EL FONDO
Cae.
No
intentes sujetarte a nada. Hay ramas que solo retrasan el golpe y manos que se
apartan cuando más las necesitas.
Desplómate.
Húndete. Desciende hasta ese lugar donde ya no alcanzan las palabras de
consuelo ni las promesas que te hiciste cuando todavía creías que bastaba con
ser fuerte.
Baja
hasta el fondo de tus miserias. Allí donde guardas la cobardía, la culpa, las
derrotas que ocultas y ese miedo que nunca te atreviste a nombrar. Míralo todo.
Sin excusas. Sin testigos. Sin la dignidad impostada con la que sales cada
mañana a la calle.
Y
después ríndete.
Pero
ríndete de verdad. No para morir, sino para dejar de luchar contra lo
inevitable. Para comprender que algunas batallas no se ganan: se atraviesan.
Que sobrevivir no consiste en permanecer intacto, sino en aprender a respirar
entre los escombros.
Solo
cuando hayas perdido cuanto creías ser, descubrirás aquello que nadie pudo
arrebatarte.
Entonces
levantarás la cabeza.
No
porque hayas vencido.
Sino
porque sigues aquí.
«La gratitud es una palabra que no figura, en ninguna lengua, en el diccionario político.» (Auguste Beernaert nacido el 26 de julio de 1829 para ser premio nobel de la paz 80 años después. Cuando un@ polític@, de es@s hay much@s, te agradezca algo ponte a temblar: te está haciendo un bocadillo)
Bobby Hebb fue el autor de Sunny que, para no llamarla la chica caliente, dijo que era la mujer que traía el sol. Hoy hubiese cumplido 88 años pero se quedó en los 72.
La
dona que portava el sol
La
Sunny venia cada dimarts a netejar els vidres del tanatori. Ningú no sabia el
seu nom veritable, però somreia com si acabés d’inventar el matí.
Un
dia va reconèixer, darrere d’un dels vidres, l’home que l’havia abandonada
quaranta anys abans.
Va
deixar el drap, va entrar a la sala i li va fer un petó al front.
—Gràcies
per haver marxat —va dir.
En
sortir, plovia.
Però
tots els paraigües van començar a tancar-se.

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