sábado, 25 de julio de 2026

 

PRIMERO FUE LA CERVEZA


Dicen que el ser humano no inventó la agricultura por hambre.

El hambre ya existía y, como tantas otras desgracias, se soportaba. Lo verdaderamente insoportable era quedarse sin cerveza.

Todo empezó en una cueva, junto a una hoguera y dentro de una vasija donde alguien había olvidado una mezcla de grano y agua. Pasaron unos días. La papilla fermentó, adquirió un aspecto dudoso y empezó a desprender un olor que aconsejaba tirarla o bebérsela.

Ganó la curiosidad.

El más atrevido hundió los labios en el recipiente. Bebió un trago, puso cara de haber descubierto una religión y levantó la vasija por encima de su cabeza.

—Esto no es sopa.

—¿Entonces qué es? —preguntó el prudente, que en todas las épocas ha existido alguien encargado de retrasar los avances.

El visionario volvió a beber.

—No lo sé. Pero quiero más.

Probaron los demás.

La bebida era turbia, espesa y probablemente contenía algún insecto con vocación de náufrago. Aun así, al tercer cuenco el frío pareció menos frío, la cueva más acogedora y el enemigo de la tribu vecina un hombre razonable con el que se podía hablar, siempre que trajera otra jarra.

Cantaron sin conocer la letra. Bailaron sin haber inventado todavía el baile. Uno abrazó a una piedra durante largo rato y aseguró después que había sido ella quien había dado el primer paso.

Al amanecer, mientras todos intentaban averiguar quién había apagado el interior de sus cabezas, alguien formuló la pregunta que cambiaría la historia:

—¿Queda más?

No quedaba.

—Necesitamos grano —dijo el visionario.

—Habrá que buscarlo —respondió el cazador.

—¿Y si no encontramos?

Entonces habló el hombre práctico, el primero que comprendió que toda fiesta acaba necesitando un departamento de logística.

—Podríamos plantarlo.

Se hizo un silencio solemne.

—¿Plantar grano para beberlo? —preguntó el prudente.

—Exactamente.

Y así comenzaron a remover la tierra, sembrar, regar y esperar. Inventaron el calendario para saber cuándo estaría lista la cosecha. Levantaron graneros para protegerla. Construyeron casas cerca de los campos para no alejarse demasiado de las existencias. Después llegaron los poblados, los impuestos, los contables y los cuñados que aseguraban haber conocido la receta original.

Cuando apareció el primer brote, el visionario lo señaló emocionado.

—Mirad. El futuro.

El hombre práctico negó con la cabeza.

—No lo llames futuro. Llámalo segunda ronda.

Y tal vez fue así como dejamos de ser nómadas.

No por el pan.

Por aquello con lo que todavía hoy brindamos cuando creemos que hemos conseguido algo.

«La falta de educación es una desventaja extraordinaria cuando uno pretende resultar ofensivo.» (Esto es igual cuando a alquien le haces una broma que no entiende: deja de ser broma. Me ha encantado la frase de Josephine Tey nacida el 25 de julio de 1896 para ser escritora fundamentalmente de novelas de misterio. Como la vida misma.)

Bruce Woodley de la banda The Seekers (Los buscadores) cumple hoy 84 años y ya le pasó, a él y a su grupo, el momentos o momentos de gloria de su grupo. Ahora ya ni les levantan el teléfono cuando llaman.


El mirall adormit

A la Georgy li deien que algun dia aprendria a ser bonica, com si la bellesa fos una assignatura pendent. Ella reia, es cordava l’abric fins al coll i travessava la ciutat sense fer soroll.

Un matí, el mirall del rebedor no la va reconèixer. Li va retornar una dona dreta, amb els ulls oberts i sense cap permís per demanar.

Georgy va sortir al carrer.

No s’havia canviat el pentinat ni el vestit. Només havia deixat de mirar-se amb els ulls dels altres.

I, de sobte, tothom va veure-la.


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