MENSAJE AZUL

El móvil vibra sobre la mesa como si tuviera más ganas de vivir que yo. Lo cojo sin mucha fe, esperando otra notificación absurda del banco o del grupo de padres del colegio… pero no.
Mensaje azul.
De esa persona.
“¿Te apetece un café?”
Se me seca la boca. No por el café, precisamente. Miro la frase un rato largo, como si pudiera cambiar de forma si la deseo lo suficiente. El reflejo de mi cara en la pantalla me devuelve unas arrugas nuevas y una sonrisa antigua que creía jubilada.
Los dedos dudan. El corazón, no. Late como cuando tenía veinte años y me enamoraba de quien no tocaba, solo que ahora sé exactamente lo que hago… y lo que me puede romper.
Tecleo, borro. Tecleo, vuelvo a borrar. Hasta que, por fin, me permito el salto:
“Claro que me apetece. A esta edad el café es descafeinado, pero el corazón no.”
Pulso enviar antes de arrepentirme.
El doble tic azul aparece.
Y, por primera vez en mucho tiempo, pienso que quizá todavía estoy a tiempo de llegar tarde a algo bonito.
«Muy al contrario del imperativo categórico de Kant, según el cual toda persona es un fin en sí misma y no un medio, la mujer, en la antigua moral sexual, no ha sido considerada como ser humano, como alma, como persona, sino como cosa, como cuerpo, como medio de placer o como simple engendradora de hijos.» (Decir lo que dijo Helene Stöcker, entre el 13 de noviembre de 1869 y el 24 de febrero de 1943, tenía su mérito… y valentía)
Hoy hace 9 años que partió con 74 años dejándonos una canción para tod@s y que much@s han versionado.
Habitació amb cançó baixa
Quan entres, ja hi sona. No a la ràdio, no al mòbil: et surt de la gola, mal afinada i tendra.
«He escrit una cançó per tu», dius, i em fa gràcia perquè fa anys que ningú m’escriu res.
Seu. El sofà cruix, el teu genoll tremola.
La veu et trontolla al primer vers, però no pares.
Quan acabes, no aplaudeixo. M’acosto, t’agafo la cara amb les dues mans i et dic:
«Repeteix-la.»
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