LA ÚLTIMA EX
Su
última relación acabó mal. El día que la abandonó, ella no lloró ni le pidió
explicaciones. Se abrochó el abrigo negro y, antes de cerrar la puerta, le
dijo:
—Volverás
conmigo. Y entonces será para siempre.
Él
atribuyó la frase al orgullo herido. Aun así, se prometió no enamorarse nunca
más. En adelante sería frío, prudente, uno de esos hombres que llaman
experiencia al miedo.
Entonces
conoció a Elena.
Al
principio solo fue su risa. Después, la manera en que lo miraba. Una mañana
descubrió las primeras mariposas en el estómago y se puso a dieta. Supuso que,
si dejaba de alimentarlas, acabarían buscando otro cuerpo donde revolotear.
Primero
suprimió los postres. Luego el pan, las cenas y, finalmente, casi todo. Elena
le rogaba que comiera. Él se negaba: bastante peligroso era alimentar el amor.
Las
mariposas no se fueron.
Él
sí.
En
el funeral, Elena lloraba frente al ataúd. Detrás de ella, la mujer del abrigo
negro acarició la tapa y sonrió.
—Te
dije que volverías.
Porque
a la Muerte se la puede abandonar. Despecharla, nunca.
«Lo que la experiencia
y la historia enseñan es que los pueblos y los gobiernos jamás han aprendido
nada de la historia.» (Georg Wilhelm Friedrich Hegel -Hegel para los que le
estudiamos- nacido el 27 de agosto de 1770 es el autor de la frase. La podría
haber escrito o dicho hoy mismo y no le cambiaría ni una coma)
No sé si Yolanda Adams sabe volar pero como no lo haga pronto, no le va a quedar tiempo. Hoy cumple 65 años.
El
vestit del cel
Cada
diumenge, l’avi pujava al terrat amb el vestit bo i una maleta buida.
—On vas?
—A aprendre a volar.
Jo
reia. Ell obria els braços i deixava que el vent li despentinés els pocs
cabells que conservava.
El
dia que va morir, vaig trobar la maleta sota el llit. A dins només hi havia una
ploma i una nota: «Volar és deixar de preguntar-se on cauràs».
Aquest
matí he pujat al terrat amb el seu vestit.
Em
queda gran.
El
cel, no.

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