miércoles, 21 de enero de 2026

LA PEQUEÑA MUERTE DEL CAMBIO


La revolución empezó con una decisión mínima: no repetir.

No fue una escena épica ni un discurso en el espejo. Fue algo más humillante: darme cuenta de que llevaba años viviendo como un equilibrista, sin red, pero también sin moverse de sitio. Sorteando lo malo con una habilidad triste. Evitando la caída, que es otra forma de renunciar al salto.

Los cambios siempre me han parecido una palabra limpia, casi optimista. Pero cuando llegan —incluso los que deseas— dejan un poso oscuro. Una tristeza rara, como si perdieras algo sin saber qué. Porque lo que abandonas, por mediocre o pesado que fuera, era tuyo. Te había formado. Y para entrar en otra vida tienes que dejar morir una parte de ti. No de golpe: por goteo. Sin aplausos. Sin testigos.

Lo peor es lo que viene después: la incertidumbre. Ese miedo infantil a que lo nuevo no sea mejor, sino simplemente distinto… y más caro en términos de alma.

Y aun así sigues. Te levantas antes. Desayunas lo que toque. Te organizas, te prometes, te corriges. Como si la suma de decisiones pequeñas fuera a construir un destino estable. Como si el control existiera de verdad.

Pero hay días en los que lo entiendes: el cambio no se encuentra buscándolo. Como el amor. Como las oportunidades. Como esas frases que te arreglan una tarde y no sabes de dónde salen. No se cazan: te pasan. Te atropellan suave, a veces, o te rozan y ya está.

Y ahí aparece una idea incómoda: quizá no somos más que personajes caminando, esperando que alguien nos escriba con un poco de sentido. Una ficción que busca narrador, no por vanidad, sino por supervivencia.

Hoy he hecho el primer movimiento. Pequeño. Ridículo. Irreversible.

Y ahora estoy aquí, con esa tristeza inevitable, mirando lo que viene.

No sé si será mejor.

Pero sé que ya no puedo volver a ser el de antes, aunque lo intentara. 

«El mártir del siglo XXI, sin duda, es la mujer.» (Jesús María Hernández Gil más conocido como Txus di Fellatio, es un músico y, según él, poeta que nació hoy hace 56 años. Le felicitamos por ello y no por la frase que adolece de un desconocimiento histórico: la mujer lleva siglos siendo mártir)

Chris Kilmore, cumple hoy 53 años y espero que sus obligaciones artísticas y de otro tipo le hayan permitido sacarse el carné de conducir. Se ahorrará muchas multas y ese será un gran cambio en su vida.

Les mans al volant

Vaig sortir de casa amb el cap ple de sirenes i la butxaca plena d’excuses. A la primera rotonda, el meu pare mort em va seure al seient del copilot, sense cinturó, com sempre.

—No ho pots controlar tot —va dir, mirant la meva mà tremolosa al volant.

El semàfor es va posar vermell com una vergonya antiga. Em vaig adonar que conduïa com si la por fos el GPS: evitant carrers, evitant gent, evitant-me.

Vaig apagar la ràdio. I, per primer cop, vaig sentir el motor: era meu.




No hay comentarios:

Publicar un comentario