INVIERNO INTERIOR

Permanece inmóvil el sentido:
latido dormido, ruido vencido.
Y el sentimiento, lento y sediento,
apenas se duele de este frío,
de estos días glaciales, parciales,
confusos, intrusos, sin aviso.
El deseo pierde su
color—dolor—,
se vuelve pálido, inválido,
y yo no logro nombrarlo:
tocarlo y soltarlo, buscarlo y negarlo.
Ni a él, ni a mí, ni a ti…
ni a mí sin ti, ni a ti sin mí.
Tampoco puedo arrancarte—arte—
de lo ya vivido, repetido,
ni mirarte desde lejos
sin que el eco me seque por dentro,
sin que tu sombra me asombre
y me nombre.
Hay un invierno definitivo,
clavado, callado, en la memoria,
en la victoria triste
de las ilusiones de entonces:
adolescencia—ausencia—,
promesa que pesa, que cesa.
Se me han helado las lágrimas:
ya no son agua, son daga.
Son ojos, enojos;
son sonrisa, ceniza;
son beso, preso,
quieto y secreto.
Tal vez un día te humedezcan
estas lágrimas tardías—vacías—,
y notes, de repente,
que el sentimiento, por fin,
empieza a dolerse un poco
de este frío,
de estos días glaciales, parciales,
confusos, intrusos, sin aviso.
«Siempre haré la pregunta: me da más miedo lo que pasa si no pregunto que oír un ‘no’.» (J. D. Barker nació un helado, como hoy, 7 de enero de 1971, así que hoy tenemos la oportunidad de felicitarle por su 55 aniversario y porque tiene razón en su frase: más vale preguntar “por si acaso tienes premio”)
A Børns también lo podemos felicitar hoy por su 34 aniversario y para que no se le ocurra utilizar estufas eléctricas por aquello de los cortocircuítos.
Curtcircuit a la pell
Vaig entrar al metro amb el cor en mode avió. Tu, amb auriculars, feies ballar la llum fluorescent com si fos estiu. Quan el vagó va frenar, ens vam tocar sense voler: espatlla amb espatlla, i vaig sentir una espurna neta, com el primer glop d’aigua freda després d’una mala notícia. Vas somriure, i el meu cinisme va olorar a plàstic cremat. A la següent parada vas baixar. Em vas deixar al palmell una electricitat petita que encara em cobra peatge.
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