viernes, 9 de octubre de 2026

 

FRENTE AMPLIO, AMPLIA… Y VACÍO

He leído que las izquierdas situadas a la izquierda del PSOE han decidido unirse. Otra vez.

Lo cual me parece una excelente noticia, porque a este paso, si continuaban dividiéndose, cada militante acabaría teniendo su propio partido, con derecho a secretario general, portavoz parlamentario y una subvención para gastos de representación.

El nuevo invento se llama Frente Amplio.

Reconozco que el nombre me ha desconcertado. Primero, porque eso de los «frentes» siempre me ha parecido algo militar, poco apropiado para organizaciones tan pacifistas. Y segundo, porque, tratándose de partidos tan comprometidos con el lenguaje inclusivo, encuentro una flagrante discriminación en el nombre escogido.

¿Frente Amplio? ¿Y las amplias, qué?

Me imagino que alguien, con toda la buena intención del mundo y de la munda, propondrá corregir semejante atropello lingüístico y rebautizar la coalición como Frente Amplio y Amplia.

Mucho mejor. Dónde va a parar.

Aunque, pensándolo bien, tampoco me parece una denominación suficientemente inclusiva. Porque ¿qué hacemos con quienes no se consideran ni amplios ni amplias? ¿Los dejamos fuera? ¿Les creamos una comisión de acogida? ¿Convocamos unas primarias para decidir qué anchura ideológica debe tener cada participante?

Pero hay algo que me preocupa especialmente.

Si el Frente es amplio, entiendo que sus integrantes deberán ser personas de mente abierta. Parece razonable. Y, por exclusión, todas aquellas de mente estrecha quedarán fuera del proyecto.

Aquí empieza el problema.

Porque conozco a unos cuantos políticos que tienen una extraordinaria amplitud de miras cuando se trata de aceptar las ideas de los demás, siempre que esas ideas coincidan exactamente con las suyas.

De hecho, me imagino la primera reunión constituyente.

—Compañeros, compañeras, tenemos que unirnos.

—¡Completamente de acuerdo!

—Debemos aparcar nuestras diferencias.

—¡Por supuesto!

—Y elegir a una persona que encabece el proyecto.

Silencio.

—Naturalmente, mediante primarias —dice uno.

—Ni hablar. Eso dividiría a las bases —contesta otra.

—Pues propongo una dirección colegiada.

—¡Eso es una barbaridad! ¡Hay que respetar la pluralidad!

Y así, después de seis horas de debate sobre la unidad, tres recesos para consensuar el orden del día y una votación para determinar si las votaciones deben hacerse a mano alzada o levantada, cada formación abandona la sala convencida de que las demás carecen de voluntad integradora.

Lo curioso de estas cosas es que todos quieren sumar, pero nadie quiere que el resultado de la suma sea mayor que él mismo.

Y yo, que soy un ignorante en materia de geometría política, me pregunto qué sentido tiene crear un frente tan amplio si luego resulta que cada uno quiere ocupar toda su anchura.

Aunque quizá estoy siendo injusto.

A lo mejor consiguen ponerse de acuerdo. Podrían empezar por una declaración de principios que dijera algo así como: «En este espacio cabemos todos, todas y todes, siempre que pensemos lo mismo, votemos lo mismo y aceptemos que quien manda soy yo».

Una magnífica demostración de pluralismo.

En cualquier caso, les deseo suerte. Mucha. Porque si empiezan excluyendo a los de mente estrecha y después continúan expulsando a quienes no compartan su particular concepto de amplitud, me temo que acabarán consiguiendo algo verdaderamente histórico.

El primer Frente Amplio y Amplia en el que no quepa nadie.

Aunque, bien mirado, eso también tendría sus ventajas.

Por primera vez en la historia de la izquierda española, todos los miembros de una coalición estarían de acuerdo.

Porque no habría ninguno.

Y, además, sobrarían sillas.

«Imagina a toda la gente viviendo en paz». (John Lennon como no podía ser de otra manera. Hoy hubiese cumplido 86 años)


El dret de marxar

El pare va passar tota la tarda esborrant les fronteres d'un atles mentre escoltava Imagine.

—Veus? Un món sense països, sense propietats, sense guerres.

La mare, que feia trenta anys que li planxava les camises, va deixar una maleta al passadís.

—Doncs jo me'n vaig.

Ell va apagar la música.

—On?

—Encara no ho sé.

—Amb qui?

—Tampoc.

El pare va agafar el llapis i va tornar a dibuixar les fronteres.

L'endemà, la mare havia desaparegut.

Sobre la taula, l'atles continuava obert.

Algú havia esborrat també els camins de tornada.


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