lunes, 28 de septiembre de 2026

 

CERTEZAS Y DUDAS

Estoy lleno de vacío.

Lo sé. No parece una manera demasiado seria de empezar una reflexión, pero últimamente mis certezas tienen esa mala costumbre: en cuanto las miro de cerca, empiezan a parecerse sospechosamente a mis dudas.

Quizá sea porque he pintado algunos pensamientos de negro transparente. Desde lejos parecen sólidos. Rotundos. Incluso elegantes. Pero basta acercarse un poco para descubrir que se puede mirar a través de ellos y que, detrás, no hay respuestas. Solo más preguntas.

También puede ser culpa de mis actos. Procuro caminar con esa seguridad que uno adquiere con los años, aunque he descubierto que cumplir años no significa saber adónde vas. Significa, como mucho, haber aprendido a disimular mejor cuando te pierdes.

Durante mucho tiempo creí que la experiencia servía para construir un suelo firme bajo los pies. Ahora sospecho que sirve para otra cosa: para saber que cualquier suelo puede moverse.

Y luego está mi fortaleza.

Esa que enseño al mundo con bastante dignidad. La que utilizo para proteger precisamente aquello que más vulnerable me hace. Una magnífica armadura con una pequeña particularidad: tiene la abertura exactamente donde podrían herirme.

No sé si esto es una contradicción o simplemente estar vivo.

Porque cada vez tengo menos respuestas y, curiosamente, algunas cosas las entiendo mejor.

He dejado de desconfiar de mis dudas. Las certezas, en cambio, empiezan a preocuparme. Sobre todo las de quienes jamás dudan de nada. Debe de ser agotador tener siempre razón. Y bastante peligroso.

Yo ya no aspiro a tanto.

Me conformo con unas pocas evidencias provisionales, algunas convicciones revisables y un puñado de preguntas que todavía no he conseguido contestar.

Así que, si alguien me pide una certeza, por fin tengo una: dudo.

Y de eso estoy casi seguro.

«Solo hay que cometer las tonterías que nos gustan.» (Prosper Mérimée fue el que le dio un toque literario a aquella frase de “a vivir que son dos días”. Nació el 28 de setiembre de 1803 y tuvo la suerte de escribir una novela corta, Carmen, que la convirtieron en ópera universal)

Supongo que la canción del vídeo, Stand By Me, la habré colocado en alguna ocasión por estas páginas en cualesquiera versiones que se han hecho. Me encanta. Ahí está la original de Ben E. King, en un blanco y negro precioso de 1961. 

La cadira del costat

Cada vespre parava taula per a dos.

—No cal que em facis companyia —deia mentre servia la sopa.

La cadira del davant continuava buida.

Després explicava el dia: el preu del pa, la veïna del tercer, aquell dolor al genoll que no marxava. De vegades reia. Altres, s’enfadava perquè ningú li contestava.

Abans de recollir, deixava sempre la mà uns segons sobre el respatller.

Una nit va guardar el segon plat dins l’armari.

Va sopar en silenci.

Quan es va aixecar, la cadira buida va grinyolar.

Ell es va girar.

—Ja ho sé —va dir—. Tu tampoc estàs preparat.


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