sábado, 20 de junio de 2026

 

ANÁLISIS IRRELEVANTE


El juez José Luis Calama entró en la sala con tres carpetas, dos bolígrafos y la expresión de quien sospecha que la verdad ha aparcado en doble fila.

Frente a él estaba José Luis Rodríguez Zapatero, expresidente del Gobierno, consultor internacional y, según iba a descubrirse aquella mañana, especialista en trabajos que no dejan huella porque la huella, como todo el mundo sabe, estropea mucho el parqué.

—Empecemos por Análisis Relevante —dijo el juez—. ¿Tenía usted contrato?

—No.

—¿No?

—Teníamos confianza.

El juez anotó algo.

—Comprendo. ¿Y cuánto cobraba por la confianza?

—Una cantidad global.

—¿Global de cuánto?

—Dependía del globo.

Calama levantó la vista. Zapatero mantenía aquella sonrisa suya capaz de anunciar una crisis económica como si acabara de encontrar aparcamiento en el centro de Madrid.

—Según la documentación, usted cobró cerca de medio millón de euros.

—Es que era una confianza de alta intensidad.

—¿Y qué trabajo realizaba?

—Consultoría.

—Eso ya lo sé. Le pregunto qué hacía.

—Consultaba.

—¿A quién?

—A mí mismo, principalmente. Soy una persona que se consulta mucho y suele quedar bastante satisfecha con las respuestas.

El juez respiró hondo.

—¿Redactaba informes?

—No necesariamente.

—¿Entonces qué entregaba al cliente?

—Conocimiento.

—¿Por escrito?

—El conocimiento pierde mucho cuando se escribe. Pasa como con las promesas electorales.

Calama abrió la segunda carpeta.

—Aquí aparecen reuniones, viajes y comidas.

—Ahí tiene usted los informes.

—Esto es una agenda.

—Una agenda bien interpretada es un informe. Y un informe mal interpretado puede acabar siendo una agenda judicial, como estamos comprobando.

El juez se quitó las gafas, las limpió y volvió a ponérselas. Quería asegurarse de que el interrogado seguía allí y no era una alegoría.

—Hablemos de Plus Ultra. ¿Tuvo relación con sus responsables?

—Prácticamente ninguna.

—Pero elaboró informes para la compañía.

—Sí.

—Sin hablar con la compañía.

—Exacto.

—¿Cómo sabía lo que necesitaban?

—Soy consultor, señoría. Si tuviera que hablar con los clientes, sería camarero.

Calama hojeó unos papeles.

—Consta una conversación telefónica.

—No la recuerdo.

—Duró once minutos.

—Eso explicaría que no la recuerde. Mis conversaciones importantes duran más.

—También consta un almuerzo con sus responsables.

—Eso sí. Pero comer con alguien no significa tener relación con él. De ser así, yo estaría casado con la mitad de los camareros de Madrid.

—¿Intervino en el rescate de la aerolínea?

—No. Es una verdad incuestionable.

—Aquí las verdades se cuestionan. Por eso se llama interrogatorio.

—Pues retiro lo de incuestionable. Dejémosla en verdad con derecho a recurso.

El juez sacó otra hoja.

—En unos mensajes hablan de usted como «nuestro pana Zapatero».

—No puedo responsabilizarme de lo que dicen terceros.

—También hablan de una «vía Zapatero».

—Habrá muchas vías con mi nombre. Fui presidente. Lo preocupante sería que hubieran construido una autopista y me cobraran el peaje.

—¿Habló con algún miembro del Gobierno sobre el rescate?

—Con nadie.

—¿Y con el Banco Santander?

—Eso fue distinto. Hice una gestión para que recibieran a los responsables de la aerolínea.

—¿Una gestión?

—Sí, pero sin influencia.

—¿Cómo se hace una gestión sin influencia?

—Con educación. Uno llama, pide un favor y, si se lo conceden, procura no influir demasiado en el agradecimiento.

El juez apoyó los codos sobre la mesa.

—Señor Rodríguez Zapatero, según lo que usted explica, no tenía contrato, recibía los encargos verbalmente, no trataba apenas con el cliente, no redactaba necesariamente los informes definitivos y, aun así, cobraba cantidades importantes.

—Dicho así parece extraño.

—Lo ha dicho usted.

—Por eso parece extraño. Yo lo explicaría de otra manera.

—¿Cómo?

—Era una relación profesional basada en la confianza, el pensamiento estratégico y la ausencia de papeles innecesarios.

—Desde mi perspectiva, la empresa parece creada para cobrar comisiones.

—Eso es una conjetura.

—Puede ser, pero tiene que comprender que yo no soy una madre abadesa.

Zapatero guardó silencio unos segundos.

—Me tranquiliza, señoría. Durante toda la mañana había temido estar declarando en un convento.

Calama abrió la tercera carpeta.

—Ahora vamos con las joyas.

—De eso no declararé.

—¿Por qué?

—Porque está recurrido.

—El recurso no suspende el interrogatorio.

—Pero suspende mucho el ánimo.

El juez cerró las carpetas. Parecía cansado. Zapatero, en cambio, conservaba el rostro sereno de quien ha sobrevivido a dos legislaturas, una crisis financiera y varias horas explicando un negocio cuya principal materia prima era la confianza ajena.

—Una última pregunta —dijo Calama—. ¿Sabe qué es una sociedad offshore?

—No.

—¿Nunca ha oído hablar de ellas?

—Jamás.

—Son sociedades creadas en determinados territorios para obtener ventajas fiscales o mantener cierta opacidad.

Zapatero meditó la explicación.

—Entonces no debería llamarse offshore.

—¿Y cómo la llamaría usted?

—Análisis Irrelevante.

El juez dio por concluida la sesión.

Al salir, un periodista preguntó al expresidente cómo había ido el interrogatorio.

—Muy bien —respondió—. El juez hacía preguntas y yo daba respuestas.

—¿Y coincidían?

—No siempre. Pero eso habría convertido el interrogatorio en un contrato.

—¿Y qué tiene de malo un contrato?

Zapatero sonrió.

—Que deja huella.

«En una democracia, los ciudadanos deben amar la igualdad, respetar los derechos de sus conciudadanos y unirse al Estado mediante vínculos comunes de afecto.» (Cuando he leído la frase de Adam Ferguson nacido el 20 de junio de 1723 para ser filósofo, me ha entrado la risa; sobre todo lo del “vínculo de afecto al estado”. Y es que acabo de hacer la declaración del IRPF)

John Taylor es el bajo que se oye en el vídeo de Durán, Duran, Ordinary World. Hoy cumple 66 años y por eso traemos aquí la canción que ya dura unos 34 años.



La tassa que faltava

Després de l’enterrament, va tornar a casa i va trobar dues tasses damunt la taula. En va guardar una a l’armari, però l’endemà reaparegué al mateix lloc.

No va tenir por. Li va servir te, va seure davant la cadira buida i li explicà el dia: el pa massa torrat, la veïna que cantava fatal, el gos que havia tornat a fugir.

Durant mesos, aquella tassa va escoltar-lo.

Un matí ja no hi era.

Ell va somriure, va obrir la finestra i sortí al carrer. El món continuava sent vulgar.

Per fi, també era seu.



3 comentarios:

  1. Se va liberar de su rutina!
    perdona no escribo bien en catalán! 💚

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    1. Durante una temporada que adivino muy larga. Tranquil@ pero cada cuál se expresa como mejor sabe.

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  2. Se va liberar de su rutina!
    perdona no escribo bien en catalán! 💚

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