domingo, 22 de febrero de 2026

 

PARA SIEMPRE, POR SIEMPRE, HASTA SIEMPRE


Para siempre, por siempre, hasta siempre…
lo dijimos con la boca ardiendo y las manos temblando,
como quien firma con sangre en la niebla.
La lluvia nos coronó de sal,
y el mundo, por un segundo, dejó de parpadear.

Para siempre, repetí pegado a tu cuello,
y el olor de tu piel —vaina de vainilla y noche—
se me quedó viviendo en la camisa.
Por siempre, juraste, con los ojos brillando
como faros que solo reconocen un barco.
Hasta siempre, brindamos,
y el cristal del vaso vibró como si nos creyera.

Luego vinieron las estaciones con su maquinaria,
los lunes con su peso de plomo,
y el hueco tibio en mitad de la cama
dijo mi nombre en voz muy baja.
Aguanté el filo de tus silencios,
la distancia apoyada en la barandilla de los días,
y aun así te quise: más, más, todavía más.

Si el para siempre se nos quedó grande,
que sea entonces este instante, desobediente y total:
tu boca en la mía, el pulso desbocado,
mi espalda aprendiendo de memoria tus dedos,
las lágrimas como vino dulce detrás de la lengua.

No es promesa, es incendio.
No es futuro, es un ahora que tiembla.
Y si mañana nos falla el valor,
déjame decirlo sin vergüenza:
te amaré igual —con melancolía, con hambre, con fe—,
hasta donde me alcance el cuerpo
y un poco más allá del cuerpo, si me lo pide tu nombre.

«La tierra es cruel, sobre todo la tierra marginal.» (Peadar O’Donnell nació el 22 de febrero de 1893 en la República de Irlanda que es como decir que la tierra era cruel. Su vida de republicano socialista, militante del ira, diputado y escritor no le proporcionaron una vida fácil, pero resistió hasta los 93)

Hoy Jame Blunt cumple 52 años; ya lo felicitamos hace 4 y todavía sigue vivo: parece mentira que aguante tanto el frío y los cuatro años que llevamos ya de guerra en Europa (en alguna ha participado, por si no lo sabíais)

Un mirall al metro

Al metro, ella em mira com si em conegués d’una altra vida: dos segons, prou per encendre’m la pell. Fa olor de xampú car i de pressa. Jo duc una corbata que em penja com una excusa i un somriure que no sé si és valent o patètic.

Les portes s’obren. Ella baixa. Jo no.

Em queda el reflex al vidre: jo, clavat al meu seient, fent-me l’heroi d’una història que no he tingut el cor de començar.


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