DESPUÉS
DE LA ÚLTIMA CANCIÓN
Puso el vinilo que ella
odiaba.
La aguja cayó con un chasquido
y, durante unos segundos, solo hubo polvo sonando contra el tiempo.
Él se sentó en el suelo. La
casa estaba vacía desde hacía tres meses, pero aún quedaba un rectángulo más
claro donde estuvo el sofá y dos marcas en la pared que ningún pintor habría
sabido borrar.
Cuando empezó la canción,
cerró los ojos.
No la echó de menos a ella.
Echó de menos al hombre que
era cuando ella aún estaba.
La aguja llegó al final.
Y siguió girando.
Él también.
«Donde hay perfecta libertad
de examen, existe la mayor probabilidad posible de que la verdad sea finalmente
alcanzada.» (La frase es de Samuel Bailey nacido el 5 de julio de 1791 para ser
filósofo y escritor; no me consta que a pesar de ser británico tuviera nada que
ver con aquella bebida que tanto gustaba -o gusta- a la señoras)
La carretera no perdona
Quan el metge li va dir que
caminés mitja hora al dia, l’Arnau va somriure com si li haguessin tornat les
claus del món. Va treure la moto del garatge, coberta de pols i excuses, i va
arrencar abans que la prudència el trobés.
A la primera corba li van
cruixir els ossos.
A la segona, els anys.
A la tercera, ja no era un
jubilat fugint de casa: era un llop vell ensumant, per fi, l’aire.

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