SILENCIAR
FAMILIA
Carlos silenció el grupo familiar
después de recibir cuarenta y tres mensajes para decidir quién llevaba el hielo
a una comida a la que no pensaba asistir.
No lo abandonó. Salirse habría provocado
preguntas, reproches y, probablemente, la creación de otro grupo llamado
«Familia sin malos rollos».
Durante meses vio aumentar el número de
mensajes pendientes. Al principio eran cientos; después, miles. Le
tranquilizaba saber que todos seguían allí dentro, hablando sin que él tuviera
que escucharlos.
Una noche abrió el grupo por error.
Encontró felicitaciones, tartas,
fotografías de sobremesas, una discusión política, otra por la venta de la casa
de sus padres, el nacimiento de un niño llamado Leo y el funeral de la tía
Carmen.
Su familia había continuado viviendo con
una facilidad que le pareció casi ofensiva.
Intentó escribir:
«¿Cuándo ha pasado todo esto?»
Entonces descubrió que no podía enviar
mensajes.
«Ya no perteneces a este grupo».
Llamó a su hermana.
—¿Cuándo me expulsasteis?
—¿Te expulsamos? Pensábamos que te
habías ido tú.
Ella preguntó a los demás. Nadie lo
recordaba. Uno dijo que habría sido después de una discusión sobre las
elecciones. Otro, antes del nacimiento de Leo. Su madre aseguró que él seguía
en el grupo.
—Lo que pasa es que nunca dice nada
—añadió.
Antes de cerrar, Carlos volvió hasta el
día de su cumpleaños. Había treinta y dos felicitaciones, siete tartas animadas
y una fotografía suya de cuando todavía tenía pelo.
Su madre había preguntado:
—¿Carlos no piensa dar las gracias?
Su hermana respondió:
—Ya sabes cómo es.
«Una cosa es la utopía y otra la
esperanza» (Joaquín Ruiz-Giménez Cortés Nacido el 2 de Agosto de 1913 para ser catedrático,
politico, abogado español y el primer defensor del pueblo de esta democracia.
Aunque empezó siendo franquista se alejó del regimen hacia posiciones
democratacristianas: Fue el fundador de la revista “Cuadernos para el
diálogo” en 1963, diálogo que hacía mucha falta en aquellos días)
El pes dels favors
En Miquel mai no deia que no. Va regar les plantes
de la veïna, va avalar el cunyat, va cuidar el gos del fill i va guardar els
secrets de tothom. A cada favor li deien:
—No et costa res.
Ell somreia i se’l carregava a l’esquena.
Al funeral, tots van elogiar la seva generositat.
Ningú no va preguntar per què el taüt pesava tant.
Només la vídua ho sabia. Abans de tancar-lo, hi
havia ficat, un per un, tots els favors pendents de tornar.

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