Ernest Hemingway decía que el cuento era la fotografía de un instante... Y yo tengo mucho cuento
viernes, 28 de abril de 2023
OLA
DE CALOR
Estaba tan caliente que el
termómetro se había derretido y el hielo se había evaporado. Era una primavera
tan inusual que las flores se habían marchitado y los pájaros se habían
refugiado en las neveras. Yo estaba en mi casa, tratando de mantenerme fresco
con un abanico y una botella de agua, cuando sonó el timbre. Era mi vecina que
venía a pedirme un favor.
- Buenos días -dijo con una
sonrisa forzada-. ¿Podría prestarme su aire acondicionado? El mío se ha estropeado
y no puedo soportar este calor.
- Lo siento pero no tengo aire
acondicionado -le respondí con sinceridad-. Ni siquiera tengo electricidad.
Estoy ahorrando para comprarme un ventilador.
- ¿Un ventilador? -se
sorprendió ella-. ¿Para qué quiere un ventilador si no tiene electricidad?
- Para hacerme ilusiones -le
expliqué-. Me imagino que lo enchufo y que me refresca con su brisa. Es lo
único que me alivia en estos días tan sofocantes.
- Pues vaya, qué decepción -se
quejó ella-. Pensaba que usted era un hombre más generoso y solidario. ¿No le
da pena verme sufrir así?
- Claro que me da pena -le
dije con compasión-. Pero no se preocupe, tengo la solución perfecta para su
problema.
- ¿De verdad? -se iluminó
ella-. ¿Qué es?
- Váyase a Alaska -le sugerí-.
Allí hace mucho frío y podrá disfrutar de la nieve y los osos polares.
- ¿A Alaska? -se indignó
ella-. ¿Y cómo voy a ir a Alaska si no tengo dinero ni pasaporte?
- Eso ya es cosa suya -le
respondí con indiferencia-. Yo sólo le doy un consejo. Si quiere puede ir a pie
o en bicicleta. O mejor aún, en trineo tirado por perros. Así se irá
acostumbrando al clima.
- ¡Qué insolente! ¡Qué
grosero! ¡Qué maleducado! -exclamó ella furiosa-. ¡Nunca he conocido a nadie
tan desagradable como usted!
- Pues yo sí -le contesté con
ironía-. A usted.
“El nacimiento
de una persona es de lo más desagradable. Es sucio, es extremadamente doloroso
y a veces es peligroso. Siempre es sangriento. Pues lo mismo sucede con la
civilización” (Así nació Harper Lee el 28 de abril de 1926 que nunca, nunca, mató a un ruiseñor)
Y que cumplas muchos más de los 35 de hoy. Nosotr@s aquí estamos: esperando que pase la ola de calor... i vingui la pròxima i puguem sortejar-la amb el nostre aire condicionat.
jueves, 27 de abril de 2023
ALEXANDRA I D'ESPANYA
El rey demérito era famoso por
sus aventuras amorosas. No había ciudad, pueblo o aldea en su reino donde no
hubiera dejado alguna huella de su pasión. Su esposa, la reina demérita, lo
sabía y lo toleraba con resignación. Después de todo, ella también tenía sus
propios secretos. Y sus propios amantes.
Un día, el rey leyó en un
libro que tenía una hija secreta de cuarenta y pocos años, fruto de una de sus escapadas. En el
libro figuraba quién era con todo lujo de detalles, hasta le daba el nombre y
la dirección de la señora.
El rey se quedó perplejo.
¿Cómo era posible que tuviera una hija secreta y no lo supiera? ¿Quién era la
madre? ¿Qué pretendía el autor del libro? ¿Sería una trampa o una broma? ¿O una
trampa y una broma?
Decidió averiguarlo por sí
mismo. Sin decirle nada a nadie, se disfrazó de campesino y se dirigió a la
dirección indicada en la carta. Era una humilde casa en las afueras de la
capital. Llamó a la puerta y le abrió una joven de belleza deslumbrante. Tenía
el pelo moreno, los ojos azules y una sonrisa encantadora. El rey se quedó sin
aliento. Y sin palabras.
-¿Sí? -preguntó la joven.
-Buenos días, señora. Soy un
mensajero del demérito. Traigo una carta para usted.
-¿Para mí? ¿Del demérito? -se
sorprendió.
-Sí, señora. Es muy
importante. Por favor, ábrala.
La sujeta cogió la carta con
curiosidad y la abrió. Era del rey demérito. En ella le decía que era su padre
y que quería conocerla. Le pedía que fuera al palacio al día siguiente y que no
le dijera nada a nadie.
La señora no podía creer lo
que leía. ¿Su padre era el rey demérito? ¿Cómo era posible? ¿Quién era su
madre? ¿Por qué se lo decía ahora?
Miró al mensajero con
incredulidad.
-¿Esto es verdad? -preguntó.
-Sí, señora. Es verdad
-respondió el demérito disfrazado.
-¿Y usted quién es?
-Soy un simple mensajero. No
sé nada más.
-Pues muchas gracias por
traerme esta carta. Es... es increíble.
-No hay de qué, señora. Me
alegro de haberle dado una buena noticia.
-Bueno... supongo que sí.
Gracias de nuevo.
-De nada. Hasta mañana.
-Hasta mañana.
El rey demérito se despidió y
se marchó. Estaba confundido y emocionado a la vez. La señora era una madura
estupenda y se parecía mucho a él. No cabía duda de que era su hija. Pero
¿quién era la madre? ¿Y por qué le había ocultado su existencia?
Al día siguiente, el rey demérito
esperaba impaciente en su despacho a que llegara su hija secreta. Había
ordenado que la llevaran directamente a verlo, sin avisar a nadie más. Quería
hablar con ella a solas y explicarle todo.
Cuando la vio entrar por la
puerta, se levantó de su silla y fue a abrazarla.
-Hija mía -dijo-. Qué alegría
verte.
-Padre -dijo ella-. Qué
sorpresa conocerte.
-Perdóname por haberte
ocultado tanto tiempo. No sabía de tu existencia hasta ayer.
-Yo tampoco sabía de la tuya
hasta ayer.
-¿Quién es tu madre?
-Eso iba a preguntarte yo.
El rey se quedó helado. ¿Cómo
era posible que ella tampoco supiera quién era su madre?
-¿Cómo que no sabes quién es
tu madre?
-No lo sé, padre. Nunca me lo
dijeron -repitió la joven.
-¿Quién te crió?
-Mi abuela. Ella me dijo que
mi madre murió al darme a luz y que mi padre era un desconocido.
-¿Y tu abuela dónde está?
-Murió hace dos años. Desde
entonces vivo sola.
-Lo siento mucho, hija. Debes
de haber sufrido mucho.
-No te preocupes, padre. He
sido feliz con lo poco que tenía.
-Eres muy valiente, hija. Y
muy generosa.
-Gracias, padre. Tú también
eres muy bueno y muy noble.
El rey demérito se sintió
conmovido por las palabras de su hija. Era evidente que ella no sabía nada de
sus escándalos amorosos ni de sus problemas políticos ni de sus complicaciones
con Hacienda. Era una señora que parecía sincera. El demérito se preguntó si debía
contarle la verdad o dejarla en la ignorancia.
Decidió contarle la verdad.
Pensó que era lo mejor para ella y para él. Quería que su hija supiera quién
era y qué esperaba de ella.
-Hija, tengo que decirte algo
muy importante -dijo el rey demérito.
-Dime, padre -dijo ella.
-Tu madre no murió al darte a
luz. Tu madre está viva.
-¿Qué? -exclamó la joven.
-Sí, hija. Tu madre está viva
y es... la reina demérita.
-¿La demérita?
-Sí, hija.
-Pero... pero... ¿cómo es
posible?
-Es una larga historia, hija.
Una historia de amor y de traición.
-¿De amor y de traición?
-Sí, hija. De amor y de
traición. Tu madre y yo nos enamoramos hace muchos años, cuando éramos jóvenes
e imprudentes. Nos casamos en secreto y tuvimos una noche de pasión. De esa
noche naciste tú.
-Pero... pero... ¿por qué no
me lo dijisteis?
-Porque no pudimos, hija.
Porque al día siguiente descubrimos que nuestro matrimonio era ilegal y que
nuestro amor era prohibido.
-¿Ilegal y prohibido? ¿Por
qué?
-Porque éramos hermanos, hija.
Hermanos de sangre. Así hemos salido todos.
La joven se quedó petrificada.
No podía creer lo que acababa de oír. Su padre era su tío y su madre era su
tía. Su vida era una mentira.
-Pero... pero... ¿cómo es
posible? -repitió.
-Es posible porque somos hijos
del mismo padre, pero de diferentes madres. Nuestro padre fue el anterior
monarca. Él tuvo muchos hijos con muchas mujeres, pero solo reconoció a dos: a
mí y a tu madre. Nosotros no lo supimos hasta que fue demasiado tarde.
-Pero... pero... ¿qué
hicisteis entonces?
-Nos separamos, hija. Nos
separamos y nos casamos con otras personas. Yo me casé con una princesa que me encontraron por ahí, y tu
madre se casó con el príncipe Carlos de Gales. Pero nuestros matrimonios fueron
infelices y sin amor. Yo seguí buscando el amor en otras mujeres, y tu madre
siguió buscando el amor en otros hombres.
-Pero... pero... ¿y yo? ¿Qué
hicisteis conmigo?
-Te dejamos al cuidado de tu
abuela materna, hija. Ella te crió como si fueras su propia nieta y te protegió
del mundo. Nunca le dijimos quiénes éramos ni dónde estábamos. Solo le pedimos
que te guardara el secreto hasta que fuera el momento adecuado.
-Pero... pero... ¿cuándo iba a
ser el momento adecuado?
-Ahora, hija. Ahora es el
momento adecuado. Ahora que tu abuela ha muerto y que yo estoy viejo y enfermo.
Ahora que necesito una heredera legítima para mi trono y que tú eres la única
que puede ocuparlo.
-Pero... pero... ¿por qué yo?
¿Por qué no otro de tus hijos?
-Porque los demás son bastardos,
hija. Bastardos sin derechos ni reconocimiento ¡Ya verás cuando se enteren qué
risas! Tú eres la única que nació de un matrimonio válido, aunque fuera
ilegítimo. Tú eres la única que tiene sangre real por las dos venas. Tú eres la
única que puede ser reina.
-Pero... pero... ¿y la gente?
¿Qué dirá la gente cuando sepa la verdad?
-No se enterará, hija. No se
enterará de nada. Y si se entera no pasará nada porque yo soy el que trajo la
democracia a este país. Diremos que eres mi hija legítima y que tu madre murió
al darte a luz. Nadie se atreverá a cuestionarlo. Y si alguien lo hace, lo
silenciaremos.
-Pero... pero... ¿y tú? ¿Y tu
esposa? ¿Y tu conciencia?
-No te preocupes por mí, hija.
Yo ya no tengo conciencia, se perdió hace mucho tiempo. Mi esposa me odia y yo
la odio a ella. Lo único que me importa es que reines en lugar de la reina que
hay ahora que no puede ni verme.
-Pero... pero... ¿y yo? ¿Y mi
felicidad? ¿Y mi libertad?
-Tú serás feliz, hija. Serás
feliz porque tendrás todo lo que quieras y más. Hacienda no se meterá contigo,
regatearás, esquiarás y tendrás todo varón que te propongas sin que nadie te
juzgue. Y el pueblo hará ver como que te
respeta y si no el gobierno decretará que nadie hable mal de ti. Serás feliz
porque yo seré feliz de que seas la reina en lugar de la actual reina.
El demérito abrazó a su hija
con fuerza y le besó la frente.
-Confía en mí, hija. Confía en
mí y en nuestro destino. Juntos haremos historia.
La joven se dejó abrazar y
besar por su padre. No sabía qué pensar ni qué sentir. Solo sabía que su vida
había cambiado para siempre. Y no precisamente para mejor.
"No
insistas en el pasado, no sueñes con el futuro, concentra tu mente en el
momento presente" (Buda, se transformó el 27 de abril del 483 a. de C. Tiene tantas frasoplones que hasta le crearon una religión para él)
I que compleixis molts més dels 76 d'avui. Quines ganes tenia de felicitar-te María de la Mar Bonet!.