EL
ÚLTIMO LECTOR
La inteligencia artificial
escribió la novela en cuatro segundos. Otra la corrigió en dos. Una tercera
fabricó una reseña entusiasta, cinco entrevistas al autor y una polémica en las
redes.
El libro vendió tres millones
de ejemplares sin que nadie lo abriera.
Solo un anciano pidió leerlo.
La plataforma tardó varios
minutos en responder. No encontraba esa opción.
Al final apareció un mensaje:
—Actividad humana detectada.
¿Desea denunciarla?
«El niño, para ser educado,
necesita camino libre, trazarse por sí mismo la trayectoria de sus actividades»
(El maestro no debe imponer permanentemente el camino, sino permitir que el
niño explore, se equivoque y aprenda a dirigir su propia vida. Por esa idea a Antoni
Benaiges nacido el 26 de junio de 1903 para ser maestro, lo torturaron y
asesinaron los falangistas en 1936)
Adrian Gurvitzcumple hoy 77 años y no es demasiado conocido aunque él siempre ha dicho que era un clásico. En inglés, eso si.
L’última correcció
Es va tancar a les golfes disposat a escriure una cançó immortal sobre
ella.
Durant quaranta anys va
canviar verbs, va eliminar adjectius i va afegir silencis. Quan finalment la
considerà perfecta, baixà l’escala amb el full tremolant entre els dits.
Ella encara era a la cuina.
—Ja l’has acabada?
—Sí. Ara ningú no t’oblidarà.
La dona llegí la lletra, hi corregí una coma i somrigué.
—Has trigat tant que ja no recordo qui érem.

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