Me enteré que en Venus un día dura 253 días terrestres, así que me fuí allí un día de fiesta. También hay otra ventaja: que todo gira al contrario que en la Tierra. He traído un reportaje fotográfico que espero os guste. Sólo hay un problema en Venus: que el año dura 225 días terrestres.
Ernest Hemingway decía que el cuento era la fotografía de un instante... Y yo tengo mucho cuento
lunes, 20 de mayo de 2013
Ausencia justificada
Me enteré que en Venus un día dura 253 días terrestres, así que me fuí allí un día de fiesta. También hay otra ventaja: que todo gira al contrario que en la Tierra. He traído un reportaje fotográfico que espero os guste. Sólo hay un problema en Venus: que el año dura 225 días terrestres.
sábado, 30 de marzo de 2013
Demanda de divorcio
En sus más de 32 años como juez
de familia jamás se encontró con una demanda así. Había resuelto divorcios con
las peticiones más variopintas que siempre tenían el denominador común de repartirse
las miserias. Pero la reclamación que estaba en sus manos era diferente. Ni
siquiera era un divorcio. La demandante no solicitaba quedarse la vivienda conyugal
para ella, ni que él la abandonase, ese
no es el problema señoría podremos vivir juntos el resto de nuestras vidas, decía el escrito. Tampoco pedía pensión
alimenticia, ni compensatoria, tengo
un trabajo y suficientes recursos
económicos para no necesitar pensión y sé que en caso necesario, él nunca me
abandonaría, aseguraba. No reclamaba
la partición de los bienes en común: lo
tenemos todo repartido, lo suyo está a
su nombre y lo mío también. Nunca hemos discutido por eso y no vamos a empezar
ahora después de 30 años de matrimonio, garantizaba.
Y mis hijos ya son mayores y hace años
que se fueron de casa. Nos vienen a visitar a menudo y ambos adoran a su padre.
Yo estoy orgullosa de ello y procuro fomentar esa relación paterno-filial.
Mi problema o, mejor dicho, nuestro problema es que necesitamos
separarnos, pero no para siempre -continuaba la demanda- Deseo separarme (y sé que mi marido también)
para que nuestro matrimonio perdure. Sé que puede parecer una incongruencia
pero así es. Mi marido y yo nos queremos y no pasa por nuestra cabeza romper
nuestro matrimonio; de ahí esta
solicitud. Es disparatado, lo sé pero
piénselo un momento señoría. Como le he dicho (escrito) llevamos más de 30 años
casados y puedo afirmar que no nos ha faltado de nada: unos hijos sanos e
inteligentes; tenemos una situación económica desahogada y un trabajo que nos
permitirá llegar a la jubilación sin sobresaltos. Le aseguro que nuestra
existencia es feliz. Siempre nos hemos puesto de acuerdo en las decisiones que
afectaban a nuestros hijos y economía y, en eso, gozamos de una total y
completa autonomía sin tener que dar explicaciones el uno al otro. Esa plácida
existencia se rompería si se quebrantase
la lealtad. Si empezásemos a mentirnos el uno al otro sobre el porqué de
nuestras ausencias, si empezásemos a ocultar nuestros ordenadores con passwords
o escondiésemos nuestros teléfonos móviles. No quiero que eso ocurra y para eso
necesito que usted, señoría, me ayude en esta situación.
Nunca había dejado sin resolver
una petición y aquella no iba a ser una excepción por extraña que fuera. Dentro
del plazo establecido dictó Sentencia y
declaro la separación de los cónyuges los fines de semana alternos, así como la
mitad de las vacaciones de Navidad, el primer año del 24 al 31 de diciembre a las
20 horas y, el segundo, del día 1 al 6 de enero inclusive. En cuanto a las
vacaciones de Semana Santa, los años impares los cónyuges la pasarán separados
y, las vacaciones laborales de verano, se separarán durante un mínimo de 15
días. Nada se establece en cuanto a la designación del domicilio en esos
períodos de separación, ni en cuanto a compensaciones económicas o pensiones
alimenticias ya lo convendrán entre ellos. Lo que si se dispone –concluía la
Sentencia- es que durante los períodos de
separación ambos cónyuges quedan liberados de explicarse sus actividades ni de mútuo acuerdo.
domingo, 24 de febrero de 2013
¿Por qué le llaman amistad cuando quieren decir sexo?
domingo, 10 de febrero de 2013
Al cruzar el portal...
Se estaba preguntando cómo había
llegado hasta allí. No encontraba respuesta al porqué deambulaba con el coche
tratando de encontrar un buen ángulo de visión de la entrada de aquella portería
situada en una calle semipeatonal. Tal vez la pasión que le desbordaba el alma
era la causa. O tal vez la de ella, una pasión desconocida para él que unas
horas antes había visto reflejada en sus ojos y expresada en su cuerpo lleno de
caricias de “te quiero”.
Ahí estaba, queriendo ver sin ser visto, intentando que
su coche pasase desapercibido. Amparado en la oscuridad y en su propio yo
irreconocible, esperaba que ella
apareciese con el argumento que aliviase
su miedo. Miedo a que la pasión le arrastrase a los misterios de un futuro
desconocido e incierto. Un futuro que dependía de la verdad de ella.
La cobardía deseaba verla
aparecer por aquél portal a lomos de la moto de Jaime y entrar en su domicilio.
Ella le negaría cualquier relación que no fuese amistad, como si eso fuera
posible en la intimidad de una habitación entre hombre y mujer. Esa sería la
excusa para dejar aquella locura nada recomendable para un hombre maduro y
aparentemente estable. Pero su interior se aferraba a la realidad de una
ilusión y le empujaba a vivirla.
Pasó una hora y otra y otra y no
aparecía. El ulular del sonido de las ambulancias le sirvió para decidir que ya
estaba bien la espera. Puso rumbo a su casa donde le esperaba el equilibrio. En
su cara se dibujaba una sonrisa. Sabía que ella no había cruzado el portal con
Jaime. No lo haría nunca, aunque de eso se enteró a la mañana siguiente cuando
abrió la sección de sucesos del periódico y leyó la noticia del fallecimiento
de una pareja al ser embestida por un camión la moto en que viajaban.
martes, 1 de enero de 2013
Me diste algo más que tu espalda...
Lunes, martes, miércoles, jueves…
Los días se habían convertido en nombres faltos de la esencia que los
hacía únicos. Mayo, junio, julio, agosto… Los meses trascurrían sin alterar la monotonía de su caída en las hojas del calendario. 2009, 2010,
2011, 2012… Los años corrían empeñados en encontrar un sentido al vértigo de su
número. Sin embargo nadie podía ganarle al Tiempo una imposible carrera. Su
pulso continuaba inalterable a pesar de los esfuerzos de un inverosímil
calendario por acabar con Él.
Nadie podía pensar que a tan
poderoso caballero solo hacía falta darle la espalda para llenarlo del ímpetu
que alumbra la esperanza. Nadie podía pensar que detuviera su curso por unas
palabras paridas de la pasión desbordada… Ni tan siquiera yo que ando metido en un convencional mundo de necesidades
satisfechas y en el que no escatimo halagos que visten vanidades.
¿Hay algo más irresistible que la belleza? ¿Existe algo más
fuerte que la ilusión? Rotúndamente si. Las siguientes palabras:
“Te dí la espalda.
Nada más limpio y vulnerable que la espalda.
La mía es blanda, con millones de depresiones donde depositar besos; con
miles de concavidades donde refugiar mimos; con cientos de resquicios donde
abrigar roces; con decenas de grutas para reposar “te amos”; con más de una
hendedura donde, simplemente, descansar. Con la curvatura perfecta para el
discurrir de lágrimas, la comba perfecta por la que dejar resbalar suspiros y
el cauce adecuado para ahogarlo en sudor.
Te dí la espalda y es lo mejor que puedo dar. La espalda, donde se
cobija el alma y se resguarda el corazón, donde más duelen las puñaladas.
Te dí la espalda cuando aún tenía fatigada el alma, mutilado el corazón
y sangrante la herida. Te dí lo que no soy y provoco” (Un regalo de “M” que hizo
florecer mi otoño)
A mí sólo me cabe desear que en adelante os den
muchas veces la espalda (pero no ésta)
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