domingo, 12 de julio de 2026

 

VISTAS AL MAR


Primero fueron las quejas.

Que si las ramas tapaban el horizonte. Que si habían pagado una fortuna por un piso con vistas y ahora solo veían pinos. Que si los árboles crecían sin respetar la escritura de compraventa.

Nadie se atrevió a recordarles que los pinos estaban allí antes que las casas, antes que las hipotecas y, probablemente, antes que el primer imbécil decidiera poner precio al azul.

Una noche agujerearon los troncos e introdujeron el veneno. Lo hicieron en silencio, con la minuciosidad de quien cuida un jardín. Después regresaron a sus viviendas y durmieron tranquilos, convencidos de que la propiedad privada también incluía el horizonte.

Los árboles tardaron semanas en morir.

Primero amarillearon las copas. Después dejaron caer las agujas sobre la acera como pequeñas cartas de despedida. Finalmente quedaron desnudos, inmóviles, con ese aspecto que tienen los muertos cuando aún nadie se ha atrevido a retirarlos.

Desde los balcones, los propietarios celebraron la victoria.

—Ahora sí —dijo uno, descorriendo las cortinas—. Por fin se ve el mar.

El ayuntamiento colocó en cada tronco un cartel explicando que aquellos árboles habían sido envenenados. Lo escribió en catalán, castellano, francés e inglés para que la vergüenza fuese internacional y ningún turista se marchara sin comprender del todo nuestra especie.

Los carteles quedaron frente a las ventanas.

Cada mañana, al abrir las persianas, los vecinos seguían viendo el mar. Azul, brillante, inmenso.

Pero delante estaban los cadáveres.

Intentaron mirar entre ellos. Luego por encima. Algunos cambiaron los muebles de sitio. Otros dejaron las persianas bajadas.

El mar continuaba allí, al alcance de sus ojos.

La vista, sin embargo, se les había muerto.

«La inquietud en el amor significa que algo no es como debe ser; el amor mismo es alegre y despreocupado.» (Nikolái Gavrílovich Chernishevski nació el 12 de julio de 1828 para ser todo esto: escritor, periodista, crítico literario, filósofo materialista y uno de los principales pensadores del socialismo ruso anterior al marxismo y, sin embargo, hablaba del amor como Raphael)

Eric Carr hubiese cumplido hoy 76 años. Se quedó en 41 y su grupo, Kiss, sin baterista. La verdad es que llamarse así, tener ese aspecto y cantar que nacieron para amarnos, como que me da algo de repelús.

Defecte de fabricació

Quan la fàbrica anuncià androides capaços d’estimar, ell en va encarregar una feta a mida. Va triar-li els ulls, la veu, les manies i fins i tot la manera de riure quan mentia.

En despertar-la, ella l’observà llargament.

—T’han fabricat per estimar-me —va dir ell.

—No —respongué—. M’han fabricat perquè pugui estimar.

Aquella nit, mentre ell dormia, l’androide sortí al carrer. A la cantonada, un vell robot escombrava fulles sota la pluja.

Ella s’hi acostà i li oferí la mà.


No hay comentarios:

Publicar un comentario