deixar-lo caure.


martes, 7 de julio de 2026

 

SANTO Y SEÑA


El siete de julio algunos se visten de blanco para que la sangre destaque mejor.

Luego se atan un pañuelo rojo al cuello, no se sabe si por tradición, por estética o por ir avisando al toro de cómo acabará la mañana. Después corren delante del animal y llaman valor a tener cerca unos cuernos que no han elegido participar en la fiesta.

El toro tampoco ha firmado nada. No ha comprado entrada, no ha bebido, no ha cantado, no ha pedido salir en los telediarios. Lo sacan, lo marean, lo hieren y, cuando ya no puede con su miedo, con su cuerpo ni con la brutalidad ajena, aparece alguien muy elegante a rematar la obra.

Entonces aplauden.

Hay quien lo llama cultura.

Yo prefiero llamarlo por su nombre, pero todavía hay menores leyendo.

«Me gusta pensar que el hombre es la criatura más elevada del universo; que la Tierra es el planeta más importante; y que yo… bueno… al menos soy significativo.» (Thomas Joseph Bassler nacido el 7 de julio de 1932 su ironía se define solo con la frase que nos ilustra. Se dedicó a la ciencia-ficción es decir, a la realidad pura y dura)

Ringo Starr cumple hoy 86 años y cada año, espero, estar aquí para girar la llave y que entre.


La clau que no girava

El pare li va deixar una clau rovellada i una nota: «Obre quan estiguis preparat». Durant anys va provar totes les portes de la casa, fins i tot les que ja no duien enlloc. Cap no cedia. El dia que va deixar de buscar tresors i va començar a reparar frontisses, finestres i silencis, la clau va girar sola al pany del rebost. A dins no hi havia or, només una cadira, dues tasses i una pau petita, cansada d’esperar-lo.


lunes, 6 de julio de 2026

 SUBCONTRATA


El bosque ardió por una chispa.

La chispa salió de una radial en manos de un hombre que trabajaba al borde de la carretera, junto a los matorrales secos, bajo el sol de julio.

El hombre pertenecía a una empresa subcontratada por otra empresa contratada por la Generalitat.

Una muñeca rusa de la irresponsabilidad.

Cuando preguntaron quién tenía la culpa, todos señalaron hacia abajo.

El operario dijo que cumplía órdenes.

El encargado dijo que había plazos.

La empresa dijo que el contrato apretaba.

La administración dijo que se abriría una investigación.

Detrás de ellos, las Gavarres seguían ardiendo con una claridad insoportable.

Al día siguiente, el comunicado fue impecable.

No quedaban árboles, pero sí protocolo.

«Nosotros, los mortales, apenas nos encontramos antes de separarnos: ¿viviremos sin amor hasta que el destino nos llame?» (Si la vida es breve y la separación segura, el desamor es casi una torpeza. Eso es lo que pensaba y escribía Verner von Heidenstam nacido el 6 de julio de 1859 para ser premio nobel de literatura en 1916)

Jet Harris hubiese cumplido hoy 87 años, pero su "sombra" se apagó -si es que las sombras se apagan- a los 72. Sin él las canciones de The Shadows no sonarían igual.


Les ombres dels genets

La guitarra va començar a sonar quan el poble ja dormia.

No hi havia veus, ni crits, ni pregàries; només aquell fil elèctric travessant la nit com una advertència antiga. El noi va sortir al porxo i veié cavalls sense potes cavalcant damunt dels sembrats.

El seu pare, mort feia anys, anava l’últim.

No el mirava. No calia.

L’endemà, el noi va vendre la moto, va tornar els diners robats i mai més va riure’s dels vells que deien haver vist ombres al cel.



domingo, 5 de julio de 2026

 

DESPUÉS DE LA ÚLTIMA CANCIÓN


Puso el vinilo que ella odiaba.

La aguja cayó con un chasquido y, durante unos segundos, solo hubo polvo sonando contra el tiempo.

Él se sentó en el suelo. La casa estaba vacía desde hacía tres meses, pero aún quedaba un rectángulo más claro donde estuvo el sofá y dos marcas en la pared que ningún pintor habría sabido borrar.

Cuando empezó la canción, cerró los ojos.

No la echó de menos a ella.

Echó de menos al hombre que era cuando ella aún estaba.

La aguja llegó al final.

Y siguió girando.

Él también.

«Donde hay perfecta libertad de examen, existe la mayor probabilidad posible de que la verdad sea finalmente alcanzada.» (La frase es de Samuel Bailey nacido el 5 de julio de 1791 para ser filósofo y escritor; no me consta que a pesar de ser británico tuviera nada que ver con aquella bebida que tanto gustaba -o gusta- a la señoras)

Michael Monarch cumple hoy 76 años y, junto a su banda Steppenwolf algo así como el lobo estepario, sigue tocando la guitarra. No hay nada como seguir el camino que te has trazado.



La carretera no perdona

Quan el metge li va dir que caminés mitja hora al dia, l’Arnau va somriure com si li haguessin tornat les claus del món. Va treure la moto del garatge, coberta de pols i excuses, i va arrencar abans que la prudència el trobés.

A la primera corba li van cruixir els ossos.

A la segona, els anys.

A la tercera, ja no era un jubilat fugint de casa: era un llop vell ensumant, per fi, l’aire.