lunes, 12 de octubre de 2026

 

CUANDO SE ACABA LA NOVEDAD


Hay un momento terrible en casi todas las relaciones: cuando empiezas a saber lo que va a decir la otra persona antes de que abra la boca.

No hace falta llevar treinta años casados. A veces basta con seis meses y dos fines de semana en un apartamento pequeño.

—Ya sabía que ibas a decir eso.

Esa frase debería figurar entre las principales causas de defunción del amor. Junto al «tenemos que hablar», naturalmente, que pertenece ya a la categoría de enfermedades terminales.

Al principio todo resulta extraordinario. La forma en que se ríe. Cómo se recoge el pelo. Sus manías. Incluso te parece adorable que deje los zapatos tirados en mitad del pasillo.

—Es tan despistada…

Tres años después tropiezas con los mismos zapatos y piensas seriamente en el Código Penal.

No ha cambiado ella.

Han cambiado los zapatos.

O, mejor dicho, has cambiado tú.

Porque el amor tiene una primera etapa en la que confundimos descubrimiento con profundidad. Nos fascina conocer cada centímetro de una persona. Su cuerpo, sus historias, sus heridas, sus secretos. Preguntamos durante horas.

—¿Y tú qué hacías de pequeña?

A los diez años de convivencia ya conocemos hasta la respuesta.

Y quizá ahí comienza el problema.

Creemos que amar consiste en descubrir permanentemente algo nuevo.

Como si nuestra pareja tuviera la obligación contractual de sorprendernos todos los martes.

Pero llega un día en que ya sabemos cómo besa, cómo duerme, cómo hace el amor, cómo discute y hasta qué cara pondrá cuando le digamos que hemos vuelto a olvidarnos de comprar papel higiénico.

La pasión pierde entonces parte del misterio.

Y algunos empiezan a mirar hacia fuera.

Porque fuera todo es nuevo.

Una mirada distinta.

Una conversación que todavía no sabemos cómo terminará.

Un cuerpo cuyo mapa ignoramos.

Una persona que aún no ha tenido tiempo de decepcionarnos.

Eso resulta excitante.

Por supuesto.

El problema es que confundimos excitación con felicidad.

Y volvemos a empezar.

Otra persona.

Otras cenas.

Otros mensajes a medianoche.

Otro primer beso.

Otra vez contar nuestra infancia.

Otra vez explicar nuestros sueños.

Otra vez escuchar historias que todavía nos parecen fascinantes porque no las hemos oído cuarenta veces.

Hasta que un día esa nueva persona deja también los zapatos en mitad del pasillo.

Y entonces volvemos a preguntarnos dónde se ha metido el amor.

Quizá en ninguna parte.

Quizá sigue allí.

Debajo de todo.

Solo que ya no lleva maquillaje.

Porque la verdadera intimidad empieza precisamente cuando desaparece la novedad. Cuando dos personas ya conocen sus defectos, sus cuerpos cansados, sus pequeñas mezquindades, sus ronquidos, sus silencios y esas zonas oscuras que procuramos ocultar durante los primeros meses.

Ahí empieza algo mucho menos espectacular.

Pero quizá bastante más difícil.

Quedarse.

No por obligación.

No por miedo.

Ni siquiera por costumbre.

Quedarse porque un día miras a esa persona que lleva veinte años diciéndote las mismas cosas y descubres algo inesperado.

Que tú también llevas veinte años repitiendo las tuyas.

Y entonces comprendes que quizá la monotonía del amor no estaba en ella.

Estaba en ti.

Y que cambiar de amante puede ser relativamente fácil.

Lo verdaderamente complicado es convertirse uno mismo en alguien nuevo.

«Un imprevisto es la única esperanza» (Eugenio Montale nacido el 12 de octubre de 1896 para ser premio nobel de literatura en 1975 por cuestionar, en una sola frase, nuestra necesidad de controlarlo todo)

Toca felicitar por su 70 aniversario a David Vanian cantante de estilo gótico -como se parecia en el vídeo- que hace una versión apañadita de Eloise; el grupo se llama The Damned.


El soroll que feies

Cada nit, l'Eloïsa m'insultava des de l'altaveu del menjador. Era una gravació de la nostra última discussió.

Els veïns protestaven. El meu fill insistia que necessitava ajuda.

Ahir vaig esborrar-la.

Vaig sopar en silenci, mirant el seu costat buit del sofà. Ja no recordava com pronunciava el meu nom quan encara m'estimava.

Aquest matí he trucat a una empresa de recuperació de dades.

—Podem recuperar-ho tot. També els insults.

—Tot —he contestat.

Després he rentat els plats. Dos cops.

A l'Eloïsa mai li semblaven prou nets.


domingo, 11 de octubre de 2026

 

ESCRIBO POR INTERÉS

Tengo la teoría, seguramente poco romántica, de que existen dos grandes motores que nos mueven por la vida: el interés y el dinero.

Y antes de que alguien me acuse de materialista, aclaro que cuando hablo de «interés» me refiero a un inmenso cajón de sastre donde caben el amor, la amistad, la curiosidad, las inquietudes profesionales, las pasiones y hasta esas ganas, tan humanas, de que alguien nos preste un poco de atención. El dinero, por su parte, no necesita demasiadas explicaciones. Se explica solo y, por lo general, bastante bien.

Lo ideal sería que ambos motores funcionasen al mismo tiempo, aunque no siempre tenemos esa suerte. Unas veces hacemos las cosas porque nos gustan; otras, porque nos pagan. Y, cuando coinciden ambas circunstancias, podemos considerarnos unos privilegiados.

Lo que tengo bastante claro es que, cuando no existe ninguno de esos dos estímulos, cuesta encontrar motivos para moverse. Salvo que nos empujen, naturalmente.

Viene todo esto a cuento de una frase que acabo de leer de Gustave Flaubert, uno de esos escritores a los que se supone que hay que dar la razón por el simple hecho de llevar más de un siglo muertos y figurar en todas las historias de la literatura.

Decía el insigne francés:

«Escribo por el solo placer de escribir, para mí solo, sin ninguna finalidad de dinero o publicidad. En mi pobre vida, tan vulgar y tranquila, las frases son aventuras y no recojo otras flores que las metáforas».

Pues mire usted, monsieur Flaubert, permítame que discrepe.

No dudo de que escribir le produjese un placer inmenso. A mí también me ocurre, aunque reconozco que algunas veces las palabras se resisten tanto que termino preguntándome si no sería más provechoso dedicarme a la jardinería. Tampoco pongo en duda que no persiguiese el dinero. Hasta ahí, de acuerdo.

Pero eso de escribir «para mí solo» ya me cuesta bastante más digerirlo.

Porque una cosa es escribir para uno mismo y otra muy distinta querer que lo escrito permanezca exclusivamente para uno. Hay quien llena cuadernos que jamás enseña a nadie. Lo comprendo. Pero cuando uno decide publicar sus pensamientos, sus historias o sus desvaríos, sospecho que está reconociendo algo que, por pudor o por coquetería intelectual, le cuesta confesar: que desea ser leído.

Y no hay nada de malo en ello.

Es más, me atrevería a decir que detrás de muchas vocaciones literarias se esconde una pequeña vanidad. La de imaginar que nuestras palabras pueden interesar a alguien. Que una desconocida sonría al leer una frase nuestra, que otro lector se enfade con lo que hemos escrito o que alguien, en algún lugar, se detenga un momento a pensar.

¿Acaso eso no es interés?

Por supuesto que se puede escribir sin esperar dinero, fama ni reconocimiento. Pero me cuesta creer que quien ofrece sus palabras a los demás sea absolutamente indiferente a lo que ocurra con ellas.

Y ahí es donde la declaración de Flaubert me parece un tanto contradictoria. Si escribía únicamente para sí mismo, ¿cómo es que, tantos años después, yo estoy leyendo sus palabras y, para mayor atrevimiento, discutiéndolas públicamente?

Quizá el bueno de Gustave fuese mucho más modesto que yo. O quizá disfrutase cultivando esa imagen del escritor puro, ajeno a las miserias mundanas y entregado al noble ejercicio de perseguir metáforas.

En cualquier caso, voy a confesaros algo.

Yo escribo porque me gusta. Porque me divierte, porque a veces necesito ordenar mis pensamientos y porque hay cosas que, si no las escribo, se me quedan dando vueltas por la cabeza.

Pero también escribo para que me leáis. Y, puestos a ser sinceros, prefiero que os guste lo que escribo, aunque tampoco me disgustaría que alguna vez me llevaseis la contraria.

Dinero, desde luego, no gano un céntimo.

Así que, si habéis llegado hasta esta última línea, ya sabéis cuál es mi interés.

Y, de paso, acabáis de pagarme.

«Mi justicia es la justicia de la libertad, la justicia de la democracia; en resumen, la justicia de la tolerancia» (Hans Kelsen situó en su lugar a la Justicia aunque no lo hayamos sabido aplicar. Para él era fácil: filósofo nacido el 11 de octubre de 1881)

Hoy me venía como vinilo a la reflexión "Paperback Writer" de The Beatles. Trata de un escritor dispuesto a modificar su novela para conseguir que se la publiquen. Una sátira a quien presume de escribir por vocación, aunque aceptaría cambiar el final, el protagonista y hasta sus principios por un buen contrato editorial

Escric per interès

Escric per interès. Al principi, pels diners. L'editor em va proposar publicar la novel·la si jo n'assumia les despeses. Vaig descobrir que el meu talent era sobretot financer.

Després vaig escriure per venjança. La meva exdona va comprar tots els exemplars perquè ningú els llegís. Va ser el meu únic èxit de vendes.

Ara escric per amor. Cada nit invento una conversa amb ella, que va morir fa tres anys.

De vegades em corregeix alguna paraula.

Continua sent tan tossuda com sempre.

Ahir em va fer esborrar «exdona».

sábado, 10 de octubre de 2026


EL POLÍTICO QUE OLVIDÓ PARA QUÉ SERVÍA

La mañana del martes, el ministro se despertó con una extraña sensación. Recordaba perfectamente su nombre, el partido al que pertenecía, el sueldo que cobraba y hasta el número de la matrícula de su coche oficial. Sin embargo, había olvidado algo fundamental.

No sabía para qué servía.

Preocupado, llamó a su jefe de gabinete.

—Oye, una pregunta. ¿Para qué estoy yo aquí?

—Para gobernar, ministro.

—Ya. ¿Y para qué gobernamos?

Su jefe lo miró desconcertado. Llevaba quince años trabajando con él y nunca le había hecho una pregunta tan incómoda.

—Para ganar las próximas elecciones, naturalmente.

—¿Y cuando ganemos?

—Pues para preparar las siguientes.

Aquello le pareció razonable, aunque no acababa de convencerlo.

Decidió investigar. Abrió los cajones de su despacho y encontró encuestas, informes sobre intención de voto, fotografías estrechando manos, discursos que nunca había escrito y una carpeta titulada «Estrategias para mantenerse en el poder».

En el fondo del último cajón apareció un folleto amarillento de su primera campaña electoral. En él se veía a un joven sonriente, con bastante más pelo y un traje que le quedaba grande. Debajo, en letras enormes, podía leerse:

«HE VENIDO PARA SERVIR A LOS CIUDADANOS».

Aquello le produjo una conmoción.

¡Claro! ¡Eso era!

Se levantó entusiasmado y anunció que quería salir a la calle, hablar con los vecinos, conocer sus problemas y ponerse a trabajar para resolverlos.

Su jefe de gabinete palideció.

—Ministro, ¿se encuentra usted bien?

—¡Mejor que nunca! ¡Por fin recuerdo para qué me eligieron!

A media mañana estaba sentado en un banco, escuchando a una mujer que llevaba seis meses esperando una intervención quirúrgica. Después habló con un joven que trabajaba y dormía en su coche porque no podía pagar un alquiler. Tomó notas, pidió expedientes, llamó a varios responsables administrativos y exigió soluciones.

Al día siguiente, la dirección del partido convocó una reunión extraordinaria.

El diagnóstico fue unánime: el ministro estaba sufriendo un preocupante trastorno de personalidad.

Lo destituyeron por pérdida de confianza.

Y aquella misma tarde, mientras recogía sus pertenencias, recibió la visita de su sucesor.

—Dime una cosa —le preguntó el recién nombrado ministro—. ¿Qué debo hacer para desempeñar correctamente el cargo?

El destituido lo miró un instante.

—Procura no recordar nunca para qué estás aquí.

«Lo difícil es lo que lleva un poco de tiempo; lo imposible es lo que lleva un poco más». (Esta es una de las frases más parafraseadas de la historia. El original es de Fridtjof Nansen nacido el 10 de octubre de 1861 para ser explorador y político y, a pesar de esto último, premio nobel de la paz en 1922)

Gabriella Cilmi cumple hoy 35 años y debutó con la canción del vídeo  hace 18 años. Haced cuentas. 

LA MEL

La meva mare em va advertir que als homes els agradaven les dones dolces. Per això vaig aprendre a somriure amb les dents premudes.

El meu marit em deia «caramelet» quan volia que callés. Jo callava.

Ahir em va presentar la seva amant.

—Espero que siguem civilitzats —va dir.

Li vaig oferir te. A ella, amb mel. A ell, sense res.

—Ja no em poses sucre?

—Te'n posarà ella.

La noia va deixar la tassa damunt la taula.

—A mi també m'agrada el te amarg —va dir.

Vam riure totes dues.

Ell no.


viernes, 9 de octubre de 2026

 

FRENTE AMPLIO, AMPLIA… Y VACÍO

He leído que las izquierdas situadas a la izquierda del PSOE han decidido unirse. Otra vez.

Lo cual me parece una excelente noticia, porque a este paso, si continuaban dividiéndose, cada militante acabaría teniendo su propio partido, con derecho a secretario general, portavoz parlamentario y una subvención para gastos de representación.

El nuevo invento se llama Frente Amplio.

Reconozco que el nombre me ha desconcertado. Primero, porque eso de los «frentes» siempre me ha parecido algo militar, poco apropiado para organizaciones tan pacifistas. Y segundo, porque, tratándose de partidos tan comprometidos con el lenguaje inclusivo, encuentro una flagrante discriminación en el nombre escogido.

¿Frente Amplio? ¿Y las amplias, qué?

Me imagino que alguien, con toda la buena intención del mundo y de la munda, propondrá corregir semejante atropello lingüístico y rebautizar la coalición como Frente Amplio y Amplia.

Mucho mejor. Dónde va a parar.

Aunque, pensándolo bien, tampoco me parece una denominación suficientemente inclusiva. Porque ¿qué hacemos con quienes no se consideran ni amplios ni amplias? ¿Los dejamos fuera? ¿Les creamos una comisión de acogida? ¿Convocamos unas primarias para decidir qué anchura ideológica debe tener cada participante?

Pero hay algo que me preocupa especialmente.

Si el Frente es amplio, entiendo que sus integrantes deberán ser personas de mente abierta. Parece razonable. Y, por exclusión, todas aquellas de mente estrecha quedarán fuera del proyecto.

Aquí empieza el problema.

Porque conozco a unos cuantos políticos que tienen una extraordinaria amplitud de miras cuando se trata de aceptar las ideas de los demás, siempre que esas ideas coincidan exactamente con las suyas.

De hecho, me imagino la primera reunión constituyente.

—Compañeros, compañeras, tenemos que unirnos.

—¡Completamente de acuerdo!

—Debemos aparcar nuestras diferencias.

—¡Por supuesto!

—Y elegir a una persona que encabece el proyecto.

Silencio.

—Naturalmente, mediante primarias —dice uno.

—Ni hablar. Eso dividiría a las bases —contesta otra.

—Pues propongo una dirección colegiada.

—¡Eso es una barbaridad! ¡Hay que respetar la pluralidad!

Y así, después de seis horas de debate sobre la unidad, tres recesos para consensuar el orden del día y una votación para determinar si las votaciones deben hacerse a mano alzada o levantada, cada formación abandona la sala convencida de que las demás carecen de voluntad integradora.

Lo curioso de estas cosas es que todos quieren sumar, pero nadie quiere que el resultado de la suma sea mayor que él mismo.

Y yo, que soy un ignorante en materia de geometría política, me pregunto qué sentido tiene crear un frente tan amplio si luego resulta que cada uno quiere ocupar toda su anchura.

Aunque quizá estoy siendo injusto.

A lo mejor consiguen ponerse de acuerdo. Podrían empezar por una declaración de principios que dijera algo así como: «En este espacio cabemos todos, todas y todes, siempre que pensemos lo mismo, votemos lo mismo y aceptemos que quien manda soy yo».

Una magnífica demostración de pluralismo.

En cualquier caso, les deseo suerte. Mucha. Porque si empiezan excluyendo a los de mente estrecha y después continúan expulsando a quienes no compartan su particular concepto de amplitud, me temo que acabarán consiguiendo algo verdaderamente histórico.

El primer Frente Amplio y Amplia en el que no quepa nadie.

Aunque, bien mirado, eso también tendría sus ventajas.

Por primera vez en la historia de la izquierda española, todos los miembros de una coalición estarían de acuerdo.

Porque no habría ninguno.

Y, además, sobrarían sillas.

«Imagina a toda la gente viviendo en paz». (John Lennon como no podía ser de otra manera. Hoy hubiese cumplido 86 años)


El dret de marxar

El pare va passar tota la tarda esborrant les fronteres d'un atles mentre escoltava Imagine.

—Veus? Un món sense països, sense propietats, sense guerres.

La mare, que feia trenta anys que li planxava les camises, va deixar una maleta al passadís.

—Doncs jo me'n vaig.

Ell va apagar la música.

—On?

—Encara no ho sé.

—Amb qui?

—Tampoc.

El pare va agafar el llapis i va tornar a dibuixar les fronteres.

L'endemà, la mare havia desaparegut.

Sobre la taula, l'atles continuava obert.

Algú havia esborrat també els camins de tornada.


jueves, 8 de octubre de 2026

 

RODALIES RESIDENCIAL

He de reconocerlo: estaba equivocado.

Durante años he pensado que Rodalies funcionaba mal. Que los retrasos, las averías, los trenes detenidos en mitad de ninguna parte y esos paneles que anuncian «demora de duración indeterminada» eran consecuencia de una gestión manifiestamente mejorable.

Qué ingenuo.

Resulta que era un plan.

El Govern de Salvador Illa acaba de encontrar la solución a uno de los mayores problemas de Catalunya: la vivienda.

Rodalies.

Piénsenlo.

Tenemos miles de ciudadanos que no pueden permitirse alquilar un piso y, al mismo tiempo, miles de ciudadanos que pasan buena parte de su vida dentro de un tren.

Solo había que unir ambos problemas.

A partir de ahora algunos vagones serán reconvertidos en apartamentos ferroviarios de protección oficial. Se retirarán varios asientos, se instalarán literas y, por un pequeño suplemento en el abono mensual, usted podrá disponer de cama durante los retrasos superiores a sesenta minutos.

Que serán bastantes.

Naturalmente habrá distintas categorías.

La R1 contará con cama individual y vistas al Maresme, siempre que el tren no quede detenido dentro de un túnel.

La R2 ofrecerá habitaciones compartidas.

Y en la R3, teniendo en cuenta la duración media de algunos trayectos, directamente empadronarán a los pasajeros.

Incluso se estudia que determinados convoyes dispongan de cocina comunitaria, ducha y una pequeña sala de estar.

Lo de la ducha está pendiente.

Primero quieren conseguir que llegue agua.

El sistema tiene enormes ventajas.

Imaginen que usted vive en Manresa y trabaja en Barcelona. Antes salía de casa a las seis de la mañana preocupado por llegar a las ocho.

Ahora no.

Sale la noche anterior.

Se pone el pijama en el andén, sube al tren, cena un bocadillo, despliega la litera y pregunta al revisor:

—¿A qué hora llegaremos?

—No lo sabemos.

Perfecto.

Buenas noches.

A las siete y media de la mañana el revisor le despierta suavemente.

—Caballero, levántese, que tiene que ir a trabajar.

—¿Estamos en Barcelona?

—No. Seguimos en Molins de Rei.

Pero usted se ha pegado siete horas de sueño.

Eso es calidad de vida.

Puede llegar tarde al trabajo, sí. Puede llegar desesperado. Puede incluso llegar con ganas de asesinar a alguien.

Pero descansado.

Y eso mejora mucho la productividad.

El proyecto podría llamarse Rodalies Habitat, que en inglés siempre parece más moderno y, sobre todo, más caro.

Además solucionaría de golpe las estadísticas de acceso a la vivienda. Cuando Eurostat preguntase cuántos catalanes disponen de alojamiento, la Generalitat podría contestar orgullosamente:

—Prácticamente todos.

—¿Han construido viviendas?

—No exactamente.

—¿Entonces?

—Hemos puesto colchones en los trenes.

También se acabará el problema de los jóvenes que no pueden emanciparse.

—Papá, mamá, me voy de casa.

—¿Has encontrado piso?

—Me han dado plaza en la R4.

Emocionante.

Los padres acompañarán al hijo hasta Sants con las maletas, las sábanas y una planta pequeña para que decore el compartimento.

—Llámame cuando llegues.

—Mamá, es Rodalies.

—Ah, vale. Entonces ya nos veremos el domingo.

Incluso podría aparecer un nuevo mercado inmobiliario.

«Se alquila litera exterior en convoy seminuevo. Bien comunicada. Cinco metros cuadrados. A reformar. Estación próxima cuando el servicio lo permita. 850 euros al mes».

Y seguramente habrá alguien que diga:

—No está mal de precio.

Porque ese es el verdadero milagro de la vivienda en Barcelona.

Que ya hemos perdido la capacidad de distinguir una oportunidad de una tomadura de pelo.

Así que retiro todas mis críticas.

Rodalies no llega tarde.

Rodalies ha comprendido antes que nadie que, si cada día pasamos más horas dentro del tren que dentro de casa, quizá lo más práctico sea dejar de intentar llegar.

Solo falta un pequeño detalle.

Que tampoco falle la calefacción.

Porque una cosa es no tener vivienda.

Y otra muy distinta ser un sintecho con abono mensual.

«¿Por qué existe la tragedia? Porque estás lleno de rabia. ¿Por qué estás lleno de rabia? Porque estás lleno de dolor.» (Anne Carson nacida el 21 de junio de 1950 y flamante premio nobel de literatura 2026. Frase que much@s se podrían aplicar estos días en Catalunya. Se están confeccionando las listas electorales y las coaliciones y algun@, que iba de campeón, le va a costar sujetar la silla en el congreso)

¡Quién nos iba a decir que la canción del vídeo era de Solomon Linda traspasado a la habitación de al lado hoy hace 64 años! Escuchar la versión original de 1939 y seguro que no podréis dormir.

Mentre dorm

De dia, el pare ens pelava mandarines i ens deixava els grills més dolços.

De nit, la mare esperava que roncés.

—Ara podeu jugar. Fluixet.

Quan em va caure una cullera, la meva germana es va fer pipí. La mare va estrènyer el drap de cuina fins que li van blanquejar els dits.

L'endemà, dues maletes al rebedor.

—Li direm adeu?

—Jo ja fa anys que m'acomiado d'ell.

—Agafeu els abrics —va dir el pare des de l'habitació.

La mare es va girar.

—Ara et preocupa que tinguem fred?

Vaig agafar la mà de la meva germana.

Aquí la versión más conocida: