EL
REFERENTE
En la sede del partido habían
inaugurado una sala nueva: el Museo de los Referentes Éticos.
En el centro, bajo una luz
blanca que borraba las arrugas y parte de la memoria, estaba José Luis
Rodríguez Zapatero. No él, naturalmente, sino una estatua con sonrisa serena,
cejas responsables y la mano derecha levantada en actitud de conceder algún derecho
civil.
—Aquí tenemos a uno de
nuestros grandes referentes —explicó el guía.
Un visitante se acercó a la
placa.
—¿No fue este el presidente
que dejó más de cinco millones de parados?
El guía carraspeó.
—Aquello fue una crisis
internacional.
—¿Y no redujo el sueldo a los
funcionarios?
—Una media del cinco por
ciento —precisó el guía—. Pero con sensibilidad social.
El visitante miró alrededor.
—¿Dónde están los
funcionarios?
—En otra sala. La de los
sacrificios necesarios.
—¿Y los parados?
—No cabían todos.
La visita continuó. En una
vitrina se exponía una tijera de plata con la inscripción: «Recorte
progresista». A su lado, una fotografía del presidente negando la crisis y
otra, tomada meses después, aplicando medidas para combatir aquello que todavía
no existía.
—Es una pieza histórica —dijo
el guía—. Representa la capacidad de adaptación.
Al fondo había una puerta
cerrada.
—¿Qué hay ahí? —preguntó el
visitante.
—El presente.
—¿Podemos entrar?
—Todavía no. Está bajo
investigación.
El visitante volvió la vista
hacia la estatua. La luz seguía iluminando solo la parte delantera.
—Entonces —dijo—, si este es
el referente ético, ¿cómo serán los que no lo son?
El guía sonrió con
profesionalidad.
—Esos están en el Gobierno.
«Todo paraíso, para ser
paraíso, debe contener la serpiente.» (Una perfección creada y limitada nunca
puede ser absoluta: siempre encierra la posibilidad del cambio, la caída o el
sufrimiento. Eso es lo que creía Marco Pallis nacido el 19 de junio de 1895
para ser escritor, músico, compositor, alpinista y estudioso británico)
Allá por junio de 1990 una de las canciones más populares en el mundo fue Hold On (aguanta o resiste) de Wilson Phillips ¡Quién iba a decir que hoy se iba a convertir en un referente de los círculos políticos!
Cap a demà
Cada matí, la Clara es
prometia resistir un dia més. La hipoteca, el silenci d’ell, la feina que li
xuclava les hores.
Aquell dimarts va arribar fins
al vespre. Després va obrir l’armari, va treure la maleta i hi va posar només
roba seva.
—On vas? —preguntà ell, per
fi.
La Clara somrigué.
—Cap a demà.
A vegades, aguantar no vol dir
quedar-se.




