RESUMEN DEL AÑO

Es 31 de diciembre, miércoles, y el mundo se pone colonia para salir a mentirse. La ciudad practica la sonrisa de plástico: luces, ofertas, promesas con purpurina. Todo el mundo habla de “cerrar ciclos” como si la vida tuviera cremallera.
Y no. Este final no es el nuestro. Nadie cae fulminado por cambiar de número. Pero aun así, algo se rompe. Porque el año no se va vacío: se lleva uñas mordidas, palabras tragadas, una cama compartida a medias, un miedo que aprendió tu forma. Se lleva la voz de alguien en un audio que ya no contestas. Se lleva esa tarde exacta en la que te diste cuenta de que no ibas a volver a ser el de antes, aunque nadie lo notara.
Por eso pesa. Porque el tiempo no se despide: te arranca. Te roba sin ruido. Y tú, para no gritar, brindas.
Si lo vemos, no será nuestro final. Pero una parte de nosotros se va con él: la que todavía creía que “después” era un lugar.
«Aunque escriba en español, pienso en catalán.» (Tal como le sucedía a José María Gironella que nació el 31 de diciembre de 1917 nos sucede a much@s; a él se lo pusieron difícil a l@s demás muy fácil)
Parece mentira y ya cumples 83 años. Felicidades por las veces que junto a tu grupo, The Police, me has acompañado. Todos los años 80, justo donde tu te encuentras ahora. Que sean muchos más.
Vigilància de butxaca
Al metro, el mòbil vibra com una abella atrapada. No és cap missatge teu: és el mapa. Un punt blau, el teu, avançant carrers com si fossin venes. Jo dic que és “per seguretat”, i em queda una rialla seca a la gola. A casa, l’aire fa olor de roba mullada i d’excusa repetida. Quan finalment entres, no et miro als ulls: miro la teva ombra, per confirmar que coincideix amb la pantalla. “Et queda bé el silenci”, em dius. I apagues el Wi-Fi.
Y por si alguien la encuentra y como cada año, lanzo mi mensaje al mar... en una botella, por supuesto.
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