LA PRÓXIMA VEZ

Habías firmado tres veces que no
querías que te reanimaran.
La primera, como paciente.
La segunda, como abogada.
La tercera, mirándome a los ojos.
—Prométeme que no permitirás que
me conviertan en una habitación donde ya no vive nadie.
Te lo prometí.
Pero
cuando tu corazón se detuvo, aparté el documento y ordené la descarga. Tu
cuerpo se arqueó sobre la cama. Después otra. Y otra. Olía a piel quemada y a
miedo.
—Basta —dijo la enfermera.
No le hice caso.
Te
golpeé el pecho con las dos manos, pronunciando tu nombre entre cada
compresión, como si el amor también fuera una técnica de resucitación.
Volviste al cuarto intento.
Cuando
despertaste, tres días después, me pediste agua. Luego miraste los hematomas de
tu pecho y comprendiste.
—Has hecho un milagro —murmuró la
enfermera.
—Ha cometido un delito —dijiste
tú.
Intenté besarte, pero apartaste
la cara.
—No me salvaste a mí. Te salvaste
tú de perderme.
Pediste
un bolígrafo. Creí que ibas a denunciarme. En cambio, firmaste otra voluntad
anticipada y la dejaste sobre mi mano.
—La próxima vez, ámame un poco
menos.
Aquella noche dormí abrazado a
ti, escuchando tu corazón.
Latía como un indulto.
También como una condena.
«Os amo con ese amor
que hace realizar milagros y cometer crímenes al mismo tiempo.» (Es una frase
de Emilio Salgari nacido el 21 de agosto de 1862. No es la frase más famosa;
es: “Sandokán queremos un hijo tuyo”. Aysss la pasión! Sin ella es imposible
vivir)
Kenny Rogers que hoy cumpliría 88 años es, para mí, uno de los mejores en música country que cantó con su voz rota, una de las canciones más pasionales a una mujer, Lady. Por cierto, Lady fue compuesta por Lionel Richie.
La
dona que em sabia el nom
Cada
nit, abans d’apagar el llum, ell li deia «senyora», com quan encara li feia
vergonya pronunciar el seu nom.
Ella
reia i li arreglava el nus de la corbata, tot i que feia deu anys que s’havia
jubilat.
Aquell
matí, davant del mirall, va tornar a cordar-se-la. Després entrà a l’habitació
buida i deixà una rosa damunt del coixí.
—Bona
nit, senyora.
Per
primera vegada, ella no el va corregir.
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