CURRICULUM CREPUSCULAR
Don Eusebio leyó su esquela
desde el interior del ataúd.
No fue fácil. La habían
colocado en la tapa y tuvo que incorporarse un poco, cosa incómoda cuando uno
lleva muerto desde el martes.
«Falleció en paz, rodeado de
su familia, después de una larga enfermedad».
Dio tres golpes secos.
Su viuda se desmayó. Sus hijos
retrocedieron. El empleado de la funeraria preguntó si el difunto tenía
marcapasos.
—No estoy conforme —dijo don
Eusebio desde dentro.
Su hijo mayor se acercó al
féretro.
—Papá, estás muerto.
—Eso ya lo pone. Lo que no
aparecen son mis competencias transversales.
Hubo un silencio bastante más
incómodo que el habitual en los velatorios.
—Cuarenta años trabajando
—continuó— y ni una palabra sobre mi liderazgo, mi capacidad para resolver
conflictos o mi adaptación al cambio.
—Pero, papá…
—¿Qué mejor prueba de
adaptación que morirse de repente?
La familia acabó cediendo.
Llamaron al periódico y modificaron la esquela:
«Don Eusebio destacó por su
resiliencia, su orientación a resultados, su capacidad de trabajo en equipo y
su experiencia en entornos de alta presión».
El muerto volvió a golpear la
tapa.
—Falta la disponibilidad.
—¿Qué disponibilidad?
—Inmediata. Ahora mismo no
tengo ningún compromiso laboral.
Su viuda pidió que cerraran el
ataúd con llave. El director de la funeraria, que había trabajado muchos años
en recursos humanos, le dio la razón.
Antes de introducirlo en el
nicho, añadieron una última frase:
«Deja un vacío difícil de
cubrir».
Don Eusebio sonrió.
Era la primera vez que una
empresa admitía que no podía sustituirlo.
«El tuit del día nunca
sustituirá una buena historia con principio, desarrollo y final.» (Eso que dijo
Patricia Nell Warren después de su nacimiento el 15 de junio de 1936 es lo que
digo yo: la inmediatez digital nunca desplazará la memoria, la tradición oral y
las historias que permiten comprender el pasado)
Muff Winwood hoy cumple 83 años aunque sus días de gloria fueron allá por 1966 cuando se preguntaba si aún le querían sin saber que el amor que se va ya no vuelve.
Una mica més
Va entrar al bar quan ja
recollien les cadires. Duia la camisa oberta, el somriure cansat i aquella
manera de mirar que sempre arribava abans que ell.
—Encara em vols? —va
preguntar.
Ella va deixar el got sobre el
taulell.
—Voler-te, sí. Aguantar-te és
una altra cosa.
La música va començar a
sacsejar els vidres. Ell li va allargar la mà. Ella va dubtar només un segon.
Van ballar com quan tenien
vint anys, però amb més cicatrius i menys temps.
A vegades, l’amor no torna.
Només demana una última cançó.

Jaja este es muy bueno!
ResponderEliminar¡Gracias por el comentario! :D ...
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