EL
ERROR HUMANO

El escritor terminó el relato a las tres
y diecisiete de la madrugada.
Lo leyó una vez. Luego otra. No encontró
una sola falta de ortografía, los personajes actuaban con coherencia y el final
cerraba la historia con una precisión que hasta a él le pareció sospechosa.
Las bases del premio prohibían
expresamente el uso de inteligencia artificial. El jurado podía exigir
borradores, historial de cambios y cualquier otra prueba de humanidad.
Preocupado, abrió de nuevo el archivo.
Escribió haber sin hache,
confundió un porque con un por qué y colocó una coma entre el
sujeto y el verbo. Después hizo que la protagonista, vegetariana desde la
primera página, pidiera un filete poco hecho. Por último, sustituyó el final
por una frase insípida:
«Y desde aquel día todo volvió a ser
como antes».
Sonrió satisfecho. Aquello ya tenía
imperfecciones, contradicciones, cansancio. Aquello parecía suyo.
El relato ganó el primer premio.
El jurado destacó «su extraordinaria
autenticidad», «la emoción torpe pero sincera» y, sobre todo, «esas pequeñas
grietas que solo puede cometer un ser humano».
Durante la ceremonia, el escritor subió
al escenario, recogió el trofeo y agradeció el reconocimiento con la voz
temblorosa.
Nadie supo que el discurso se lo había
escrito una inteligencia artificial.
Era perfecto.
Por eso lo leyó mal.
«Només amb la llengua sobreviurem.» (Joan Triadú Nacido el 30 de julio de 1921 para ser
escritor, pedagogo y crítico literario, activista cultural y
resistente antifranquista. Solo con la frase se condensaba todo lo que fue)
Sean Moore cumple hoy 58 años y sin él la batería del grupo Manic Street Preachers (algo así como los maníacos predicadores de la calle) no sonaría o no lo haría igual. Por cierto, la canción del vídeo se inspira en la Guerra Civil espanyola y en los voluntarios galeses que combatieron en las brigadas internacionales.
L’herència de callar
L’avi mai no explicava la guerra. Només, quan algú
deia «no n’hi ha per tant», apartava el plat i mirava els néts com si els
comptés.
Una tarda, el petit tornà de l’escola amb un blau a
la galta. Ningú havia vist res. Ningú volia embolics.
L’avi s’alçà lentament, es posà l’abric que
reservava per als enterraments i anà a buscar el director.
—Avui és ell —digué abans de sortir—. Demà, potser,
sereu vosaltres.
La família va entendre, massa tard, que el silenci
també deixa descendència.
Nada fácil escribir, pero tú lo haces muy bien!
ResponderEliminarGracias!!!
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