EL REGRESO DEL MAR
Barrió los faros que alguna vez guiaron tus pasos, lamió las aceras donde aún flotaba tu perfume, trepó las escaleras de sal de los barrios altos dejando un reguero de algas, cartas húmedas y besos sin destino.
Golpeó tu ventana con nudillos de espuma, pero solo respondió el silencio tibio del té apagado y el eco de una canción que ya no suena.
El mar te buscó en las plazas, apagó cigarrillos en los bancos donde esperabas, arrastró conchas hasta dibujar tu nombre en la arena, y al no hallarte, se deshizo contra mi pecho.
Lo sentí bramar dentro de mí, como si cada ola quisiera borrar la frontera entre tu cuerpo y el mío.
Entonces lo entendió: no estabas en la costa ni en las calles.
Te habías ido mar adentro, sí… pero no hacia el horizonte.
Te habías hundido en mis mareas, allí donde aún rompen tus recuerdos, donde sigues respirando bajo la espuma de mi corazón.
«Gracias a la libertad de expresión hoy ya es posible decir que un gobernante es un inútil sin que nos pase nada. Al gobernante tampoco.» (Aunque quién escribió esa frase se le etiquetó como humorista, el Perich, era un filósofo del pueblo. Hoy hubiese cumplido 84 años, pero se fue con sus ángeles a los 54. Demasiado joven)
Y hoy, parece mentira, cumple 84 años la mitad del dúo Simon & Garfunkel, estos que me enseñaron a amar el silencio
Quan la llum tremola
El metge va dir que era res, una ombra. Tu vas riure i vas dir que les ombres també abracen. Aquella nit, els teus ulls feien de fanal al passadís; jo caminava darrere, comptant respiracions com si fossin monedes. A la finestra, la ciutat parpellejava i jo et preguntava si la llum es cansa. Vas tancar els ulls un segon i vaig pensar que el món feia silenci per escoltar-te. Quan els vas obrir, hi havia primavera al llit. Encara avui, quan parpellego, t’hi retrobo.
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