CULOS
PRIETOS EN TIEMPOS DE CRISIS
Dicen que ahorrar es una
virtud. Lo repiten los gobiernos, los bancos, los tertulianos y hasta ese
cuñado que no distingue una crisis de una costumbre, pero siempre recomienda
apretarse el cinturón… ajeno, a ser posible. En Pekín han decidido tomárselo en
serio y llevar la pedagogía del ahorro hasta el último pliegue de la intimidad
humana.
En algunos lavabos públicos
han instalado dispensadores de papel higiénico que entregan sesenta centímetros
exactos por usuario. Sesenta. Ni uno más. La generosidad, como casi todo en
este mundo, también se administra con algoritmo. El aparato no solo dispensa
papel: te escanea la cara. Te mira. Te reconoce. Te ficha. Y si descubre que
vuelves a por una segunda ayuda porque la biología se ha puesto pesada, te
castiga con nueve minutos de espera.
Nueve minutos.
Es fácil pronunciarlo desde
una oficina, con la tripa en paz y el culo en diferido. Pero nueve minutos,
según qué retortijón, no son tiempo: son una humillación. Una prueba de fe. Un
máster acelerado en dignidad bajo mínimos.
Eso sí, el sistema, que además
de tacaño quiere parecer compasivo, contempla emergencias. Si la urgencia
intestinal adquiere proporciones bíblicas, el afectado puede dirigirse al
personal y solicitar más papel. Hay algo conmovedor en esa escena: un ser humano,
vencido por sus tripas, negociando con otro ser humano la ampliación
extraordinaria de su cupo de limpieza.
La modernidad prometía coches
voladores, ciudades inteligentes y un porvenir luminoso. Y aquí estamos:
dejando que una máquina decida cuánta decencia necesita nuestro culo para salir
del trámite con algo parecido al honor.
«La vida no basta; hace falta sol, libertad y una pequeña flor.» (Y yo añadiría: i que per l’Ampurdà faci una mica menys de vent. Hans Christian Andersen nacido el 2 de abril de 1815 es el autor de la frase. Fue un cuentista de los buenos. No hay niñ@, ni padre-madre, ni abuel@ que no lo haya leído alguna vez. Confieso que estos días me estoy re-leyendo aquél del “emperador no lleva nada”. Me recuerda tanto a P. D. Trump y tant@s otr@s)
Emmylou Harrys cumple hoy 79 años y sigue cantando aunque muchas de sus canciones no sean suyas "¡Es la vida!" como diría aquella y Chuck Berry.
Vaixella bona
Van guardar la vaixella bona
durant trenta anys, com si la felicitat hagués d’arribar amb invitació i
estovalles planxades. Quan ell va començar a oblidar els noms de les coses,
ella va treure els plats de l’armari i hi va servir una truita massa feta, vi
barat i dues olives pansides.
—Avui què celebrem? —va
preguntar ell.
Ella va somriure amb aquella
valentia domèstica dels qui ja han perdut alguna guerra.
—Res. Justament per això.
I van sopar com si la vida,
per fi, hagués decidit seure amb ells.




