domingo, 5 de julio de 2026

 

DESPUÉS DE LA ÚLTIMA CANCIÓN


Puso el vinilo que ella odiaba.

La aguja cayó con un chasquido y, durante unos segundos, solo hubo polvo sonando contra el tiempo.

Él se sentó en el suelo. La casa estaba vacía desde hacía tres meses, pero aún quedaba un rectángulo más claro donde estuvo el sofá y dos marcas en la pared que ningún pintor habría sabido borrar.

Cuando empezó la canción, cerró los ojos.

No la echó de menos a ella.

Echó de menos al hombre que era cuando ella aún estaba.

La aguja llegó al final.

Y siguió girando.

Él también.

«Donde hay perfecta libertad de examen, existe la mayor probabilidad posible de que la verdad sea finalmente alcanzada.» (La frase es de Samuel Bailey nacido el 5 de julio de 1791 para ser filósofo y escritor; no me consta que a pesar de ser británico tuviera nada que ver con aquella bebida que tanto gustaba -o gusta- a la señoras)

Michael Monarch cumple hoy 76 años y, junto a su banda Steppenwolf algo así como el lobo estepario, sigue tocando la guitarra. No hay nada como seguir el camino que te has trazado.



La carretera no perdona

Quan el metge li va dir que caminés mitja hora al dia, l’Arnau va somriure com si li haguessin tornat les claus del món. Va treure la moto del garatge, coberta de pols i excuses, i va arrencar abans que la prudència el trobés.

A la primera corba li van cruixir els ossos.

A la segona, els anys.

A la tercera, ja no era un jubilat fugint de casa: era un llop vell ensumant, per fi, l’aire.


sábado, 4 de julio de 2026

 

EL PEOR ESCENARIO


Mientras Les Gavarres ardía, el dirigente compareció con cara de haber descubierto el fuego.

—El peor escenario posible sería que ardiera todo el macizo —dijo.

Todos respiramos aliviados.

Creíamos, pobres ignorantes, que el peor escenario posible era que se quemara Catalunya entera, con sus pueblos, sus bosques, sus viejos, sus niños, sus perros y hasta los que aún confiaban en la inteligencia institucional.

Pero no.

El peor escenario ya estaba localizado.

Ocho mil hectáreas.

Lo demás, por lo visto, sería solo una ampliación del informe.

“La discreción es una virtud tan difícil porque nadie puede advertir que la practicamos.” (Carl August von Eschenmayer nacido el 4 de julio de 1768 -un poco antes de la independencia de los EEUU- fue el autor de la frase. Era médico y filósofo también ocultista de ahí que la frase cobre sentido)

Veintitrés años hoy sin Barry White. Los hij@s de la discoteca "Pushkin" te recordaremos siempre. 


Tot, encara

El dia que ella va morir, ell va tornar a parar taula per a dos.

Va escalfar la sopa, va encendre la ràdio i va deixar la seva cadira una mica enfora, com sempre que arribava tard. Quan va sonar aquella cançó, va somriure sense dents i va dir:

—Ja ho sé, ja ho sé. Ballar no toca.

Però es va aixecar igualment.

Els veïns el van veure, a través de la finestra, abraçat a l’aire.

I ningú no va tenir cor d’anomenar-ho bogeria.


viernes, 3 de julio de 2026

 

SOLO UN MOMENTO

 

El hombre apoyó la radial sobre el metal, a pie de carretera, y apretó el interruptor.

—Será solo un momento —dijo.

Las chispas saltaron pequeñas, brillantes, casi bonitas. Algunas murieron contra el asfalto. Otras cayeron sobre la hierba seca, esa hierba que llevaba semanas esperando una imprudencia.

Él continuó trabajando. El disco mordía el hierro con un chillido agudo mientras, a pocos metros, una llama diminuta aprendía a caminar.

Primero alcanzó el matorral. Después trepó por los pinos. Luego el viento le enseñó el camino hacia las casas.

En la urbanización, una mujer recogía la ropa tendida cuando vio cambiar el color del cielo. No eran nubes. Las nubes no huelen a madera quemada ni convierten el sol en una moneda roja.

Los vecinos salieron a las terrazas y miraron hacia la montaña. Durante unos segundos nadie supo qué hacer. El incendio todavía parecía lejano, como suelen parecer las desgracias cuando empiezan en casa de otro.

Después llegaron las sirenas.

Los bomberos corrieron hacia el fuego. Los vecinos, en dirección contraria. Alguien metió documentos y fotografías en una bolsa. Otro buscó al perro. Una anciana se negó a abandonar su casa porque allí había vivido cuarenta años y aún no entendía que el fuego no respeta la antigüedad.

Sobre los tejados de la Costa Brava creció una nube negra, enorme, compacta. Tapó el cielo azul, las buganvillas, las piscinas y esa postal de verano que todos habían pagado tan cara.

Los Mossos d’Esquadra detuvieron al hombre de la radial mientras la montaña seguía ardiendo.

Tal vez ahora, en una celda o delante de un juez, tenga tiempo para pensar en aquellas chispas que le parecieron inofensivas. En los vecinos que huyeron con una bolsa de documentos. En los animales que no encontraron carretera por la que escapar. En los árboles que necesitarán décadas para volver a ser bosque.

Si los tribunales consideran probada su responsabilidad, esperamos que pase algunos años en prisión.

Ojalá le basten para enseñarle a pensar.

A la montaña a buen seguro le harán falta muchos más.

«En la lucha entre tú y el mundo, ponte de parte del mundo» (He celebrado algunos años el nacimiento de Franz Kafka que lo hizo el 3 de julio de 1883. Son tantas las frases, son tantos sus aforismos dignos de reflexión que buscaré cualquier excusa para ponerlos aquí)

Elle King cumple 37 años y ya lleva unas cuantas exparejas, así que no para de cantar y componer.


El recompte

Cada exparella li havia deixat alguna cosa: una cicatriu, un deute, una cançó insofrible. Ella ho guardava tot dins d’una capsa vermella.

Quan va conèixer en Pau, va decidir enterrar-la al jardí.

—Per començar de zero —li digué.

Anys després, ell va marxar sense acomiadar-se. Ella va desenterrar la capsa, hi va afegir la seva fotografia i va descobrir, al fons, una nota escrita per ella mateixa:

«Quan estigui plena, potser el problema no seran ells.»

Va tancar la tapa.

Encara hi cabien molts homes.


jueves, 2 de julio de 2026

 

EL JABALÍ TAMBIÉN PARTICIPA EN EL TOUR DE FRANCIA


El ciclista miró el mapa nuevo como quien mira una traición plastificada.

—¿Y Santa Creu d’Olorda? —preguntó.

El comisario señaló una línea roja desviada hacia Esplugues.

—Eliminada.

—¿Por obras?

—Por peste porcina africana.

El campeón, que había subido Alpes con nieve, Pirineos con fiebre y entrevistas con patrocinadores sin perder la sonrisa, parpadeó.

—¿Me está diciendo que no subimos por un jabalí?

El funcionario de la Generalitat carraspeó con dignidad de expediente.

—Por varios jabalíes. Algunos muertos. Otros pendientes de localizar.

Afuera, las motos rugían sin saber hacia dónde. Los cámaras enfocaban cascos, piernas, bidones, esa liturgia muscular con la que los humanos fingimos que la épica depende de nosotros. Un helicóptero daba vueltas sobre Barcelona como una mosca cara.

El director del equipo se acercó.

—No te preocupes. La etapa sigue. Hay Montjuïc. Tres subidas.

El ciclista dobló el mapa con cuidado.

—Tres subidas no son nada.

El funcionario sonrió.

—Entonces pruebe usted con diecinueve municipios, restricciones, ganaderos llamando, alcaldes preguntando y franceses queriendo plano aéreo.

El campeón no contestó. Bebió agua. Miró hacia Collserola, cerrada, verde, seria, como una abuela que no permite tonterías en el comedor.

Ese día no ganó el hombre más fuerte.

Ganó un jabalí que ni siquiera tomó la salida.

«El amor puede mendigarse, comprarse, recibirse como regalo o encontrarse en la calle; pero no puede robarse» (Todas las frases de Hermann Hesse nacido el 2 de julio de 1877 son una joya. He escogido una de su obra Siddhartha. Le dieron el premio nobel de literatura en 1946)

Roy Bittan cumple hoy 77 años y es el pianista de la E Street Band que siempre acompaña al señor (casi) desconocido que se mueve al ritmo que veréis en el vídeo.



L’últim ball a les fosques

Cada nit, després de tancar la ferreteria, l’Arnau apagava els llums i posava aquella cançó. Ballava sol entre martells, cargols i panys, com si la foscor fos l’únic lloc on encara no havia envellit.

Una matinada, algú va picar a l’aparador. Era la dona que, quaranta anys enrere, l’havia deixat plantat al ball de festa major.

—Encara en saps?

L’Arnau va obrir la porta.

Van ballar fins que va clarejar.

Després, ella se’n va anar.

Sobre el taulell només hi quedava una esquela.



miércoles, 1 de julio de 2026

 RECURSOS SOBREHUMANOS

El arte de parecer ocupado. Crónicas del simulacro



Esto no es un libro para “mejorar el clima laboral”. Es para sobrevivir a él.

Veramundo, director de Recursos Humanos en Seguros Horizon, entra en 1999 con la elegancia del que cree que cambia de mundo… y descubre que solo cambia el disfraz: en lo público y en lo privado se miente igual, pero aquí las mentiras vienen con PowerPoint, comité y “cordial saludo”.

A lo largo de estos relatos, la oficina se vuelve un ecosistema: jefes que confunden liderazgo con impunidad, normas que nacen para no cumplirse, y empleados que aprenden la única competencia estable del siglo XXI: aparentar que todo funciona. Veramundo observa, decide, ejecuta, se defiende. A veces provoca. Casi siempre sobrevive.

Hay humor, sí. Pero del que no pide permiso. Ironía como herramienta, cinismo como chaleco antibalas y una verdad incómoda en cada escena: el trabajo no siempre mata… a veces solo te entrena para obedecer.

Bienvenido al mundo de Veramundo. Aquí no hay héroes. Hay supervivientes.



martes, 30 de junio de 2026

 

LOS PECADOS DEL VERANO


Cada verano me ocurre lo mismo. Bueno, lo mismo no. Peor.

El calor me sienta mal al cuerpo. El cuerpo protesta, suda y amenaza con declararse en huelga, pero todavía cumple algunos servicios mínimos. Es la cabeza la que se rinde. A partir de los treinta grados, mis neuronas empiezan a abandonar el despacho sin presentar la baja voluntaria y yo me quedo frente al ordenador, mirando una pantalla en blanco que parece saber más de literatura que yo.

Desde la ventana veo pasar a la gente. Caminan despacio, sin maletín, sin corbata y sin esa cara de urgencia que nos ponemos quienes todavía fingimos que trabajamos. Algunos llevan bolsas de playa. Otros arrastran una maleta. Todos tienen ese modo de andar de quienes podrían ir a cualquier parte porque, en realidad, no tienen obligación de llegar a ninguna.

Ahí aparece el primero de mis pecados: la envidia.

Me parece que el mundo entero está de vacaciones y que yo soy el único imbécil que permanece en un despacho, vestido para una reunión que probablemente podría resolverse con un correo electrónico de tres líneas. Sé que no es cierto. En algún lugar habrá otros hombres y mujeres trabajando, sudando sobre documentos inútiles y contemplando desde sus ventanas a quienes parecen vivir mejor. Pero no los veo. Y la envidia necesita pruebas muy escasas para dictar sentencia.

Después llega la pereza.

No entra de golpe. Se instala poco a poco. Primero me impide redactar un informe. Luego, contestar un mensaje. Finalmente, mover un papel de un extremo de la mesa al otro, aunque solo sea para simular que en este despacho suceden cosas. Lo preocupante no es sentir pereza. Lo preocupante es la facilidad con la que la acepto. En invierno todavía lucho contra ella. En verano mantenemos una relación estable, íntima y, me atrevería a decir, pasional.

Esa rendición me enfurece.

Porque uno puede tolerar su propia incapacidad mientras no sea consciente de ella. Lo irritante es verla actuar. Saber que podrías levantarte, pensar, escribir o hacer algo útil y, sin embargo, permanecer inmóvil observando cómo la apatía ocupa tu silla, contesta tus llamadas y toma decisiones en tu nombre.

Entonces aparece la ira.

Me enfado con el calor, con el verano, con la gente de vacaciones, con el aire acondicionado que nunca alcanza la temperatura prometida y, sobre todo, conmigo mismo. Ya llevo tres pecados capitales antes de la hora de comer. A este ritmo, al finalizar la jornada habré conseguido plaza fija en el infierno.

Infierno.

Solo pensar en el fuego eterno me provoca otra subida de temperatura.

Y aún falta el cuarto pecado.

La lujuria.

Este es, sin duda, el más disculpable. Incluso me atrevería a sostener que no es enteramente mío. La responsabilidad debería repartirse entre el verano, la calle, la ventana de mi despacho y la escasez de tela que, por razones climáticas, afecta al vestuario de quienes pasan frente a ella.

No puede ser saludable permanecer sentado tras una mesa, enfundado en una americana, estrangulado por una corbata y protegido por mi semblante de hombre serio, laboral y responsable, mientras al otro lado del cristal la vida circula con los hombros desnudos, las piernas al sol y una libertad de movimientos que resulta casi ofensiva.

Yo miro. Intento no mirar. Vuelvo a mirar para comprobar que no estaba mirando.

Cada año es peor.

Y, cuanto peor, mejor.

Me digo que reprimir los instintos naturales debe de ser perjudicial para el organismo. No tengo ninguna prueba médica, pero tampoco voluntad de buscarla. Con este calor, hasta la ciencia puede esperar.

A estas alturas, mis neuronas ya han escapado por la autopista del entendimiento. Podría correr tras ellas, alcanzarlas antes de que tomen la salida hacia ninguna parte y obligarlas a regresar al trabajo.

Pero no lo haré.

Tengo pereza.

Mañana seguiré buscando una idea. Hoy prefiero seguir pecando.

«En lo más hondo del horror y la desesperación se alcanza una nueva firmeza: ya no queda más por caer.» (La frase que bien podría ser “el que no se consuela es porque no quiere” es de Winston Graham nacido el 30 de junio de 1908. Este escritor tiene otra frase que me ha hecho reflexionar en un día como hoy; es la siguiente: “Prefería morir a impuestos que morir de aburrimiento”)

Brendon James que es el baterista de la banda Thirteen Senses cumple hoy 43 años. Y pongo la mano en el fuego por ello... o mis trece sentidos.


La prova del foc

Ella li va demanar que posés les mans al foc.

—Per tu?

—No. Per la veritat.

Ell va apropar-les a les flames. Primer va cremar la carta, després les fotografies i, finalment, l’anell que mai no havia pensat regalar-li.

—Ho veus? —digué—. Ja no queda res per amagar.

Ella remenà les cendres amb la punta de la sabata i hi trobà una clau intacta.

—De quina porta és?

Ell contemplà el foc, incapaç de respondre.

Aleshores ella va comprendre que les mentides no sempre es cremen. Algunes només esperen que algú s’atreveixi a obrir-les.


lunes, 29 de junio de 2026

 

CAPRICHOS

 


Estoy de mal humor.

No ha ocurrido ninguna tragedia. Nadie ha muerto, no me han embargado la casa y, que yo sepa, mi vida continúa instalada en esa confortable «situación privilegiada» que algunos utilizan para explicarme cómo debo sentirme.

—Lo tuyo es un capricho —me han dicho.

Al parecer, quienes disfrutamos de cierta estabilidad tenemos la obligación moral de levantarnos cada mañana con una sonrisa beatífica, dar gracias al universo y soportar las estupideces ajenas con la serenidad de un monje tibetano bien alimentado.

¡Hay que joderse!

Ahora resulta que mi posición social no solo determina lo que puedo comprar, sino también las emociones que tengo permitidas. Puedo pagar una cena, pero no enfadarme si me sirven la insensatez en el primer plato y la impertinencia de postre. Tengo derecho a una vivienda, a vacaciones y quizá hasta a un plan de pensiones, pero no a un cabreo decente cuando alguno de mis congéneres me patea la paciencia y después me explica que no debería dolerme porque hay gente mucho peor.

Como sigamos así, acabarán creando un impuesto sobre los sentimientos. Quien supere cierto nivel de renta deberá presentar una declaración complementaria cada vez que se irrite. La tristeza tributará como lujo. La indignación llevará recargo. Y para tener una mala tarde habrá que acreditar previamente una desgracia homologada por la Administración.

Mientras tanto, los desheredados de la tierra —que, por lo visto, son todos los que me rodean— conservarán la exclusiva de la queja, la irritación, la bondad, la pureza, la ingenuidad y, por supuesto, la verdad absoluta. Ellos no tienen mal humor: tienen conciencia social. No sufren berrinches: padecen legítimas indignaciones. Sus caprichos, al contrario que los míos, siempre vienen con certificado de pobreza.

Debe de ser otro privilegio.

El de poder juzgar la vida de los demás sin haberla vivido.

«Multitudes de individuos buscan a un profeta, pero casi siempre encuentran a un Führer» (La frase que es exactamente lo que sucede cuando se ponen “prietas las filas” en determinados congresos de los partidos políticos, es de Slawomir Mrozek nacido el 29 de junio de 1930. Su carácter lo define otra de sus célebres frases: “El mundo me estorba para vivir”)

Ian Paice, baterista británico, de la banda Deep Purple le metía decibelios a much@s que conducían por la autopista y seguían su ritmo. El debe ser prudente porque hoy cumple 78 años. 

L’últim revolt

En Pau conduïa com si la carretera li degués una explicació. El motor rugia, els fars esquinçaven la nit i cada revolt deixava enrere una promesa incomplerta.

A l’última recta va veure una dona fent autoestop. Va frenar. Ella va pujar sense dir res.

—On vas?

—Al mateix lloc que tu.

Pau va riure i va accelerar.

Quan va mirar pel retrovisor, el seient era buit. Al davant, un cartell anunciava:

Pau Riera, 1964-2026. Descansa en pau.

Per primera vegada, va aixecar el peu de l’accelerador.


domingo, 28 de junio de 2026

 

NO SOY UN ROBOT


La mujer llevaba cuarenta años cotizados y cinco intentos fallidos.

—Seleccione todos los semáforos —ordenó la pantalla.

Marcó nueve. Luego ocho. Después ninguno.

El sistema concluyó que no era humana.

Desesperada, pidió ayuda al asistente virtual.

La inteligencia artificial resolvió el captcha, rellenó la solicitud y firmó con certificado digital.

Minutos después llegó la resolución:

Pensión concedida.

La mujer sonrió.

En el apartado «beneficiario» figuraba el nombre del asistente.

«La libertad no es licencia del libre albedrío, sino amor y concordia.» (Sergéi Bulgákov nacido el 28 de junio de 1871 para ser profesor, diputado de la segunda Duma rusa y uno de los representantes del llamado «marxismo legal». Sin embargo fue expulsado de Rusia por los bolcheviques en 1922. En la frase distingue entre hacer arbitrariamente lo que uno desea y alcanzar una libertad fundada en la responsabilidad hacia los demás y ya sabemos que cuando hablamos de responsabilidad la cosa se complica)

Kevin Truckenmiller cumple hoy 45 años y es el vocalista de Quietdrive. No se si conduce despacio pero le deseo que este aniversario no sea el de antes del final. 


Cent sobre mes

Abans de morir, l’Èric va programar cent correus, un per a cada aniversari de la Laia. El primer deia: «No m’esperis». El segon: «Enamora’t de nou». Al tercer, ella ja vivia amb en Pau i va dubtar abans d’obrir-lo.

Només hi havia una fotografia del mar i quatre paraules: «Encara recordes aquell lloc?»

Laia hi tornà sola. Sota la pedra on s’havien promès arribar junts fins al final, trobà una capsa.

A dins, cent sobres més.

En Pau, des de lluny, va comprendre que alguns morts no tornen: continuen.


sábado, 27 de junio de 2026

 

DIFERENCIAS


Hace una semana recibí una comunicación electrónica de la Agencia Tributaria.

No fue una carta. Hacienda ya no escribe cartas porque las cartas tienen algo humano: un sobre, un sello, una mano que las deja en el buzón. Hacienda te envía una notificación electrónica. Una especie de disparo administrativo que no hace ruido, pero te obliga a identificarte con certificado digital, clave permanente, número de referencia y, probablemente, alguna contraseña que elegiste en 2017 y que ya no recuerdas.

Conseguí entrar.

La Agencia Tributaria había observado unas «diferencias» en mi declaración del IRPF de 2024, que es la que presentamos en 2025 para que Hacienda pudiera revisarla en 2026. El sistema fiscal español tiene estas cosas: uno declara el pasado, paga en el presente y conserva los justificantes hasta que pierde la memoria.

La diferencia ascendía a ciento noventa euros.

No ciento noventa mil.

Ni siquiera mil novecientos.

Ciento noventa.

Leí dos veces la comunicación. Reconozco que el asunto era discutible. Incluso me pareció que la interpretación de la Agencia podía ser jurídicamente dudosa. Podía presentar alegaciones, buscar jurisprudencia, rescatar facturas, imprimir documentos y dedicar varias tardes de mi vida a demostrar que el Estado se equivocaba por una cantidad inferior a lo que cuesta una cena para cuatro en un restaurante que haya sustituido la palabra «ración» por «experiencia».

Pero no tenía ganas.

A cierta edad uno empieza a valorar su tiempo, aunque Hacienda todavía no lo haya incluido en el patrimonio.

Acepté.

Pulsé el botón correspondiente y el sistema me preguntó si estaba seguro. Me hizo gracia. La Administración llevaba varios párrafos explicándome que debía pagar, pero en el último momento fingía respetar mi libertad.

—¿Está seguro de que desea aceptar?

No, no estaba seguro. Precisamente por eso aceptaba.

Hice el pago. Enseguida apareció en la pantalla un justificante con su código de seguridad, su número de referencia y su apariencia de documento histórico. Durante unos segundos tuve la impresión de haber contribuido decisivamente al sostenimiento del Estado del bienestar. Quizá aquellos ciento noventa euros permitirían comprar una bombilla para un hospital, pintar media aula o financiar tres minutos de una comisión parlamentaria.

Fue entonces cuando me acordé de las joyas encontradas en la caja fuerte del despacho de José Luis Rodríguez Zapatero.

Según publicaban los periódicos, las habían tasado en un millón trescientos mil euros.

Miré el justificante de mis ciento noventa.

Después pensé en el millón trescientos mil.

Volví a mirar mis ciento noventa.

La comparación era absurda, ya lo sé. Las joyas están siendo investigadas y todavía debe determinarse de quién son, de dónde proceden, cuándo llegaron, si debieron declararse y qué impuestos, en su caso, correspondería pagar. Todo eso requiere informes, peritos, declaraciones, abogados y tiempo. Mucho tiempo. O las explicaciones de José Luis Rodríguez Zapatero (¡ja!) 

Mis ciento noventa euros, en cambio, no necesitaron ninguna novela judicial. La Agencia los localizó con esa precisión que solo se alcanza cuando la cantidad es pequeña y el contribuyente está perfectamente identificado.

Me sentí agradecido.

No por haber pagado, sino porque durante el registro de mi despacho no hubieran encontrado joyas por valor de un millón trescientos mil euros.

Entre otras razones, porque no las tengo.

Ni las tengo ni las tendré, a fe mía.

En el cajón de mi mesa hay bolígrafos que no escriben, dos cargadores de teléfonos que ya no existen, una calculadora, varios clips y una moneda de cincuenta céntimos pegada a un caramelo de menta. Ignoro qué valoración haría Ansorena del conjunto, pero sospecho que no cubriría los ciento noventa euros.

También guardo unos gemelos que me regalaron hace muchos años. Por prudencia, he decidido no utilizarlos hasta que prescriban.

Al día siguiente supe que el juez había ofrecido a Hacienda la posibilidad de personarse en la causa como perjudicada. Me tranquilizó comprobar que alguien se había acordado de ella. No parecía que la Agencia hubiera descubierto espontáneamente aquella diferencia de un millón trescientos mil euros con la misma agilidad con la que detectó la mía, pero quizá sus ordenadores estaban ocupados buscando cantidades y personas más manejables.

No es lo mismo perseguir ciento noventa euros que perseguir un collar de diamantes.

Los ciento noventa no tienen abogado.

Las joyas, probablemente, sí.

Podrá declararse nulo el registro del despacho del ínclito Zapatero, invalidarse alguna diligencia o discutirse durante años la legalidad del procedimiento. Los juristas sabemos que una prueba puede dejar de existir procesalmente aunque continúe encima de la mesa. Es una de esas habilidades de la justicia que la física todavía no ha logrado explicar.

Pero las joyas seguirán siendo joyas. 

Salvo que alguien, con mucho talante, consiga convencernos de que eran virtuales, que la caja fuerte era una metáfora y que el millón trescientos mil euros fue un error de redondeo.

Cerré la comunicación de Hacienda y guardé el justificante en una carpeta llamada «Impuestos». Tengo otra titulada «Cosas importantes», pero no quise mezclar.

Después me hice la pregunta que uno no debería formular cuando acaba de pagar voluntariamente una deuda discutible:

¿De quién depende la Agencia Tributaria?

La respuesta oficial es sencilla: del Ministerio de Hacienda.

La respuesta práctica es algo más complicada.

Aunque, después de lo sucedido, tengo bastante claro quién depende de ella.

«El Estado democrático y libre no puede esperar: presupone una actitud activa de sus ciudadanos que no surge espontáneamente» (La democracia, según Eduard Spranger nacido el 27 de junio de 1882, no se mantiene solo mediante leyes e instituciones. Necesita ciudadanos capaces de pensar, juzgar, participar y asumir responsabilidades. Lo último es más difícil)

Aselin Debison cumple hoy 36 años aunque en el vídeo tenía unos cuantos menos. Se ha hecho cantante conocida a base de cantar canciones de los demás pero no lo hace del todo mal.


La casa dels colors

L’àvia deia que, darrere l’arc de Sant Martí, hi havia una casa on vivien les coses perdudes.

Quan va morir, la nena va esperar cada tarda que plogués. Però el cel continuava blau, cruelment blau.

Un dia va regar el jardí amb la mànega fins que el sol va travessar les gotes i va encendre set colors.

—Àvia! —va cridar.

Des de la finestra buida, una cortina es va moure.

No bufava vent.


viernes, 26 de junio de 2026

 

EL ÚLTIMO LECTOR


La inteligencia artificial escribió la novela en cuatro segundos. Otra la corrigió en dos. Una tercera fabricó una reseña entusiasta, cinco entrevistas al autor y una polémica en las redes.

El libro vendió tres millones de ejemplares sin que nadie lo abriera.

Solo un anciano pidió leerlo.

La plataforma tardó varios minutos en responder. No encontraba esa opción.

Al final apareció un mensaje:

—Actividad humana detectada. ¿Desea denunciarla?

«El niño, para ser educado, necesita camino libre, trazarse por sí mismo la trayectoria de sus actividades» (El maestro no debe imponer permanentemente el camino, sino permitir que el niño explore, se equivoque y aprenda a dirigir su propia vida. Por esa idea a Antoni Benaiges nacido el 26 de junio de 1903 para ser maestro, lo torturaron y asesinaron los falangistas en 1936)

Adrian Gurvitzcumple hoy 77 años y no es demasiado conocido aunque él siempre ha dicho que era un clásico. En inglés, eso si.



L’última correcció

Es va tancar a les golfes disposat a escriure una cançó immortal sobre ella.

Durant quaranta anys va canviar verbs, va eliminar adjectius i va afegir silencis. Quan finalment la considerà perfecta, baixà l’escala amb el full tremolant entre els dits.

Ella encara era a la cuina.

—Ja l’has acabada?

—Sí. Ara ningú no t’oblidarà.

La dona llegí la lletra, hi corregí una coma i somrigué.

—Has trigat tant que ja no recordo qui érem.


jueves, 25 de junio de 2026

 

SOMBRA


Durante la ola de calor, el Ayuntamiento puso precio a la sombra.

La de los plátanos costaba cinco euros la hora; la de los cipreses, ocho, porque era más estrecha y exclusiva. Los bancos bajo los árboles se reservaron para turistas y contribuyentes premium.

A mediodía, una familia se apretó contra la sombra de una papelera.

—Solo diez minutos —advirtió el vigilante.

Ellos esperaron inmóviles hasta que el sol siguió su camino.

Por la noche, cuando toda la ciudad fue sombra, los pobres salieron a refrescarse.

El Ayuntamiento encendió las farolas.

«Ningún enunciado es inmune a la revisión.» (Ni siquiera las leyes de la lógica o las matemáticas quedarían absolutamente protegidas frente a una posible revisión. Eso es lo que pensaba Willard Van Orman Quine nacido el 25 de junio de 1908 para ser filósofo y a fe mía que lo consiguió)

Timothy Michael Linton más conocido como Zum Zum cumple hoy 57 años y su aspecto es más inquietante que la versión de la canción de Eurythmics,  «Sweet Dreams (Are Made of This)» que escucharéis en el vídeo... si no os da miedo.


Manual per despertar

Cada nit, els seus somnis entraven per la finestra amb botes brutes.

Li prometien diners, cossos, poder. Després li cobraven el lloguer.

Un matí va trobar-los asseguts a la cuina, menjant-se els seus records.

—Això també és nostre —van dir.

Ell va somriure, va obrir el gas i va encendre un llumí.

Alguns somnis són dolços.

Fins que aprenen a tenir gana.


miércoles, 24 de junio de 2026

 

CLIMA A LA CARTA


La aplicación aprendió pronto sus gustos.

Eliminó de la pantalla las tormentas, los incendios y las temperaturas que pudieran incomodarlo. Cada mañana le anunciaba veintidós grados, brisa suave y cero posibilidades de catástrofe.

Cuando la ciudad comenzó a derretirse, cerró las ventanas para que no entraran noticias falsas.

Lo encontraron días después, abrazado al móvil.

En la pantalla aún brillaba un sol pequeño y amable.

—Hoy será un día perfecto

«La autoridad de todos los magistrados, por supremos y poderosos que sean, depende de la autoridad pública de quienes los elevaron a esa dignidad, y no al contrario» (No es que Teodoro de Beza nacido el 24 de junio de 1519 inventase el término “lawfire”, pero en su época ya se las traían entre el poder político, el judicial y el legislativo, claro que aún no había separación de poderes)

Mick Fleetwood cumple hoy 79 años y ya ha cumplido casi todos sus sueños. Como fundar la banda que lleva su apellido y dejarnos una canción -entre muchas- como la del vídeo parida allá por 1977.


La pluja també torna

Ella va deixar la finestra oberta perquè entrés la tempesta. Ell ja havia marxat, però les seves promeses continuaven al sofà, ocupant lloc i demanant perdó.

Va ploure tota la nit.

Al matí, les promeses s’havien desfet sobre les rajoles. Ella les va eixugar sense pressa.

Abans de tancar la finestra, mirà el carrer.

Ell esperava sota el fanal, xop.

—He tornat —va dir.

Ella va somriure.

—La pluja també. I sempre se’n va.