sábado, 9 de mayo de 2026

 

PASAR PÁGINA


En el vestuario todavía olía a linimento, a césped mojado y a esa electricidad fea que queda después de una pelea. Las taquillas seguían abiertas como bocas de metal. Una bota estaba tirada en medio del suelo. Nadie la recogía, quizá porque en los grandes clubes hasta las botas esperan instrucciones del departamento de comunicación.

Alguien limpió unas gotas de sangre con una toalla blanca. Error. Las toallas blancas tienen la mala costumbre de recordar demasiado.

Dos jugadores, dos escudos andantes, dos cuentas corrientes con piernas, habían confundido el entrenamiento con una reyerta de bar sin barra. Uno salió con la cabeza tocada. El otro con la dignidad en régimen de alquiler. El club, que para estas cosas siempre tiene una calculadora más rápida que la conciencia, impuso una sanción ejemplar: quinientos mil euros a cada uno.

Ejemplar.

La palabra quedó flotando en la sala como un chiste mal contado.

Quinientos mil euros. Una cifra enorme para casi todo el mundo. Una hipoteca, varias vidas, la tranquilidad de una familia, la matrícula de unos hijos, la vejez de unos padres. Para ellos, en cambio, sonaba a multa de aparcamiento en una zona azul con palco VIP.

Al día siguiente, los periódicos hablaron de tensión, carácter, competitividad, temperamento ganador. A la violencia, cuando viste camiseta cara, se le busca siempre un sinónimo deportivo. Si ocurre en una calle cualquiera, se llama agresión. Si ocurre detrás de una puerta con el escudo adecuado, se llama incidente interno.

Hoy salió el entrenador.

Tenía cara de hombre que sabe que su silla ya hace ruidos raros, pero aún se sienta con cuidado por si cuela. Miró a las cámaras, respiró como respiran los que vienen a vender serenidad envasada, y dijo:

—Valverde y Tchouameni representan muy bien el Real Madrid y se merecen que pasemos página.

Nadie preguntó por la página anterior.

Nadie preguntó si una cabeza golpeada se archiva con membrete del club. Nadie preguntó si los chavales que ven fútbol para aprender ídolos también aprenden que un golpe se paga por transferencia. Nadie preguntó dónde empieza la ejemplaridad cuando termina la rueda de prensa.

En una casa cualquiera, un niño escuchó la frase en el telediario mientras hacía los deberes. Su padre, que no llegaba a final de mes ni con prórroga, apagó la televisión.

—Papá, ¿si pagas mucho puedes pegar?

El padre tardó en contestar. No porque no supiera la respuesta.

Sino porque, por un momento, tuvo miedo de que el mundo ya la hubiese contestado por él.

«Incluso una orden del emperador retirado debe revocarse si no es adecuada.» (Sería bueno que en los tiempos que corren nos hubiésemos leído la frase Minamoto no Yoritomo nacido el 9 de mayo de 1147. Pero aquí estamos: sentad@s cómodamente en el sofá aguantando lo que nos echen)

Richie Furay uno de los músicos de la banda Buffalo Springfield cumple hoy 82 años y componía y cantaba, junto a los compañeros de banda, canciones como la del vídeo.


El soroll abans del silenci

Ningú sabia ben bé qui havia començat. Un crit, una empenta, una sirena llunyana. La plaça es va omplir de gent que mirava sense mirar, com si la por fos un aparador.

—No passa res —va dir un home amb les mans a les butxaques.

Llavors una noia va aixecar un cartell en blanc.

No deia res. Per això ho deia tot.

La policia va avançar.

I, pel que valgui, aquell dia el silenci va fer més soroll que totes les bales.


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