ETIQUETA
El hombre dejó el estuche
sobre el mostrador como quien deposita un animal muerto.
—Quisiera devolverlo.
El dependiente, impecable
hasta en la respiración, abrió la caja. Dentro, el collar seguía brillando con
esa insolencia de las cosas que no saben nada. Revisó el ticket, la fecha, el
precio. Después miró al hombre: el abrigo gastado, los puños vencidos, la mano
aferrada al borde del mármol.
No preguntó el motivo. En
aquella tienda, la discreción era otra forma de desprecio.
—Está sin usar —dijo.
El hombre asintió.
Hubo un silencio caro,
perfumado, perfecto. En los ojos del dependiente pasó algo breve: una sospecha,
quizá lástima, quizá el cálculo miserable de quien confunde una derrota con una
mentira. El hombre lo vio. El dependiente supo que lo había visto. Ambos
bajaron la mirada, educadísimos.
Al firmar la devolución, el
hombre dejó caer del bolsillo una tarjeta doblada. Solo se alcanzaba a leer:
“Para cuando vuelvas”.
El dependiente se la devolvió
sin decir nada.
Esta vez, el juicio le pesó a
él.
«Creo que cualquier vida puede
ser interesante; cualquier entorno puede ser interesante» (Alice Munro
nacida el 10 de julio de 1931 para ser premio nobel de literatura en 2013 y
coincidir al 100% conmigo -o yo con ella- en su concepción de la literatura de
los cuentos)
Jessica Simpson cumple hoy 46 años. Por eso dejamos que cante una melodía que no es suya sino de Nancy Sinatra. Y aún así nadie ha aclarado todavía para qué son esas botas.
On havia d’anar
Quan l’Elena va descobrir que
el seu marit tenia una altra vida, no va plorar. Va obrir l’armari, es va
calçar les botes vermelles que ell detestava i va sortir al carrer.
Va caminar fins que la ciutat
va perdre el seu nom i ella va recuperar el propi.
Anys després, en una sabateria
d’un poble llunyà, una noia li preguntà si aquelles botes eren còmodes.
—No —respongué—. Però em van
dur exactament on havia d’anar.

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