PRIMERO
FUE LA CERVEZA

Dicen
que el ser humano no inventó la agricultura por hambre.
El hambre ya existía y, como
tantas otras desgracias, se soportaba. Lo verdaderamente insoportable era
quedarse sin cerveza.
Todo empezó en una cueva,
junto a una hoguera y dentro de una vasija donde alguien había olvidado una
mezcla de grano y agua. Pasaron unos días. La papilla fermentó, adquirió un
aspecto dudoso y empezó a desprender un olor que aconsejaba tirarla o bebérsela.
Ganó la curiosidad.
El más atrevido hundió los
labios en el recipiente. Bebió un trago, puso cara de haber descubierto una
religión y levantó la vasija por encima de su cabeza.
—Esto no es sopa.
—¿Entonces qué es? —preguntó
el prudente, que en todas las épocas ha existido alguien encargado de retrasar
los avances.
El visionario volvió a beber.
—No lo sé. Pero quiero más.
Probaron los demás.
La bebida era turbia, espesa
y probablemente contenía algún insecto con vocación de náufrago. Aun así, al
tercer cuenco el frío pareció menos frío, la cueva más acogedora y el enemigo
de la tribu vecina un hombre razonable con el que se podía hablar, siempre que
trajera otra jarra.
Cantaron sin conocer la
letra. Bailaron sin haber inventado todavía el baile. Uno abrazó a una piedra
durante largo rato y aseguró después que había sido ella quien había dado el
primer paso.
Al amanecer, mientras todos
intentaban averiguar quién había apagado el interior de sus cabezas, alguien
formuló la pregunta que cambiaría la historia:
—¿Queda más?
No quedaba.
—Necesitamos grano —dijo el
visionario.
—Habrá que buscarlo
—respondió el cazador.
—¿Y si no encontramos?
Entonces habló el hombre
práctico, el primero que comprendió que toda fiesta acaba necesitando un
departamento de logística.
—Podríamos plantarlo.
Se hizo un silencio solemne.
—¿Plantar grano para beberlo?
—preguntó el prudente.
—Exactamente.
Y así comenzaron a remover la
tierra, sembrar, regar y esperar. Inventaron el calendario para saber cuándo
estaría lista la cosecha. Levantaron graneros para protegerla. Construyeron
casas cerca de los campos para no alejarse demasiado de las existencias.
Después llegaron los poblados, los impuestos, los contables y los cuñados que
aseguraban haber conocido la receta original.
Cuando apareció el primer
brote, el visionario lo señaló emocionado.
—Mirad. El futuro.
El hombre práctico negó con
la cabeza.
—No lo llames futuro. Llámalo
segunda ronda.
Y tal vez fue así como
dejamos de ser nómadas.
No por el pan.
Por aquello con lo que
todavía hoy brindamos cuando creemos que hemos conseguido algo.
«La falta de educación es una desventaja
extraordinaria cuando uno pretende resultar ofensivo.» (Esto es igual cuando a
alquien le haces una broma que no entiende: deja de ser broma. Me ha encantado
la frase de Josephine Tey nacida el 25 de julio de 1896 para ser escritora
fundamentalmente de novelas de misterio. Como la vida misma.)
Bruce Woodley de la banda The Seekers (Los buscadores) cumple hoy 84 años y ya le pasó, a él y a su grupo, el momentos o momentos de gloria de su grupo. Ahora ya ni les levantan el teléfono cuando llaman.
A la Georgy li deien que algun dia aprendria a ser
bonica, com si la bellesa fos una assignatura pendent. Ella reia, es cordava
l’abric fins al coll i travessava la ciutat sense fer soroll.
Un matí, el mirall del rebedor no la va reconèixer.
Li va retornar una dona dreta, amb els ulls oberts i sense cap permís per
demanar.
Georgy va sortir al carrer.
No s’havia canviat el pentinat ni el vestit. Només
havia deixat de mirar-se amb els ulls dels altres.
I, de sobte, tothom va veure-la.
No hay comentarios:
Publicar un comentario