viernes, 14 de agosto de 2026

 

ENTRE DOS PISOS


El ascensor se detuvo entre el cuarto y el quinto con un temblor breve, casi educado. Después se apagó la pantalla y quedó encendida una luz amarillenta que nos hizo parecer más íntimos de lo que éramos.

Ella pulsó la alarma. La voz del técnico prometió quince minutos, que en un ascensor son una indiscreción.

Se quitó el abrigo. Al doblarlo, su codo rozó mi camisa. Ninguno pidió disculpas. Olía a lluvia atrapada en la lana y a algo cítrico que no supe identificar. Yo me aflojé la corbata. Ella siguió el movimiento con los ojos y luego fingió interesarse por los números apagados.

—¿Le incomodan los espacios cerrados? —preguntó.

—Solo cuando estoy solo.

Sonrió sin mirarme.

Un mechón le cayó sobre la mejilla. Lo apartó una vez. Volvió a caer. A la tercera levanté la mano, pero me detuve antes de tocarla. Ella vio el gesto y no movió la cabeza.

Entonces el ascensor dio una sacudida. Su palma quedó apoyada sobre mi pecho. Noté la presión de sus dedos, su respiración demasiado cerca y el silencio exacto en que una desconocida deja de serlo.

La cabina reanudó la marcha. Ella retiró la mano con lentitud.

Cuando las puertas se abrieron, ninguno de los dos recordó enseguida que aquello era lo que estábamos esperando.

«El mundo ya no puede mantenerse unido; se desmorona.» (Esto que cualquiera de nosotr@s puede suscribirlo hoy, ya lo dijo Ferdinand Friedrich Zimmermann nacido el 14 de agosto de 1898; coqueteó con los nazis y fue un convencido antisemita aunque hoy día para alguna izquierda “chupiguay” sería un mérito. Lo dicho: el mundo se va a la mierda)

James Horner que hoy cumpliría 73 años se "hundió" a los 62 no como su Titanic que se fué a pique en su primer viaje.


La promesa de tercera classe

A tercera classe, en Miquel va prometre a l’Anna que, a Amèrica, tindrien finestres. A coberta, els rics brindaven perquè el mar semblava haver après modals. Quan el vaixell tremolà, ningú no interrompé l’orquestra: els pobres ja coneixien aquell so; era el mateix que feia la vida abans d’enfonsar-los.

Ell li donà l’abric i mentí:

—Només és una maniobra.

L’Anna li agafà la mà. A l’horitzó, Nova York continuava encesa dins dels seus ulls.

L’endemà, només hi arribà la promesa.


1 comentario:

  1. A veces un ascensor averiado no es una avería, sino una oportunidad. Quince minutos pueden ser suficientes para que dos desconocidos dejen de serlo… y para que, al abrirse las puertas, algo quede irremediablemente cerrado entre ellos.

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