LA
PLANTA DE JULIÁN
Julián regaba la planta al
amanecer, antes de que la casa recordara que estaba vacía.
La maceta decía su nombre con
una etiqueta torcida: Julián. Se la había regalado su nieta el día que
él cumplió ochenta y dos años.
—Para que no te olvides de ti
—le dijo.
Desde entonces, cada mañana
llenaba la regadera hasta la mitad. No más. Las cosas vivas, pensaba, también
podían ahogarse de cuidados.
El agua caía despacio sobre la
tierra oscura. Una gota temblaba en una hoja y él veía allí su pulso, sus venas
finas, la paciencia de los huesos. La planta no hablaba, pero respondía
creciendo hacia la ventana, como si supiera algo que él había dejado de saber.
Un día, Julián no pudo
levantarse.
La nieta llegó por la tarde.
Encontró la regadera junto a la cama y la maceta en el alféizar. La planta
tenía una hoja nueva, pequeña, casi transparente.
Entonces leyó la etiqueta.
Ya no ponía Julián.
Ponía: Sigo.
«“Hombre” y “mujer” son conceptos políticos de oposición.» (Al
final resulta que el hombre y la mujer se hacen oposición, como si un@ fuese la
derecha y el otr@ la izquierda. Eso pensaba Monique Wittig nacida el 13 de julio
de 1935 para ser novelista, ensayista, activista y una de las principales
representantes del feminismo materialista francés. Y de eso debía saber mucho
porque estudió en la Sorbona)
Roger McGuinn cumple hoy 84 años y sigue libre como un pájaro... o al menos canta con ellos.
L’home que tocava l’alba
Cada matinada, un home tocava
la pandereta sota la finestra d’en Martí. No demanava diners ni mirava amunt.
Només colpejava la pell tibant fins que els malsons fugien pels terrats.
Un dia, en Martí va baixar per
donar-li les gràcies, però al carrer no hi havia ningú. A terra va trobar la
pandereta i, dins, una nota:
«Ara et toca despertar els
altres».
Des d’aleshores, camina de nit
per la ciutat. Alguns el prenen per boig. Els qui dormen tranquils, no.

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