LA REVUELTA DEL SOFÁ

Ayer
por la noche me senté delante del televisor dispuesto a pasar un rato
entretenido viendo La Revuelta. Después de un día soportando noticias
políticas, discusiones parlamentarias y las habituales declaraciones de unos
contra otros, necesitaba reírme un poco.
Y
apareció Pedro Sánchez.
Por
un momento pensé que me había equivocado de canal. Pero no. Allí estaba David
Broncano, con su habitual aspecto de haber llegado al trabajo sin saber muy
bien qué tenía que hacer, recibiendo al presidente del Gobierno de Espanya.
¡Coño!
¡Hasta aquí hemos llegado!
Reconozco
que me sorprendió. Aunque, pensándolo bien, tiene su lógica. Si la política
española se parece cada vez más a un espectáculo de variedades, ¿por qué no
llevar a sus protagonistas a un programa de entretenimiento?
Lo
curioso es que, por una vez, se habló de asuntos serios entre bromas. La
vivienda, la corrupción, Ceuta, los problemas judiciales de su familia...
Broncano hizo preguntas que algunos políticos preferirían no escuchar ni en
confesión. Y Sánchez respondió. Otra cosa es que sus respuestas convencieran a
quienes lo estaban viendo.
Pero
llegó el momento culminante. Las preguntas clásicas del programa: dinero y
sexo.
¡Por
fin!
Después
de tantos años de democracia, de debates parlamentarios, mociones de censura y
comisiones de investigación, alguien se atrevía a preguntar al presidente por
su actividad sexual.
Sánchez
aseguró mantener una vida sexual activa y sana.
Me
alegro por él. Sinceramente. Aunque se me ocurrió que habría sido interesante
preguntarle si los jóvenes españoles, obligados a compartir piso hasta edades
en las que sus padres ya tenían tres hijos, disponen de las mismas facilidades
para practicar tan saludable actividad.
Pero
lo que verdaderamente me hizo pensar fue otra cosa.
Aquella
entrevista se estaba emitiendo en una televisión pública. Una televisión que
pagamos todos, incluidos quienes consideran a Pedro Sánchez el mejor presidente
de nuestra democracia y quienes preferirían verlo en cualquier otro lugar,
especialmente lejos de la Moncloa.
¿Debe
un presidente acudir a un programa de humor? Por supuesto. ¿Puede hacerlo
cuando faltan pocas semanas para unas elecciones generales? También. Lo que me
pregunto es si un sofá puede convertirse, dependiendo de quién lo ocupe, en una
tribuna electoral extraordinariamente confortable.
Es
cierto que Broncano ha invitado a los principales candidatos. Y eso me parece
razonable. Ahora habrá que comprobar si todos tienen la misma oportunidad de
explicar sus propuestas y, sobre todo, de responder a las preguntas incómodas.
Porque
tengo la impresión de que nuestros políticos han descubierto algo que los
publicistas conocen desde hace décadas: cuando el público se ríe contigo,
resulta bastante más difícil que se enfade contigo.
Y
ayer se rieron muchos. Más de cuatro millones de espectadores de media, según
las audiencias. Una cifra que cualquier candidato firmaría encantado, aunque
conviene recordar que los espectadores no depositan su voto en el mando a
distancia.
No
sé si aquella noche ganó Pedro Sánchez, David Broncano o Televisión Española.
Tampoco me preocupa especialmente resolver ese concurso.
Me
preocupa más que estemos acostumbrándonos a conocer la personalidad de quienes
nos gobiernan mejor que las consecuencias de sus decisiones.
Al
terminar el programa apagué el televisor.
Me
quedé pensando en una pregunta que me habría gustado escuchar:
—Señor
Sánchez, ¿ha venido usted como presidente del Gobierno o como candidato a
seguir siéndolo?
Aunque,
bien pensado, tampoco hacía falta preguntárselo.
Para
eso todavía no han inventado dos sofás distintos.
«La ignorancia además suele ser mentirosa, invencionera, farisaica, sectaria, fraudulenta, fanática y perversa, y más cuando su depositario cree que sabe». (José María Castillo Farreras nacido el 23 de octubre de 1930 adjetivó la ignorancia de todas las maneras posibles; por estos lares no somos tan precis@s y si algo perezos@s, solemos decir: “la ignorancia es muy atrevida”)
La canción If You Leave Me Now (Si me dejas ahora) alcanzó el número uno en los EEUU un 23 de octubre de 1976. Medio siglo nos contempla... a algun@s.
Les
ulleres
—Si
te'n vas ara, em mates —va dir ell.
Ella
va deixar les claus sobre el marbre de la cuina.
—Això
també m'ho vas dir quan vaig voler estudiar.
Ell
va abaixar els ulls. A la nevera encara hi havia l'horari dels seus
medicaments, escrit amb la lletra d'ella.
—No
sabré viure sol.
Durant
un instant, ella va sentir la necessitat d'abraçar-lo. Encara l'estimava.
Potser aquest era el problema.
Va
sortir sense acomiadar-se.
Al
replà va recordar que s'havia deixat les ulleres.
Va
estar una bona estona mirant la porta.
Després
va baixar les escales.



