viernes, 21 de agosto de 2026

                                                     LA PRÓXIMA VEZ

Habías firmado tres veces que no querías que te reanimaran.

La primera, como paciente.
La segunda, como abogada.
La tercera, mirándome a los ojos.

—Prométeme que no permitirás que me conviertan en una habitación donde ya no vive nadie.

Te lo prometí.

Pero cuando tu corazón se detuvo, aparté el documento y ordené la descarga. Tu cuerpo se arqueó sobre la cama. Después otra. Y otra. Olía a piel quemada y a miedo.

—Basta —dijo la enfermera.

No le hice caso.

Te golpeé el pecho con las dos manos, pronunciando tu nombre entre cada compresión, como si el amor también fuera una técnica de resucitación.

Volviste al cuarto intento.

Cuando despertaste, tres días después, me pediste agua. Luego miraste los hematomas de tu pecho y comprendiste.

—Has hecho un milagro —murmuró la enfermera.

—Ha cometido un delito —dijiste tú.

Intenté besarte, pero apartaste la cara.

—No me salvaste a mí. Te salvaste tú de perderme.

Pediste un bolígrafo. Creí que ibas a denunciarme. En cambio, firmaste otra voluntad anticipada y la dejaste sobre mi mano.

—La próxima vez, ámame un poco menos.

Aquella noche dormí abrazado a ti, escuchando tu corazón.

Latía como un indulto.

También como una condena.

«Os amo con ese amor que hace realizar milagros y cometer crímenes al mismo tiempo.» (Es una frase de Emilio Salgari nacido el 21 de agosto de 1862. No es la frase más famosa; es: “Sandokán queremos un hijo tuyo”. Aysss la pasión! Sin ella es imposible vivir)

Kenny Rogers que hoy cumpliría 88 años es, para mí, uno de los mejores en música country que cantó con su voz rota, una de las canciones más pasionales a una mujer, Lady. Por cierto, Lady fue compuesta por Lionel Richie.

La dona que em sabia el nom

Cada nit, abans d’apagar el llum, ell li deia «senyora», com quan encara li feia vergonya pronunciar el seu nom.

Ella reia i li arreglava el nus de la corbata, tot i que feia deu anys que s’havia jubilat.

Aquell matí, davant del mirall, va tornar a cordar-se-la. Després entrà a l’habitació buida i deixà una rosa damunt del coixí.

—Bona nit, senyora.

Per primera vegada, ella no el va corregir.


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