miércoles, 27 de mayo de 2026

 

MEMORIA SELECTIVA


Me di cuenta una tarde cualquiera, de esas que no merecen entrar en ningún diario porque solo traen recibos, una lavadora pendiente y el espejo del baño empeñado en trabajar horas extras.

Me estaba poniendo crema en los brazos. No por coquetería, que también, sino porque la piel, a partir de cierta edad, empieza a tener más sed que paciencia. Pasé la mano por el hombro, por la curva del cuello, por esa zona donde antes alguien se detenía como quien encuentra una palabra exacta en mitad de una frase torpe.

Y entonces lo noté.

Mi piel no recordaba todo.

No recordaba las manos que me tocaron sin verme. Ni los besos dados por costumbre, ni aquellas noches en que hice el papel de mujer deseada mientras pensaba en la lista de la compra, en los niños, en la reunión del día siguiente o en si quedaba pan para el desayuno. Tampoco recordaba las torpezas, las prisas, los cumplidos de saldo, los cuerpos que venían a buscar confirmación y no encuentro.

Mi piel, la muy descarada, había hecho limpieza general sin consultarme.

Recordaba, en cambio, una mano en mi cintura mientras sonaba una canción horrible en un bar de carretera. Recordaba una boca que no tuvo prisa. Recordaba la espalda contra una pared fría y aquella risa mía, tan joven, tan impropia, tan poco domesticada. Recordaba incluso lo que yo había decidido olvidar por sensatez, esa palabra que tantas veces usamos para no decir miedo.

Me miré en el espejo. Allí estaba yo. Con mis años, mis marcas, mis pequeñas rendiciones, mis victorias sin testigos. No era la muchacha de entonces. Gracias a Dios. Bastante trabajo me dio sobrevivir a ella.

Pero debajo de la piel seguía viviendo una mujer que no había pedido permiso para quedarse.

Aquella noche apagué la luz antes de acostarme. No por pudor.

Por darle ventaja a la memoria.

«No vemos que todas las crisis vienen de la incapacidad de amar a los demás.» (Al autor de la frase, Buddhadasa nacido el 27 de mayo de 1906, le diría que cada vez hay más personas que nos ponen muy difícil amarlas, así que vamos de crisis en crisis)

Hoy cumple 61 años Amparo Llanos que le da una marcha a la guitarra como nadie. Sin ella no existiría el grupo Dover al que no se le ha dado el reconocimiento que se merecían; claro, no son ni británic@s, ni estadounidens@s.


La porta que respirava

Quan la Marta va demanar que l’alliberessin, ningú va mirar la porta. Tots van mirar el rellotge, el mòbil, la cadira buida del pare. Ella, en canvi, va sentir com el pany li bategava als dits.

Feia anys que vivia dins una casa correcta, amb plantes regades, fotos somrients i una tristesa ben educada.

Va obrir.

A fora no hi havia carrer: hi havia la mateixa Marta, més jove, fumant contra el vent.

—Ja era hora —li va dir.

I van marxar juntes, sense tancar

 


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