lunes, 29 de junio de 2026

 

CAPRICHOS

 


Estoy de mal humor.

No ha ocurrido ninguna tragedia. Nadie ha muerto, no me han embargado la casa y, que yo sepa, mi vida continúa instalada en esa confortable «situación privilegiada» que algunos utilizan para explicarme cómo debo sentirme.

—Lo tuyo es un capricho —me han dicho.

Al parecer, quienes disfrutamos de cierta estabilidad tenemos la obligación moral de levantarnos cada mañana con una sonrisa beatífica, dar gracias al universo y soportar las estupideces ajenas con la serenidad de un monje tibetano bien alimentado.

¡Hay que joderse!

Ahora resulta que mi posición social no solo determina lo que puedo comprar, sino también las emociones que tengo permitidas. Puedo pagar una cena, pero no enfadarme si me sirven la insensatez en el primer plato y la impertinencia de postre. Tengo derecho a una vivienda, a vacaciones y quizá hasta a un plan de pensiones, pero no a un cabreo decente cuando alguno de mis congéneres me patea la paciencia y después me explica que no debería dolerme porque hay gente mucho peor.

Como sigamos así, acabarán creando un impuesto sobre los sentimientos. Quien supere cierto nivel de renta deberá presentar una declaración complementaria cada vez que se irrite. La tristeza tributará como lujo. La indignación llevará recargo. Y para tener una mala tarde habrá que acreditar previamente una desgracia homologada por la Administración.

Mientras tanto, los desheredados de la tierra —que, por lo visto, son todos los que me rodean— conservarán la exclusiva de la queja, la irritación, la bondad, la pureza, la ingenuidad y, por supuesto, la verdad absoluta. Ellos no tienen mal humor: tienen conciencia social. No sufren berrinches: padecen legítimas indignaciones. Sus caprichos, al contrario que los míos, siempre vienen con certificado de pobreza.

Debe de ser otro privilegio.

El de poder juzgar la vida de los demás sin haberla vivido.

«Multitudes de individuos buscan a un profeta, pero casi siempre encuentran a un Führer» (La frase que es exactamente lo que sucede cuando se ponen “prietas las filas” en determinados congresos de los partidos políticos, es de Slawomir Mrozek nacido el 29 de junio de 1930. Su carácter lo define otra de sus célebres frases: “El mundo me estorba para vivir”)

Ian Paice, baterista británico, de la banda Deep Purple le metía decibelios a much@s que conducían por la autopista y seguían su ritmo. El debe ser prudente porque hoy cumple 78 años. 

L’últim revolt

En Pau conduïa com si la carretera li degués una explicació. El motor rugia, els fars esquinçaven la nit i cada revolt deixava enrere una promesa incomplerta.

A l’última recta va veure una dona fent autoestop. Va frenar. Ella va pujar sense dir res.

—On vas?

—Al mateix lloc que tu.

Pau va riure i va accelerar.

Quan va mirar pel retrovisor, el seient era buit. Al davant, un cartell anunciava:

Pau Riera, 1964-2026. Descansa en pau.

Per primera vegada, va aixecar el peu de l’accelerador.


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