martes, 28 de julio de 2026

 

COMUNICACIÓN FEHACIENTE


Dejaron de hablarse un martes, después de discutir sobre quién había dejado caducar el seguro del coche.

El miércoles, ella le envió un burofax:

«Se le requiere para que retire los calcetines depositados junto al sofá en el plazo improrrogable de veinticuatro horas».

Él contestó mediante conducto notarial:

«Esta parte niega que las prendas referidas sean de su propiedad y solicita prueba pericial».

A partir de entonces, todo fue más ordenado.

Las cenas se convocaban mediante diligencia. Las compras se comunicaban por correo certificado. Para usar el baño fuera del horario habitual era necesario presentar una solicitud con copia para la otra parte.

Incluso el sexo quedó sujeto a requerimiento previo, consentimiento expreso y posibilidad de recurso. Dejaron de practicarlo porque ninguno quería asumir las costas.

Una noche, ella encontró sobre la mesa una demanda de divorcio. La leyó despacio, corrigió dos faltas de ortografía y añadió en el margen:

«Me opongo».

Él salió del dormitorio.

—¿Por qué?

Era la primera palabra que se decían en seis meses.

Ella lo miró como se mira a un testigo que, por fin, ha decidido decir la verdad.

—Porque todavía te quiero.

Él quiso abrazarla, pero se detuvo a medio camino.

—¿Eso consta por escrito?

Ella rompió la demanda.

—Ahora sí.

«El pensamiento sin acción no es más que dialéctica abstracta; la acción sin pensamiento nos somete al azar, a la pasión o a la violencia.» (Émile Boutroux filósofo francés nacido el 28 de julio de 1845 para enseñarnos que no debemos ser elementos pasivos del mundo que nos rodea. Hay que pasar a la acción del Pensamiento y viceversa)

Richard Wright era el que le daba a las teclas en la banda Pink Floyd. Hubiese cumplido hoy 83 años, pero a los 65 se cansó de estar por aquí.

La cadira que respirava

Cada vespre, l’avi parava taula per a dos. Deia que la cadira buida tenia gana i li servia una mica de sopa. Ningú no gosava corregir-lo.

Quan va morir, vam vendre els mobles, excepte aquella cadira. La mare la va deixar al menjador, davant del seu plat.

Ahir, durant el sopar, va cruixir tota sola.

La mare va somriure, va omplir un segon bol i va dir:

—Ja era hora. Pensava que no sabries tornar.



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