sábado, 22 de agosto de 2026

 

EL MAR NO PASA LISTA


Todas las mañanas, Nayah llegaba al puerto con una mochila llena de cuadernos que no abría. A sus padres les decía que iba al instituto. El instituto la anotaba como ausente. Al mar no tenía que darle explicaciones.

Se bajaba del autobús en el paseo marítimo y dejaba la mochila en el minimercado de Salim.

—Algún día tendrás que entrar en clase —le decía él.

—Algún día volveré a Bata.

Salim no discutía. Quizá también guardaba una ciudad dentro y sabía que hay lugares de los que uno se marcha sin conseguir abandonarlos.

Su familia había huido de Guinea Ecuatorial. Sus padres llamaban a aquello empezar de nuevo. Nayah lo llamaba exilio, aunque nunca en voz alta. Se ponía los auriculares sin música y caminaba junto al puerto mientras fingía no escuchar.

—¿Qué hace una niña negra sola todo el día?

—A estos les dan casa y todavía se quejan.

—Vigila la cartera.

Las frases la seguían unos metros y después regresaban a sus dueños, satisfechas de haber cumplido con su deber.

Al llegar a la playa se quitaba las zapatillas, enterraba los pies en la arena y miraba el horizonte. Al otro lado no estaba Bata, pero Nayah pensaba que todas las aguas terminaban encontrándose. Eso le bastaba.

Cada día se internaba un poco más. Dentro del mar nadie le preguntaba de dónde era, ni le recomendaba volver a su país, ni pronunciaba su nombre con esa lentitud que utilizan algunos para hablar con quien consideran inferior. Allí podía cerrar los ojos y escuchar a sus amigas llamándola por el apodo que nadie conocía en aquella ciudad.

Aquel último día de junio, el cielo estaba bajo y el agua, inquieta. Nayah avanzó hasta dejar de hacer pie.

Por primera vez desde que llegó, se sintió ligera.

Una corriente le rodeó las piernas. Después la cintura. Después el pecho.

—Tranquila, ya estás conmigo —oyó.

No supo si era el mar o su propia voz pronunciada, por fin, sin miedo.

A la mañana siguiente, las olas devolvieron una de sus zapatillas.

La mochila continuó junto a la caja del minimercado, esperando que Nayah volviera tarde, como todos los días.

«De hombres de acción somos ricos; pobres, de pensamiento director.» (Manuel Sales y Ferré nacido el 22 de agosto de 1843 en Ulldecona ya dejó claro en esa frase, su crítica a una Espanya inclinada a actuar e improvisar antes que a reflexionar, planificar y fundamentar sus decisiones)

Jhon Lee Hooker hubiese cumplido hoy 114 años; llegó hasta los 88 que no está mal. Además le dio tiempo a formar duetos con los grandes, como el del vídeo. No digo quién es porque seguro que lo reconocéis desde el primer acorde de guitarra.

Les coses canvien

Cada vespre, en Miquel li deia:

—Tranquil·la. Les coses canviaran.

Ho repetia quan tallaven la llum, quan el noi tornava sense feina, quan la nevera començava a parlar amb veu de buit.

Ella assentia i posava dos plats.

Un dimarts, en Miquel va arribar amb roses i una maleta.

—Ho veus? Ja han canviat.

Ella li va obrir la porta, li besà la galta i es quedà les roses.

Feia mesos que només parava taula per costum


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