jueves, 2 de julio de 2026

 

EL JABALÍ TAMBIÉN PARTICIPA EN EL TOUR DE FRANCIA


El ciclista miró el mapa nuevo como quien mira una traición plastificada.

—¿Y Santa Creu d’Olorda? —preguntó.

El comisario señaló una línea roja desviada hacia Esplugues.

—Eliminada.

—¿Por obras?

—Por peste porcina africana.

El campeón, que había subido Alpes con nieve, Pirineos con fiebre y entrevistas con patrocinadores sin perder la sonrisa, parpadeó.

—¿Me está diciendo que no subimos por un jabalí?

El funcionario de la Generalitat carraspeó con dignidad de expediente.

—Por varios jabalíes. Algunos muertos. Otros pendientes de localizar.

Afuera, las motos rugían sin saber hacia dónde. Los cámaras enfocaban cascos, piernas, bidones, esa liturgia muscular con la que los humanos fingimos que la épica depende de nosotros. Un helicóptero daba vueltas sobre Barcelona como una mosca cara.

El director del equipo se acercó.

—No te preocupes. La etapa sigue. Hay Montjuïc. Tres subidas.

El ciclista dobló el mapa con cuidado.

—Tres subidas no son nada.

El funcionario sonrió.

—Entonces pruebe usted con diecinueve municipios, restricciones, ganaderos llamando, alcaldes preguntando y franceses queriendo plano aéreo.

El campeón no contestó. Bebió agua. Miró hacia Collserola, cerrada, verde, seria, como una abuela que no permite tonterías en el comedor.

Ese día no ganó el hombre más fuerte.

Ganó un jabalí que ni siquiera tomó la salida.

«El amor puede mendigarse, comprarse, recibirse como regalo o encontrarse en la calle; pero no puede robarse» (Todas las frases de Hermann Hesse nacido el 2 de julio de 1877 son una joya. He escogido una de su obra Siddhartha. Le dieron el premio nobel de literatura en 1946)

Roy Bittan cumple hoy 77 años y es el pianista de la E Street Band que siempre acompaña al señor (casi) desconocido que se mueve al ritmo que veréis en el vídeo.



L’últim ball a les fosques

Cada nit, després de tancar la ferreteria, l’Arnau apagava els llums i posava aquella cançó. Ballava sol entre martells, cargols i panys, com si la foscor fos l’únic lloc on encara no havia envellit.

Una matinada, algú va picar a l’aparador. Era la dona que, quaranta anys enrere, l’havia deixat plantat al ball de festa major.

—Encara en saps?

L’Arnau va obrir la porta.

Van ballar fins que va clarejar.

Després, ella se’n va anar.

Sobre el taulell només hi quedava una esquela.



miércoles, 1 de julio de 2026

 RECURSOS SOBREHUMANOS

El arte de parecer ocupado. Crónicas del simulacro



Esto no es un libro para “mejorar el clima laboral”. Es para sobrevivir a él.

Veramundo, director de Recursos Humanos en Seguros Horizon, entra en 1999 con la elegancia del que cree que cambia de mundo… y descubre que solo cambia el disfraz: en lo público y en lo privado se miente igual, pero aquí las mentiras vienen con PowerPoint, comité y “cordial saludo”.

A lo largo de estos relatos, la oficina se vuelve un ecosistema: jefes que confunden liderazgo con impunidad, normas que nacen para no cumplirse, y empleados que aprenden la única competencia estable del siglo XXI: aparentar que todo funciona. Veramundo observa, decide, ejecuta, se defiende. A veces provoca. Casi siempre sobrevive.

Hay humor, sí. Pero del que no pide permiso. Ironía como herramienta, cinismo como chaleco antibalas y una verdad incómoda en cada escena: el trabajo no siempre mata… a veces solo te entrena para obedecer.

Bienvenido al mundo de Veramundo. Aquí no hay héroes. Hay supervivientes.



martes, 30 de junio de 2026

 

LOS PECADOS DEL VERANO


Cada verano me ocurre lo mismo. Bueno, lo mismo no. Peor.

El calor me sienta mal al cuerpo. El cuerpo protesta, suda y amenaza con declararse en huelga, pero todavía cumple algunos servicios mínimos. Es la cabeza la que se rinde. A partir de los treinta grados, mis neuronas empiezan a abandonar el despacho sin presentar la baja voluntaria y yo me quedo frente al ordenador, mirando una pantalla en blanco que parece saber más de literatura que yo.

Desde la ventana veo pasar a la gente. Caminan despacio, sin maletín, sin corbata y sin esa cara de urgencia que nos ponemos quienes todavía fingimos que trabajamos. Algunos llevan bolsas de playa. Otros arrastran una maleta. Todos tienen ese modo de andar de quienes podrían ir a cualquier parte porque, en realidad, no tienen obligación de llegar a ninguna.

Ahí aparece el primero de mis pecados: la envidia.

Me parece que el mundo entero está de vacaciones y que yo soy el único imbécil que permanece en un despacho, vestido para una reunión que probablemente podría resolverse con un correo electrónico de tres líneas. Sé que no es cierto. En algún lugar habrá otros hombres y mujeres trabajando, sudando sobre documentos inútiles y contemplando desde sus ventanas a quienes parecen vivir mejor. Pero no los veo. Y la envidia necesita pruebas muy escasas para dictar sentencia.

Después llega la pereza.

No entra de golpe. Se instala poco a poco. Primero me impide redactar un informe. Luego, contestar un mensaje. Finalmente, mover un papel de un extremo de la mesa al otro, aunque solo sea para simular que en este despacho suceden cosas. Lo preocupante no es sentir pereza. Lo preocupante es la facilidad con la que la acepto. En invierno todavía lucho contra ella. En verano mantenemos una relación estable, íntima y, me atrevería a decir, pasional.

Esa rendición me enfurece.

Porque uno puede tolerar su propia incapacidad mientras no sea consciente de ella. Lo irritante es verla actuar. Saber que podrías levantarte, pensar, escribir o hacer algo útil y, sin embargo, permanecer inmóvil observando cómo la apatía ocupa tu silla, contesta tus llamadas y toma decisiones en tu nombre.

Entonces aparece la ira.

Me enfado con el calor, con el verano, con la gente de vacaciones, con el aire acondicionado que nunca alcanza la temperatura prometida y, sobre todo, conmigo mismo. Ya llevo tres pecados capitales antes de la hora de comer. A este ritmo, al finalizar la jornada habré conseguido plaza fija en el infierno.

Infierno.

Solo pensar en el fuego eterno me provoca otra subida de temperatura.

Y aún falta el cuarto pecado.

La lujuria.

Este es, sin duda, el más disculpable. Incluso me atrevería a sostener que no es enteramente mío. La responsabilidad debería repartirse entre el verano, la calle, la ventana de mi despacho y la escasez de tela que, por razones climáticas, afecta al vestuario de quienes pasan frente a ella.

No puede ser saludable permanecer sentado tras una mesa, enfundado en una americana, estrangulado por una corbata y protegido por mi semblante de hombre serio, laboral y responsable, mientras al otro lado del cristal la vida circula con los hombros desnudos, las piernas al sol y una libertad de movimientos que resulta casi ofensiva.

Yo miro. Intento no mirar. Vuelvo a mirar para comprobar que no estaba mirando.

Cada año es peor.

Y, cuanto peor, mejor.

Me digo que reprimir los instintos naturales debe de ser perjudicial para el organismo. No tengo ninguna prueba médica, pero tampoco voluntad de buscarla. Con este calor, hasta la ciencia puede esperar.

A estas alturas, mis neuronas ya han escapado por la autopista del entendimiento. Podría correr tras ellas, alcanzarlas antes de que tomen la salida hacia ninguna parte y obligarlas a regresar al trabajo.

Pero no lo haré.

Tengo pereza.

Mañana seguiré buscando una idea. Hoy prefiero seguir pecando.

«En lo más hondo del horror y la desesperación se alcanza una nueva firmeza: ya no queda más por caer.» (La frase que bien podría ser “el que no se consuela es porque no quiere” es de Winston Graham nacido el 30 de junio de 1908. Este escritor tiene otra frase que me ha hecho reflexionar en un día como hoy; es la siguiente: “Prefería morir a impuestos que morir de aburrimiento”)

Brendon James que es el baterista de la banda Thirteen Senses cumple hoy 43 años. Y pongo la mano en el fuego por ello... o mis trece sentidos.


La prova del foc

Ella li va demanar que posés les mans al foc.

—Per tu?

—No. Per la veritat.

Ell va apropar-les a les flames. Primer va cremar la carta, després les fotografies i, finalment, l’anell que mai no havia pensat regalar-li.

—Ho veus? —digué—. Ja no queda res per amagar.

Ella remenà les cendres amb la punta de la sabata i hi trobà una clau intacta.

—De quina porta és?

Ell contemplà el foc, incapaç de respondre.

Aleshores ella va comprendre que les mentides no sempre es cremen. Algunes només esperen que algú s’atreveixi a obrir-les.


lunes, 29 de junio de 2026

 

CAPRICHOS

 


Estoy de mal humor.

No ha ocurrido ninguna tragedia. Nadie ha muerto, no me han embargado la casa y, que yo sepa, mi vida continúa instalada en esa confortable «situación privilegiada» que algunos utilizan para explicarme cómo debo sentirme.

—Lo tuyo es un capricho —me han dicho.

Al parecer, quienes disfrutamos de cierta estabilidad tenemos la obligación moral de levantarnos cada mañana con una sonrisa beatífica, dar gracias al universo y soportar las estupideces ajenas con la serenidad de un monje tibetano bien alimentado.

¡Hay que joderse!

Ahora resulta que mi posición social no solo determina lo que puedo comprar, sino también las emociones que tengo permitidas. Puedo pagar una cena, pero no enfadarme si me sirven la insensatez en el primer plato y la impertinencia de postre. Tengo derecho a una vivienda, a vacaciones y quizá hasta a un plan de pensiones, pero no a un cabreo decente cuando alguno de mis congéneres me patea la paciencia y después me explica que no debería dolerme porque hay gente mucho peor.

Como sigamos así, acabarán creando un impuesto sobre los sentimientos. Quien supere cierto nivel de renta deberá presentar una declaración complementaria cada vez que se irrite. La tristeza tributará como lujo. La indignación llevará recargo. Y para tener una mala tarde habrá que acreditar previamente una desgracia homologada por la Administración.

Mientras tanto, los desheredados de la tierra —que, por lo visto, son todos los que me rodean— conservarán la exclusiva de la queja, la irritación, la bondad, la pureza, la ingenuidad y, por supuesto, la verdad absoluta. Ellos no tienen mal humor: tienen conciencia social. No sufren berrinches: padecen legítimas indignaciones. Sus caprichos, al contrario que los míos, siempre vienen con certificado de pobreza.

Debe de ser otro privilegio.

El de poder juzgar la vida de los demás sin haberla vivido.

«Multitudes de individuos buscan a un profeta, pero casi siempre encuentran a un Führer» (La frase que es exactamente lo que sucede cuando se ponen “prietas las filas” en determinados congresos de los partidos políticos, es de Slawomir Mrozek nacido el 29 de junio de 1930. Su carácter lo define otra de sus célebres frases: “El mundo me estorba para vivir”)

Ian Paice, baterista británico, de la banda Deep Purple le metía decibelios a much@s que conducían por la autopista y seguían su ritmo. El debe ser prudente porque hoy cumple 78 años. 

L’últim revolt

En Pau conduïa com si la carretera li degués una explicació. El motor rugia, els fars esquinçaven la nit i cada revolt deixava enrere una promesa incomplerta.

A l’última recta va veure una dona fent autoestop. Va frenar. Ella va pujar sense dir res.

—On vas?

—Al mateix lloc que tu.

Pau va riure i va accelerar.

Quan va mirar pel retrovisor, el seient era buit. Al davant, un cartell anunciava:

Pau Riera, 1964-2026. Descansa en pau.

Per primera vegada, va aixecar el peu de l’accelerador.


domingo, 28 de junio de 2026

 

NO SOY UN ROBOT


La mujer llevaba cuarenta años cotizados y cinco intentos fallidos.

—Seleccione todos los semáforos —ordenó la pantalla.

Marcó nueve. Luego ocho. Después ninguno.

El sistema concluyó que no era humana.

Desesperada, pidió ayuda al asistente virtual.

La inteligencia artificial resolvió el captcha, rellenó la solicitud y firmó con certificado digital.

Minutos después llegó la resolución:

Pensión concedida.

La mujer sonrió.

En el apartado «beneficiario» figuraba el nombre del asistente.

«La libertad no es licencia del libre albedrío, sino amor y concordia.» (Sergéi Bulgákov nacido el 28 de junio de 1871 para ser profesor, diputado de la segunda Duma rusa y uno de los representantes del llamado «marxismo legal». Sin embargo fue expulsado de Rusia por los bolcheviques en 1922. En la frase distingue entre hacer arbitrariamente lo que uno desea y alcanzar una libertad fundada en la responsabilidad hacia los demás y ya sabemos que cuando hablamos de responsabilidad la cosa se complica)

Kevin Truckenmiller cumple hoy 45 años y es el vocalista de Quietdrive. No se si conduce despacio pero le deseo que este aniversario no sea el de antes del final. 


Cent sobre mes

Abans de morir, l’Èric va programar cent correus, un per a cada aniversari de la Laia. El primer deia: «No m’esperis». El segon: «Enamora’t de nou». Al tercer, ella ja vivia amb en Pau i va dubtar abans d’obrir-lo.

Només hi havia una fotografia del mar i quatre paraules: «Encara recordes aquell lloc?»

Laia hi tornà sola. Sota la pedra on s’havien promès arribar junts fins al final, trobà una capsa.

A dins, cent sobres més.

En Pau, des de lluny, va comprendre que alguns morts no tornen: continuen.