martes, 2 de julio de 2024

 LA TOGA NOSTRA


En el gran salón de la Corte Suprema, donde las paredes estaban cubiertas de retratos de antiguos jueces con más pelucas que sentido común, se encontraba Hortensia la Rigidez, la jueza más temida y respetada de Legalia. Su toga nostra era tan impresionante que incluso tenía un brillo propio, o al menos eso afirmaban los poetas locales pagados por su esposo.

"¡Haced silencio en la sala!", ordenó Hortensia, levantando una ceja con la habilidad de un domador de leones. "Hoy decidiremos el caso más importante de la década."

"¿Cuál caso, su señoría?", se atrevió a preguntar un abogado novato, temblando en su toga como si fuera de papel de arroz.

"¡El caso de quién merece la toga nostra por los comentarios políticos más sagaces en sus sentencias!", respondió Hortensia con una sonrisa que podría derretir el acero. "Porque en esta corte, la justicia es ciega, pero nunca sorda a la política."

Los murmullos se apagaron de inmediato, y todos los jueces presentes comenzaron a repasar mentalmente sus sentencias más recientes. Al fondo del salón, sentado en una butaca tapizada con terciopelo rojo, estaba Marco Veredictus, el autoproclamado "Togado Supremo", conocido por su toga impoluta y sus opiniones políticas más brillantes que el sol.

Marco se levantó con la confianza de un político en campaña. "¡Permitidme recitaros mi última sentencia sobre la reforma fiscal!", proclamó, ajustándose la toga y levantando un brazo dramáticamente.

"¡Oh, por favor, Marco!", interrumpió Penélope Pleitista, famosa por sus veredictos mordaces. "Tus comentarios son tan predecibles como las promesas electorales. Escuchad, en mi última sentencia sobre la legislación medioambiental, comparé la gestión actual con un campo de nabos."

Hortensia observaba el intercambio con un brillo divertido en los ojos. "Veo que la competencia es feroz este año", dijo, tamborileando los dedos en el estrado. "Pero recordad, la toga nostra no solo debe ser resplandeciente en apariencia, sino en ingenio y crítica política."

Justo en ese momento, la puerta de la corte se abrió de golpe y entró Julio el Justo, un juez conocido más por su sentido común que por su sentido de la política. Su toga era sencilla, sin adornos ni bordados dorados.

"Disculpad mi tardanza, su señoría", dijo Julio, inclinándose ligeramente. "Estaba ocupado resolviendo un caso de verdad."

Hortensia levantó una ceja, intrigada. "Y dime, Julio, ¿crees que tu sencilla toga puede competir con estas obras maestras de la ironía judicial?"

Julio sonrió con modestia. "No lo sé, su señoría, pero creo que la toga nostra debe reflejar no solo el ingenio político, sino la dedicación a la verdadera justicia."

Un silencio sepulcral cayó sobre la sala. Hortensia, con una expresión que mezclaba incredulidad y furia, se puso de pie lentamente. "¿Estás sugiriendo, Julio, que esta corte no se dedica a la verdadera justicia?"

Julio, dándose cuenta de su error, tragó saliva. "No, su señoría, no quise decir eso..."

"¡Desacato al tribunal!", bramó Hortensia, su voz resonando como un trueno. "Julio, te condeno a una semana de detención y a redactar una disculpa formal a esta corte. Aquí valoramos tanto la justicia como el ingenio, y tu comentario ha insultado a todos los presentes."

Los murmullos de aprobación se extendieron por la sala, mientras Julio era escoltado fuera del salón, con su toga sencilla arrastrándose por el suelo. Hortensia, recomponiéndose, miró al resto de los jueces.

"Que esto sirva de lección. En esta corte, la justicia es ciega, pero siempre presta atención a la política y al respeto. Ahora, continuemos con la deliberación sobre la toga nostra."

«La vida es como una obra de teatro: no importa lo larga que sea, sino lo bien que se interprete» (Hjalmar Söderberg nacido el 2 de julio de 1869 para interpretar el papel de escritor con bastante éxito, por cierto)

Y que cumplas muchos más de los 41 de hoy en tan buena compañía como el que te acompaña a la guitarra.

El joc de l'amor

Un somriure tímid, una mirada furtiva, i ja ho saps: has caigut en el joc de l'amor. Un joc de rialles i llàgrimes, de besos tendres i punxades al cor. Un joc on les regles canvien constantment, però que sempre acaba amb la mateixa pregunta: m'estimes?

La resposta, com una melodia enganxosa, ressonarà en el teu cap fins que trobis la teva parella de ball en aquest vals apassionat que és la vida. I llavors, potser, només potser, podràs guanyar el joc de l'amor.

 

 

lunes, 1 de julio de 2024

 TELETRABAJAR: LA NUEVA ESCLAVITUD


El despertador sonó a las seis de la mañana, pero Marta ya llevaba despierta una hora, repasando mentalmente la lista de tareas pendientes. Antes de salir de la cama, cogió su móvil y revisó los correos. La bandeja de entrada, ya repleta, contenía mensajes urgentes que no podían esperar. “Un momento, solo para ver de qué se trata”, se dijo. Treinta minutos después, aún estaba respondiendo correos, sin haber tomado ni una gota de café.

Su hija pequeña, Lucía, la observaba desde la puerta de la habitación. “Mamá, ¿me ayudas con el desayuno?” Marta, sin apartar la vista de la pantalla, murmuró un “Sí, ahora voy” que nunca llegó a materializarse. Lucía se encogió de hombros y fue a buscar ayuda en su padre.

Con el laptop encendido y la taza de café a medio tomar, Marta inició una reunión por Zoom. Mientras su jefe hablaba de los objetivos trimestrales, ella veía de reojo cómo sus hijos se preparaban para ir al colegio. Quiso intervenir, pero la presentación de diapositivas ocupaba toda su atención.

El día transcurrió entre llamadas, correos y documentos que revisar. Cada vez que intentaba tomarse un descanso, una nueva notificación aparecía. Al mediodía, se dio cuenta de que no había salido de su escritorio ni un momento. Su espalda dolía y sus ojos estaban cansados, pero aún quedaban muchas cosas por hacer.

Por la tarde, Lucía llegó de la escuela emocionada, cargando una caja con su proyecto de ciencias. “Mamá, ¿quieres verlo?” Marta, sumida en una conferencia con clientes, apenas asintió con la cabeza. “Después, cariño. Ahora mamá está ocupada”.

La cena, que solía ser un momento de unión familiar, se había convertido en un ritual silencioso. Marta, con el móvil en una mano y el tenedor en la otra, revisaba el último informe del día. Su esposo y sus hijos intercambiaban miradas, sabiendo que esa batalla ya estaba perdida.

Después de la cena, Marta intentó ayudar a Lucía con sus deberes. Pero su móvil vibró, interrumpiéndolas nuevamente. Era un mensaje de su jefe solicitando una revisión urgente de un documento. Lucía, con ojos llenos de lágrimas, murmuró un “Está bien, mamá”, y se fue a su habitación.

A las diez de la noche, Marta finalmente apagó la computadora. La casa estaba en silencio, excepto por el leve sonido de la televisión en el salón. Su esposo estaba dormido en el sofá, con el mando a distancia en la mano. Marta se acercó, lo besó en la frente y se fue a la cama. Exhausta, pero con la mente llena de tareas pendientes para el día siguiente.

Al cerrar los ojos, se preguntó cuándo fue la última vez que tuvo una conversación sin interrupciones con su familia. Pensó en la promesa del teletrabajo: flexibilidad, equilibrio, más tiempo para estar con los suyos. Una promesa que se había transformado en una ilusión cruel.

Marta se durmió con el sonido del móvil vibrando en la mesita de noche, una notificación que decidió ignorar por una vez. Pero en su sueño, la sombra del trabajo seguía acechándola, recordándole que en el mundo del teletrabajo, la oficina nunca cierra y las horas laborales son eternas.

«La experiencia del mundo no consiste en el número de cosas que se han visto, sino en el número de cosas sobre las que se ha reflexionado» (Gottfried Wilhelm Leibniz, nacido el 1 de julio de 1646 vio y reflexionó sobre muchas cosas, por eso ha pasado a la historia como filósofo)

Y que cumplas muchos más de los 73 de hoy por tierra, aire o in the navy...

En la Marina

El sol pica fort sobre la coberta del vaixell, mentre el suor llisca pel front dels mariners. Un jove, amb el barret de palla ben posat, somriu mentre entona una cançó alegre. La seva veu s'uneix al cor dels seus companys, creant una melodia que resson a través de les onades.

En aquell moment, ell no pensa en la duresa de la vida a bord, ni en la llunyania de la llar. Només sent la força del mar i la camaraderia dels seus germans de batalla. En la marina, ha trobat un sentit d'aventures i pertinença que mai abans havia conegut.

Amb cada onada que trenca contra el casc del vaixell, el jove se sent més lliure i més fort. Sap que ha trobat el seu lloc al món.