EL
TURNO DE LLAMAR A MAMÁ
La idea fue de Carlos, el mayor, que
para eso era economista y llevaba toda la vida intentando ordenar a la familia
como si fuese una empresa con pérdidas.
Creó una hoja de cálculo titulada Llamar
a mamá. Cuatro columnas, una para cada hermano; siete filas, una por cada
día de la semana. A Laura le correspondían los lunes y jueves. A Carlos, los
martes. A Elena, miércoles y sábados. A mí me dejaron los viernes y domingos
porque, según ellos, yo tenía más tiempo.
Mamá no sabía nada.
Ella se limitaba a esperar junto al
teléfono, con esa paciencia antigua de las madres que no quieren molestar.
Cuando alguno llamaba, decía siempre lo mismo:
—No hacía falta, hijo. Si estoy bien.
A veces nadie cumplía su turno. Carlos
tenía una reunión. Laura estaba recogiendo a los niños. Elena se había quedado
sin batería. Yo pensaba llamarla después de cenar y, cuando me acordaba, ya era
demasiado tarde.
Pero todos marcábamos la casilla.
Un clic bastaba para convertir el olvido
en deber cumplido. La celda se ponía verde y la conciencia quedaba
razonablemente limpia.
Mamá murió un martes.
Los cuatro llegamos al hospital casi al
mismo tiempo, aunque ninguno supo explicar por qué, para llegar hasta ella, no
habíamos necesitado nunca una hoja de cálculo.
Durante unos días nadie abrió el
archivo.
Hasta que el domingo, a las seis de la
tarde, el programa envió el recordatorio automático:
Hoy te toca llamar a mamá.
Ninguno se atrevió a desactivarlo.
A las seis y cinco llamó Carlos. Después
Laura. Luego Elena. Yo fui el último.
Los cuatro marcamos el mismo número.
En la casa vacía, el teléfono sonó
durante mucho tiempo.
Fue la primera vez que cumplimos todos.
«La política de partido se reduce a
expedientes en los que las conveniencias del partido prevalecen sobre los
intereses del país.» (Étienne Vacherot nacido el 29 de julio de 1809 ya predijo como estaríamos 217 años
después de su Nacimiento. Hasta creo que pasarán otros 217 años más y
continuaremos igual)
Neal Doughty cumple hoy 80 años siendo el teclista de la banda REO Speedwagon y luchando con el pensamiento de jubilarse algún día.
La rendició
Durant
anys va anomenar amistat a tot allò que sentia per ella.
Amistat
quan li guardava la cadira. Amistat quan recordava com prenia el cafè. Amistat
quan imaginava besar-la i després s’avergonyia davant del mirall.
Una
nit, ella li va preguntar:
—Fins
quan continuaràs fugint?
Ell
va buscar una excusa, però totes havien envellit.
Aleshores
va comprendre que alguns sentiments no volen ser vençuts, sinó reconeguts.
La
va besar.
I,
per primera vegada, perdre una batalla li va semblar una victòria.




