LA GRAMÁTICA DEL “DEBIMOS”

Me aprendí de memoria la lista de lo que debimos. La recité como si fuera un salmo de urgencia: quedarnos, viajar sin salir de la cama, deshacer almohadas, morder el mundo con risa. Pero el cuerpo, que es más sincero que la gramática, me devolvió lo único cierto: el colchón frío donde antes había piel.
Volví a escribirte. Borré. Volví. Borré. Mi pulgar olía a tinta y a derrota.
Al final entendí: no fue que no supiera quererte. Fue que te quise como quien aprieta un salvavidas… hasta hundirlo.
Abrí la ventana. Entró la ciudad con su ruido de lunes. Y por primera vez no dije “debimos”.
Dije “ya no”. Y, aun así, me temblaron los dientes como si todavía te estuviera llamando.
«La política es el teatro de la distracción: te venden el decorado y te roban la casa.» (William Burroughs nacido el 5 de febrero de 1914 fue un escritor estadounidense que no se dedicó ni al teatro ni a la política, pero tenía casa)
Adele le pone voz a esos espacios vacíos que no callan, que son tozudamente silenciosos. Alguien como tú podría llenarlos.
La cadira buida no sap callar
Vaig entrar al bar com qui entra a un record: fent veure que no. A la barra, la teva absència tenia la meva mida. El cambrer va dir “el de sempre?” i jo vaig assentir, perquè els hàbits són una manera fina de suplicar. A fora plovia amb aquella insistència que tenen les coses que no tornaran. Va sonar una cançó i, sense voler, em vaig trobar somrient com una mentida ben escrita. Em vaig prometre no buscar-te… i vaig sortir mirant cada cara.
