CADA
PECADO LLEVA SU PENITENCIA
El fútbol no se elige del
todo. A veces uno cree que decide ser del Barça o del Madrid, pero en realidad
llega tarde a una pertenencia que ya le estaba esperando en casa, en la
infancia, en una camiseta, en un domingo con transistor o en una derrota mal digerida.
Por eso, un personaje público,
y más si lleva sotana blanca y habla en nombre de algo parecido a la eternidad,
debería ir con cierto cuidado. No se pueden ir pisando sentimientos ajenos como
quien pisa el césped del Bernabéu antes de un clásico.
León XIV de oficio Papa, ha aterrizado hoy en Madrid y se ha declarado
seguidor del equipo merengue.
Me ha conmovido.
No por la confesión
futbolística, que cada cual tiene derecho a cargar con sus pequeñas desgracias.
Me ha conmovido porque he sentido por él una pena inmensa. Ser Papa debe de ser
difícil. Ser infalible, agotador. Pero ser del Madrid, además, me parece ya una
penitencia excesiva.
«Las innovaciones tecnológicas
—incluida la inteligencia artificial— no son neutrales.» (Robert Francis
Prevost, alias León XIV, nos ha dejado clara su neutralidad. Por cierto, la
foto que ilustra el escrito de hoy está hecha con inteligencia artificial)
Y hoy me ha parecido oportuna la canción de Jonathan Livingston Seagull -Anthem- de uno de los grandes (para mí) Neil Diamond. Ya escucharéis porqué.
El
vol dels que sobren
La gavina no volia peix. Ja és mala
educació néixer gavina i menysprear el menú familiar. Volia aire, altura, una
mica de cel sense instruccions.
Les altres cridaven des de les roques:
—Baixa, que això de somiar fa molt
lleig.
Però ella va continuar pujant fins que
el mar semblà una arruga blava i el món, una excusa petita.
Quan va caure, perquè tothom cau, va
descobrir una cosa estranya: les ales no servien per fugir.
Servien per
tornar diferent.

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