COMUNICACIÓN
FEHACIENTE
Dejaron de hablarse un martes, después
de discutir sobre quién había dejado caducar el seguro del coche.
El miércoles, ella le envió un burofax:
«Se le requiere para que retire los
calcetines depositados junto al sofá en el plazo improrrogable de veinticuatro
horas».
Él contestó mediante conducto notarial:
«Esta parte niega que las prendas
referidas sean de su propiedad y solicita prueba pericial».
A partir de entonces, todo fue más
ordenado.
Las cenas se convocaban mediante
diligencia. Las compras se comunicaban por correo certificado. Para usar el
baño fuera del horario habitual era necesario presentar una solicitud con copia
para la otra parte.
Incluso el sexo quedó sujeto a
requerimiento previo, consentimiento expreso y posibilidad de recurso. Dejaron
de practicarlo porque ninguno quería asumir las costas.
Una noche, ella encontró sobre la mesa
una demanda de divorcio. La leyó despacio, corrigió dos faltas de ortografía y
añadió en el margen:
«Me opongo».
Él salió del dormitorio.
—¿Por qué?
Era la primera palabra que se decían en
seis meses.
Ella lo miró como se mira a un testigo
que, por fin, ha decidido decir la verdad.
—Porque todavía te quiero.
Él quiso abrazarla, pero se detuvo a
medio camino.
—¿Eso consta por escrito?
Ella rompió la demanda.
—Ahora sí.
«El pensamiento sin acción no es más que
dialéctica abstracta; la acción sin pensamiento nos somete al azar, a la pasión
o a la violencia.» (Émile Boutroux filósofo francés nacido el 28 de julio de 1845
para enseñarnos que no debemos ser elementos pasivos del mundo que nos rodea. Hay
que pasar a la acción del Pensamiento y viceversa)
Richard Wright era el que le daba a las teclas en la banda Pink Floyd. Hubiese cumplido hoy 83 años, pero a los 65 se cansó de estar por aquí.
La cadira que respirava
Cada vespre, l’avi parava taula per a dos. Deia que
la cadira buida tenia gana i li servia una mica de sopa. Ningú no gosava
corregir-lo.
Quan va morir, vam vendre els mobles, excepte
aquella cadira. La mare la va deixar al menjador, davant del seu plat.
Ahir, durant el sopar, va cruixir tota sola.
La mare va somriure, va omplir un segon bol i va
dir:
—Ja era hora. Pensava que no sabries tornar.

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