Ernest Hemingway decía que el cuento era la fotografía de un instante... Y yo tengo mucho cuento
domingo, 28 de junio de 2026
NO SOY
UN ROBOT
La mujer llevaba cuarenta años
cotizados y cinco intentos fallidos.
—Seleccione todos los
semáforos —ordenó la pantalla.
Marcó nueve. Luego ocho.
Después ninguno.
El sistema concluyó que no era
humana.
Desesperada, pidió ayuda al
asistente virtual.
La inteligencia artificial
resolvió el captcha, rellenó la solicitud y firmó con certificado digital.
Minutos después llegó la
resolución:
Pensión concedida.
La mujer sonrió.
En el apartado «beneficiario»
figuraba el nombre del asistente.
«La libertad no es licencia
del libre albedrío, sino amor y concordia.» (Sergéi Bulgákov nacido el 28 de
junio de 1871 para ser profesor, diputado de la segunda Duma rusa y uno de los
representantes del llamado «marxismo legal». Sin embargo fue expulsado de Rusia
por los bolcheviques en 1922. En la frase distingue entre hacer arbitrariamente
lo que uno desea y alcanzar una libertad fundada en la responsabilidad hacia
los demás y ya sabemos que cuando hablamos de responsabilidad la cosa se
complica)
Kevin Truckenmiller cumple hoy 45 años y es el vocalista de Quietdrive. No se si conduce despacio pero le deseo que este aniversario no sea el de antes del final.
Cent sobre mes
Abans de morir, l’Èric va
programar cent correus, un per a cada aniversari de la Laia. El primer deia:
«No m’esperis». El segon: «Enamora’t de nou». Al tercer, ella ja vivia amb en
Pau i va dubtar abans d’obrir-lo.
Només hi havia una fotografia
del mar i quatre paraules: «Encara recordes aquell lloc?»
Laia hi tornà sola. Sota la
pedra on s’havien promès arribar junts fins al final, trobà una capsa.
A dins, cent sobres més.
En Pau, des de lluny, va
comprendre que alguns morts no tornen: continuen.
sábado, 27 de junio de 2026
DIFERENCIAS
Hace una semana recibí una
comunicación electrónica de la Agencia Tributaria.
No fue una carta. Hacienda ya
no escribe cartas porque las cartas tienen algo humano: un sobre, un sello, una
mano que las deja en el buzón. Hacienda te envía una notificación electrónica.
Una especie de disparo administrativo que no hace ruido, pero te obliga a
identificarte con certificado digital, clave permanente, número de referencia
y, probablemente, alguna contraseña que elegiste en 2017 y que ya no recuerdas.
Conseguí entrar.
La Agencia Tributaria había
observado unas «diferencias» en mi declaración del IRPF de 2024, que es la que
presentamos en 2025 para que Hacienda pudiera revisarla en 2026. El sistema
fiscal español tiene estas cosas: uno declara el pasado, paga en el presente y
conserva los justificantes hasta que pierde la memoria.
La diferencia ascendía a
ciento noventa euros.
No ciento noventa mil.
Ni siquiera mil novecientos.
Ciento noventa.
Leí dos veces la comunicación.
Reconozco que el asunto era discutible. Incluso me pareció que la
interpretación de la Agencia podía ser jurídicamente dudosa. Podía presentar
alegaciones, buscar jurisprudencia, rescatar facturas, imprimir documentos y
dedicar varias tardes de mi vida a demostrar que el Estado se equivocaba por
una cantidad inferior a lo que cuesta una cena para cuatro en un restaurante
que haya sustituido la palabra «ración» por «experiencia».
Pero no tenía ganas.
A cierta edad uno empieza a
valorar su tiempo, aunque Hacienda todavía no lo haya incluido en el
patrimonio.
Acepté.
Pulsé el botón correspondiente
y el sistema me preguntó si estaba seguro. Me hizo gracia. La Administración
llevaba varios párrafos explicándome que debía pagar, pero en el último momento
fingía respetar mi libertad.
—¿Está seguro de que desea
aceptar?
No, no estaba seguro.
Precisamente por eso aceptaba.
Hice el pago. Enseguida
apareció en la pantalla un justificante con su código de seguridad, su número
de referencia y su apariencia de documento histórico. Durante unos segundos
tuve la impresión de haber contribuido decisivamente al sostenimiento del Estado
del bienestar. Quizá aquellos ciento noventa euros permitirían comprar una
bombilla para un hospital, pintar media aula o financiar tres minutos de una
comisión parlamentaria.
Fue entonces cuando me acordé
de las joyas encontradas en la caja fuerte del despacho de José Luis Rodríguez
Zapatero.
Según publicaban los
periódicos, las habían tasado en un millón trescientos mil euros.
Miré el justificante de mis
ciento noventa.
Después pensé en el millón
trescientos mil.
Volví a mirar mis ciento
noventa.
La comparación era absurda, ya
lo sé. Las joyas están siendo investigadas y todavía debe determinarse de quién
son, de dónde proceden, cuándo llegaron, si debieron declararse y qué
impuestos, en su caso, correspondería pagar. Todo eso requiere informes, peritos,
declaraciones, abogados y tiempo. Mucho tiempo. O las explicaciones de José
Luis Rodríguez Zapatero (¡ja!)
Mis ciento noventa euros, en
cambio, no necesitaron ninguna novela judicial. La Agencia los localizó con esa
precisión que solo se alcanza cuando la cantidad es pequeña y el contribuyente
está perfectamente identificado.
Me sentí agradecido.
No por haber pagado, sino
porque durante el registro de mi despacho no hubieran encontrado joyas por
valor de un millón trescientos mil euros.
Entre otras razones, porque no
las tengo.
Ni las tengo ni las tendré, a
fe mía.
En el cajón de mi mesa hay
bolígrafos que no escriben, dos cargadores de teléfonos que ya no existen, una
calculadora, varios clips y una moneda de cincuenta céntimos pegada a un
caramelo de menta. Ignoro qué valoración haría Ansorena del conjunto, pero sospecho
que no cubriría los ciento noventa euros.
También guardo unos gemelos
que me regalaron hace muchos años. Por prudencia, he decidido no utilizarlos
hasta que prescriban.
Al día siguiente supe que el
juez había ofrecido a Hacienda la posibilidad de personarse en la causa como
perjudicada. Me tranquilizó comprobar que alguien se había acordado de ella. No
parecía que la Agencia hubiera descubierto espontáneamente aquella diferencia
de un millón trescientos mil euros con la misma agilidad con la que detectó la
mía, pero quizá sus ordenadores estaban ocupados buscando cantidades y personas
más manejables.
No es lo mismo perseguir
ciento noventa euros que perseguir un collar de diamantes.
Los ciento noventa no tienen
abogado.
Las joyas, probablemente, sí.
Podrá declararse nulo el
registro del despacho del ínclito Zapatero, invalidarse alguna diligencia o
discutirse durante años la legalidad del procedimiento. Los juristas sabemos
que una prueba puede dejar de existir procesalmente aunque continúe encima de
la mesa. Es una de esas habilidades de la justicia que la física todavía no ha
logrado explicar.
Pero las joyas seguirán siendo
joyas.
Salvo que alguien, con mucho
talante, consiga convencernos de que eran virtuales, que la caja fuerte era una
metáfora y que el millón trescientos mil euros fue un error de redondeo.
Cerré la comunicación de
Hacienda y guardé el justificante en una carpeta llamada «Impuestos». Tengo
otra titulada «Cosas importantes», pero no quise mezclar.
Después me hice la pregunta
que uno no debería formular cuando acaba de pagar voluntariamente una deuda
discutible:
¿De quién depende la Agencia
Tributaria?
La respuesta oficial es
sencilla: del Ministerio de Hacienda.
La respuesta práctica es algo
más complicada.
Aunque, después de lo
sucedido, tengo bastante claro quién depende de ella.
«El Estado democrático y libre
no puede esperar: presupone una actitud activa de sus ciudadanos que no surge
espontáneamente» (La democracia, según Eduard Spranger nacido el 27 de junio de
1882, no se mantiene solo mediante leyes e instituciones. Necesita ciudadanos
capaces de pensar, juzgar, participar y asumir responsabilidades. Lo último es
más difícil)
Aselin Debison cumple hoy 36 años aunque en el vídeo tenía unos cuantos menos. Se ha hecho cantante conocida a base de cantar canciones de los demás pero no lo hace del todo mal.
La casa dels colors
L’àvia deia que, darrere l’arc
de Sant Martí, hi havia una casa on vivien les coses perdudes.
Quan va morir, la nena va
esperar cada tarda que plogués. Però el cel continuava blau, cruelment blau.
Un dia va regar el jardí amb
la mànega fins que el sol va travessar les gotes i va encendre set colors.
—Àvia! —va cridar.
Des de la finestra buida, una
cortina es va moure.
No bufava vent.
viernes, 26 de junio de 2026
EL
ÚLTIMO LECTOR
La inteligencia artificial
escribió la novela en cuatro segundos. Otra la corrigió en dos. Una tercera
fabricó una reseña entusiasta, cinco entrevistas al autor y una polémica en las
redes.
El libro vendió tres millones
de ejemplares sin que nadie lo abriera.
Solo un anciano pidió leerlo.
La plataforma tardó varios
minutos en responder. No encontraba esa opción.
Al final apareció un mensaje:
—Actividad humana detectada.
¿Desea denunciarla?
«El niño, para ser educado,
necesita camino libre, trazarse por sí mismo la trayectoria de sus actividades»
(El maestro no debe imponer permanentemente el camino, sino permitir que el
niño explore, se equivoque y aprenda a dirigir su propia vida. Por esa idea a Antoni
Benaiges nacido el 26 de junio de 1903 para ser maestro, lo torturaron y
asesinaron los falangistas en 1936)
Adrian Gurvitzcumple hoy 77 años y no es demasiado conocido aunque él siempre ha dicho que era un clásico. En inglés, eso si.
L’última correcció
Es va tancar a les golfes disposat a escriure una cançó immortal sobre
ella.
Durant quaranta anys va
canviar verbs, va eliminar adjectius i va afegir silencis. Quan finalment la
considerà perfecta, baixà l’escala amb el full tremolant entre els dits.
Ella encara era a la cuina.
—Ja l’has acabada?
—Sí. Ara ningú no t’oblidarà.
La dona llegí la lletra, hi corregí una coma i somrigué.
—Has trigat tant que ja no recordo qui érem.
jueves, 25 de junio de 2026
SOMBRA
Durante la ola de calor, el
Ayuntamiento puso precio a la sombra.
La de los plátanos costaba
cinco euros la hora; la de los cipreses, ocho, porque era más estrecha y
exclusiva. Los bancos bajo los árboles se reservaron para turistas y
contribuyentes premium.
A mediodía, una familia se
apretó contra la sombra de una papelera.
—Solo diez minutos —advirtió
el vigilante.
Ellos esperaron inmóviles
hasta que el sol siguió su camino.
Por la noche, cuando toda la
ciudad fue sombra, los pobres salieron a refrescarse.
El Ayuntamiento encendió las
farolas.
«Ningún enunciado es inmune a
la revisión.» (Ni siquiera las leyes de la lógica o las matemáticas quedarían
absolutamente protegidas frente a una posible revisión. Eso es lo que pensaba Willard Van Orman
Quine nacido el 25 de junio de 1908 para ser filósofo y a fe mía que lo
consiguió)
Timothy Michael Linton más conocido como Zum Zum cumple hoy 57 años y su aspecto es más inquietante que la versión de la canción de Eurythmics, «Sweet Dreams (Are Made of This)» que escucharéis en el vídeo... si no os da miedo.
Manual per despertar
Cada nit, els seus somnis
entraven per la finestra amb botes brutes.
Li prometien diners, cossos,
poder. Després li cobraven el lloguer.
Un matí va trobar-los asseguts
a la cuina, menjant-se els seus records.
—Això també és nostre —van
dir.
Ell va somriure, va obrir el
gas i va encendre un llumí.
Alguns somnis són dolços.
Fins que aprenen a tenir gana.
miércoles, 24 de junio de 2026
CLIMA
A LA CARTA
La aplicación aprendió pronto sus gustos.
Eliminó de la pantalla las tormentas, los incendios y las
temperaturas que pudieran incomodarlo. Cada mañana le anunciaba veintidós
grados, brisa suave y cero posibilidades de catástrofe.
Cuando la ciudad comenzó a derretirse, cerró las ventanas
para que no entraran noticias falsas.
Lo encontraron días después, abrazado al móvil.
En la pantalla aún brillaba un sol pequeño y amable.
—Hoy será un día perfecto
«La autoridad de todos los
magistrados, por supremos y poderosos que sean, depende de la autoridad pública
de quienes los elevaron a esa dignidad, y no al contrario» (No es que Teodoro
de Beza nacido el 24 de junio de 1519 inventase el término “lawfire”, pero en
su época ya se las traían entre el poder político, el judicial y el
legislativo, claro que aún no había separación de poderes)
Mick Fleetwood cumple hoy 79 años y ya ha cumplido casi todos sus sueños. Como fundar la banda que lleva su apellido y dejarnos una canción -entre muchas- como la del vídeo parida allá por 1977.
La pluja també torna
Ella va deixar la finestra
oberta perquè entrés la tempesta. Ell ja havia marxat, però les seves promeses
continuaven al sofà, ocupant lloc i demanant perdó.
Va ploure tota la nit.
Al matí, les promeses s’havien
desfet sobre les rajoles. Ella les va eixugar sense pressa.