sábado, 8 de noviembre de 2025

 EL UNIVERSO

Metal contra metal. Cristales en la boca. Un pitido fijo en el oído. El mundo se me encoge al tamaño del volante y del olor a gasolina.

Luego, silencio. Una paz limpia, como cuando dejas de forzar la respiración y el cuerpo se suelta. Una luz sin sombras, y una voz que no suena, ocurre: “Tu universo empieza cuando naces y termina cuando mueres”. Siento asombro primero, miedo después; un latigazo de insignificancia y, al fondo, una ternura rara por todo lo que di por sentado.

Me veo en la camilla. Yodo, látex, pasos rápidos. En la garganta, la punzada de la culpa por lo no dicho. En el pecho, un golpe de gratitud por lo que sí fue. La voz añade: “Eres dueño de esto; también responsable”. Me cae encima la responsabilidad como una manta pesada que, aun así, abriga.

Abro los ojos. Tubos, luces frías, una enfermera que me aprieta la mano. El dolor es simple: dolor. También la alegría por seguir. Pido agua; sabe a hospital y a esperanza.

Salgo del susto con decisiones pequeñas: llamar, abrazar, escuchar. Hacer sitio a la ternura, no al ruido. Cuidar mi mundo como si fuera el último que queda.

Mi universo continúa. Y esta vez, lo vivo de cerca: con temor cuando toca, con amor siempre, con calma cuando puedo. Porque sí: empieza conmigo y acabará conmigo. Y, mientras tanto, es mío.

«Tuve que casarme para aprender a ver el mundo como es (Hermann Rorschach, nacido el 8 de noviembre de 1884 se hizo famoso porque hizo unas manchas de tinta en unos papeles y preguntaba a la gente que veía; el optó por casarse para saber cómo era el mundo. Sólo lo pudo disfrutar, o no, hasta los 37 años)

Ciertamente el sábado es una continuación del viernes que acaba el domingo. Así nos ahorraríamos dos días de la semana que no sé qué ventajas tiene. Lo que es inexorable es que uno de los caballeros que hizo posible la banda que canta en el vídeo cumple hoy  68 años. 

 


Divendres que no s’acaba

Quan arriba el divendres, el rellotge s’afluixa i la ciutat respira com si algú li destapés les finestres. Em poso la camisa bona, però no per sortir: per recordar-te. Les llambordes brillen, el forn treu pa i el semàfor verd sembla dir endavant. No és amor de cap de setmana; és el batec tossut que s’hi queda quan el dilluns grata. Et miro en el reflex d’un aparador tancat: somrius sense tu. Em dic que demà també. Però avui, avui sí: el món porta la teva veu al compàs.

 

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