jueves, 8 de junio de 2023

TESEO Y EL MINOTAURO: EL HÉROE QUE VENCIÓ AL MONSTRUO

Teseo se había embarcado en la nave negra que llevaba a los jóvenes atenienses destinados al sacrificio. Cada nueve años, el rey Minos de Creta exigía que se le enviaran siete muchachos y siete doncellas para alimentar al monstruoso Minotauro, mitad hombre y mitad toro, que habitaba en el laberinto construido por el ingenioso Dédalo. Teseo, hijo del rey Egeo de Atenas, se había ofrecido voluntario para ir como uno de los tributos, con la intención de matar al Minotauro y liberar a su pueblo de la cruel opresión. 

Al llegar a Creta, Teseo fue conducido al palacio de Minos, donde conoció a la hermosa Ariadna, hija del rey y hermana del Minotauro. Ariadna se enamoró de Teseo al instante y le reveló el secreto para escapar del laberinto: le dio un ovillo de hilo que debía atar a la entrada y desenrollar a medida que avanzaba por los tortuosos pasillos. Así podría encontrar el camino de vuelta una vez que hubiera dado muerte al monstruo.


Teseo siguió el consejo de Ariadna y entró en el laberinto con el hilo en la mano. Caminó durante mucho tiempo, sorteando trampas y esquivando sombras, hasta que al fin llegó al centro, donde se hallaba el Minotauro. El ser era terrible de ver: tenía el cuerpo de un hombre musculoso y velludo, pero la cabeza de un toro furioso, con cuernos afilados y ojos rojos. Rugió al ver a Teseo y se lanzó contra él con las fauces abiertas.

Teseo esquivó el ataque y sacó su espada. Se entabló entonces una fiera lucha entre los dos contendientes, que se golpeaban y herían con fiereza. El Minotauro era más fuerte y más grande que Teseo, pero este era más ágil y más astuto. Al final, Teseo logró clavarle la espada en el corazón al Minotauro, que cayó al suelo con un estertor. Teseo levantó el arma ensangrentada y gritó victorioso.


Siguiendo el hilo de Ariadna, Teseo salió del laberinto y se reunió con la princesa, que lo esperaba ansiosa. Juntos huyeron del palacio y se embarcaron en la nave negra, junto con los otros jóvenes atenienses que habían sobrevivido al horror. Ariadna le pidió a Teseo que la llevara con él a Atenas, pues no quería volver a ver a su padre ni a su hermano muerto. Teseo accedió y le prometió amor eterno.

La vejez es la pérdida de la curiosidad" (José Martínez Ruíz, nacido el 8 de junio de 1873 y más conocido como Azorín. A pesar de haber vivido hasta 1967, nunca fue viejo)

Y que cumplas muchos más de los 72 de hoy y consigas que jamás se te eclipse el corazón. Que ha de ser el més semblant a un col·lapse cardíac no?



 

miércoles, 7 de junio de 2023

 

EL SOL Y LA NINFA 


Había una vez, en los tiempos antiguos, cuando los dioses del Olimpo gobernaban el mundo, un dios llamado Helios, que era el hijo de Hiperión y de Tea. Helios era el dios del sol y de la luz, que conducía un carro de fuego por el cielo cada día. Helios era el más brillante y el más generoso de los dioses. Helios era el señor de Rodas y de sus habitantes.

Helios tenía una ninfa en Rodas, que era una de las hijas de Océano y de Tetis. La ninfa se llamaba Roda y era la más bella y la más dulce de las ninfas. Roda vivía en el mar y salía a la superficie para ver el sol. Roda era la amante de Helios y de sus rayos.


Helios amaba a Roda y a su isla. Los visitaba y los bañaba con su presencia y su calor. Los alegraba y los embellecía con su luz y su color. Los hacía fértiles y felices.

Pero un día, ocurrió algo inesperado: los dioses del Olimpo se reunieron para repartirse el mundo. Cada dios eligió una región o una ciudad para gobernarla y protegerla. Cada dios reclamó una parte del mundo como suya.

Helios no pudo asistir a la reunión porque estaba ocupado conduciendo su carro por el cielo. Cuando llegó al Olimpo, se encontró con que todo el mundo estaba repartido y que no le quedaba nada para él.

Helios se enfadó y se quejó ante los demás dioses. Les dijo que era injusto que le hubieran dejado sin nada. Les dijo que él también tenía derecho a tener una parte del mundo.

Los demás dioses se burlaron de Helios y le dijeron que llegaba tarde. Le dijeron que no había nada que hacer. Le dijeron que se conformara con lo que tenía.

Helios no se conformó y les hizo una propuesta. Les dijo que si le dejaban elegir una parte del mundo que aún no hubiera salido a la luz, él renunciaría a cualquier otra reclamación. Les dijo que confiaba en su suerte y en su poder.

Los demás dioses aceptaron la propuesta de Helios y le dieron su permiso. Le dijeron que podía elegir lo que quisiera, siempre que fuera algo nuevo y desconocido.

Helios sonrió y miró hacia el horizonte. Allí vio una isla que acababa de surgir del mar por un capricho de Poseidón, el dios del mar y de los terremotos. La isla era pequeña y rocosa, pero tenía un encanto especial.

Helios reconoció la isla como la que le había regalado a Roda como prueba de su amor. Helios recordó la isla como la que había hecho florecer con su luz. Helios eligió la isla como su parte del mundo.

Helios anunció su elección a los demás dioses y les pidió que respetaran su decisión. Les dijo que esa isla se llamaría Rodas, en honor a su ninfa. Les dijo que esa isla sería suya, para siempre.

Los demás dioses se sorprendieron por la elección de Helios. No esperaban que escogiera una isla tan pequeña e insignificante. No sabían que esa isla tenía un valor especial para él.

Los demás dioses cumplieron su palabra y le concedieron a Helios la isla de Rodas. Le reconocieron como el señor de Rodas y le felicitaron por su elección.

Helios se alegró y se dirigió a Rodas con su carro. Allí se encontró con Roda, que lo esperaba en la playa. Allí le contó lo que había pasado y le mostró su regalo. Allí le juró amor eterno, en Rodas donde nació su amor.

"Para tener éxito con las mujeres debe tratarse a las sirvientas como duquesas y a las duquesas como sirvientas"  (Eso lo sentenció un tal Beau Brummell que desde que nació el 7 de junio de 1778 y se dedicó a ser dandi. Lo que nunca llegó a saber es que a una colonia le pondrían su nombre) 

Y hoy pasó a la habitación de al lado la chica de Ipanema. Se fue con su barco, o en avión o, tal vez, en tren.  Com s'està posant l'habitació del costat! Quan ens toqui a nosaltres serà un no parar de cantar..això si, que sigui més tard.


 



martes, 6 de junio de 2023

EL DESAFÍO DE PITÁGORAS AL ORÁCULO DE PATMOS

Érase una vez, en los tiempos antiguos, cuando los griegos se dedicaban a la filosofía y a la matemática, un sabio llamado Pitágoras, que era el hijo de Mnesarco y de Pítaide. Pitágoras era un filósofo y un matemático que había viajado por Egipto y Babilonia para aprender los secretos de la ciencia y la religión. Pitágoras había fundado una escuela esotérica en Crotona, una ciudad del sur de Italia, donde enseñaba a sus discípulos las leyes del cosmos y del alma.
 
Pitágoras tenía una pasión: buscar la armonía del universo y de la vida. Para ello se basaba en el número y la proporción, que consideraba los principios de todas las cosas. Pitágoras había descubierto el teorema que lleva su nombre, que dice que en un triángulo rectángulo el cuadrado de la hipotenusa es igual a la suma de los cuadrados de los catetos. Pitágoras había inventado el concepto de música de las esferas, que dice que los cuerpos celestes emiten sonidos armónicos al moverse según las leyes matemáticas.
 
Pitágoras tenía un sueño: conocer el plan divino y el destino humano. Para ello consultaba los oráculos, que eran los lugares donde se comunicaba con los dioses. Pitágoras había visitado el oráculo de Delfos, el santuario más famoso de Grecia, donde se pronunciaban las profecías de Apolo, el dios de la luz y la verdad. Pitágoras había visitado el oráculo de Amón, el santuario más sagrado de Egipto, donde se revelaban los misterios de Ra, el dios del sol y la vida.


Pitágoras decidió visitar otro oráculo: el oráculo de Apolo en Patmos, una isla del mar Egeo. El oráculo de Apolo en Patmos era menos conocido que el de Delfos, pero no menos poderoso. El oráculo de Apolo en Patmos estaba situado en una cueva cerca del mar, donde se escuchaba el rumor de las olas y se veía el brillo de la luna.
 
Pitágoras viajó a Patmos con sus discípulos y se alojó en una posada cerca del puerto. Allí se preparó para consultar al oráculo. Se purificó con agua y con fuego. Se vistió con una túnica blanca y se calzó con unas sandalias. Se adornó con un anillo y un collar con símbolos sagrados. Se armó con un bastón y una lira.
 
Pitágoras entró en la cueva del oráculo con sus discípulos y se postró ante el altar de Apolo. Allí había una estatua del dios con un arco y una lira. Allí había también una sacerdotisa llamada Febe, que era la encargada de transmitir las respuestas del dios.

Pitágoras le hizo su pregunta a Febe: ¿cuál es el sentido de la vida?
 
Febe le hizo su pregunta a Apolo: ¿cuál es el sentido de la vida?
 
Apolo le hizo su pregunta a Pitágoras: ¿cuál es el sentido de la vida?
 
Pitágoras se quedó sorprendido y confundido por la pregunta del dios. No esperaba que le devolviera su propia pregunta. No sabía qué responder.
 
Pitágoras pensó en todas las cosas que había aprendido y enseñado. Pensó en el número y la proporción, en el teorema y la música, en el cosmos y el alma.
 
Pitágoras le respondió a Apolo: el sentido de la vida es buscar la armonía.
 
Apolo le respondió a Pitágoras: buscar la armonía es solo una parte del sentido de la vida.
 
Febe le respondió a Pitágoras: buscar la armonía es solo una parte del sentido de la vida.
 
Pitágoras se quedó perplejo y decepcionado por la respuesta del dios. Se dio cuenta de que le había cuestionado su sabiduría y su pasión. Se dio cuenta de que le había planteado un reto y una duda.
 
Pitágoras le preguntó a Apolo: ¿y cuál es la otra parte del sentido de la vida?
 
Apolo le preguntó a Pitágoras: ¿y qué crees tú que es la otra parte del sentido de la vida?
 
Pitágoras se quedó callado y pensativo por un momento. Luego le respondió a Apolo: la otra parte del sentido de la vida es compartir la armonía.
 
Apolo le respondió a Pitágoras: compartir la armonía es la otra parte del sentido de la vida.
 
Febe le respondió a Pitágoras: compartir la armonía es la otra parte del sentido de la vida.
 
Pitágoras se quedó aliviado y feliz por la respuesta del dios. Se dio cuenta de que le había elogiado su inteligencia y su nobleza. Se dio cuenta de que le había dado un consejo y una alegría.
 
Pitágoras salió de la cueva del oráculo con sus discípulos y se dirigió a la posada. Allí celebró su consulta con un banquete y un concierto. Allí tocó su lira y cantó sus himnos.
 
Pitágoras siguió buscando y compartiendo la armonía hasta el final de sus días.
 
"La Felicidad consiste en poder unir el principio con el fin" (Pitágoras, podría haber nacido hoy ¿quién lo sabe? Lo cierto es que el -y su teorema- no morirán nunca)
 
Y que cumplas muchos más de los 47 de hoy porque, en verdad, este mundo es maravilloso... a veces y según para quién.  Avui dono un premi per a aquella persona que pugui interpretar-me la frase de Pitàgores. Algú s'anima?