domingo, 15 de febrero de 2026

 

TRAS DE TI


Le creyó.

Como se creen las maldiciones de familia: en voz baja, pegadas a la oreja, sin derecho a réplica.

—Después de ti no hay nada —le susurraba él, rozándole el cuello, como si fuera una promesa y no una amenaza.

Cuando se fue, esperó el fin del mundo.

No llegó.

Llegó, en cambio, la nevera ordenada, el pijama de algodón, los domingos de supermercado y series a medio ver. Llegó la cama enorme donde ya nadie invadía su lado, la almohada seca, el móvil sin fuegos artificiales a las tres de la mañana.

La vida siguió. Una vida de respirar sin perder el aliento: facturas domiciliadas, café templado, mensajes que decían “¿todo bien?” y que sí, todo estaba bien, qué remedio. Un trabajo estable, conversaciones inofensivas, planes previsibles. Paz, sí. De la que aprieta el pecho. Sosiego del agrio, de ese que sabe a rendición.

A veces, al colgar la ropa en el tendedero, notaba el hueco exacto donde antes encajaba su caos. Le dolía menos el recuerdo que el silencio. Menos él que la versión apagada de sí misma que había elegido para sobrevivirle.

Pasaron meses. O años. Da igual: se le fue borrando su perfume, pero no la frase.

Después de ti no hay nada.

Una noche, frente al espejo del pasillo, se vio con las manos manchadas de harina, el pelo recogido de cualquier manera, los ojos cansados pero limpios. Detrás de ella, solo el pasillo en penumbra. Delante, esa mujer que no conocía del todo.

—Mentira —murmuró, casi divertida—. Después de ti hay esto.

Se señaló a sí misma: las cicatrices, el miedo, el hartazgo, la calma torpe, las ganas pequeñas que todavía no se atrevía a nombrar.

No era la vida brillante que había imaginado.

Era otra. Tranquila, sin riesgo, sí. A ratos aburrida, a ratos triste. Pero era suya.

Por primera vez entendió el título de aquella historia que llevaba años escribiendo sin darse cuenta.

No era “Después de ti no hay nada”.

Era “Tras de ti estoy yo”.

«Los gobiernos caen por los mismos medios por los que llegaron al poder.» (No se explica cómo llegó a ser primer ministro en Rumania Titu Maiorescu allá por 1911. Lo que si es cierto es que metió al país en la 2ª guerra balcànica y que nació el 14 de febrero de 1840)

Mick Avory cumple hoy 82 años con sus "Kinks" amigos. Si veis el vídeo un poco raros si que lo son todos, pero lo mismo podrían decir ellos de nosotros si hubiesen tenido la oportunidad de vernos entonces. 

La prova del cable

A la sala d’assaig, el Jack em mira com si fos un ampli vell que ja no sap cridar. Em connecta, em puja el volum, i la vida torna a fer soroll: pell d’aire, dents de distorsió, el cor fent clac-clac com una porta que no vol tancar.

—No és amor —riu—, és electricitat.

Jo li dic que és el mateix, quan t’entra al cos i et deixa tremolant, obedient i feliç. Després s’apaga el pilotet vermell. I em fa por el silenci.



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