FACHAS DE TODOS LOS COLORES

Tengo
un problema con los fachas.
Con
todos.
Con
el de derechas ya sé más o menos a qué atenerme. A veces hasta viene etiquetado
de fábrica. Bandera, patria, orden, mano dura y esa sospechosa afición a
decidir cómo deberían vivir los demás para que el mundo funcione como Dios
manda. Dios, además, suele mandar exactamente lo mismo que él.
Pero
luego está el otro.
Ese
me desconcierta más.
El
que se considera progresista, abierto, tolerante, defensor de todas las
libertades conocidas y de algunas que todavía están en fase de proyecto, pero
que en cuanto discrepas de él te mira como si hubieras confesado que
estrangulas gatitos los domingos.
Porque
una cosa es defender la libertad y otra bastante distinta aceptar que alguien
la utilice para pensar diferente.
Ahí
empieza el problema.
Hemos
conseguido algo extraordinario: convertir la tolerancia en una virtud que
exigimos siempre al contrario.
«Hay
que respetar todas las opiniones».
Por
supuesto.
Siempre
que coincidan con la mía.
Y si
no coinciden, entonces ya veremos si aquello es realmente una opinión o estamos
ante fascismo, comunismo, machismo, wokismo, populismo, terrorismo,
reaccionarismo o cualquiera de las palabras que tenemos preparadas en el cajón
de las descalificaciones para ahorrarnos la desagradable tarea de escuchar.
Porque
escuchar tiene un inconveniente terrible.
A
veces obliga a pensar.
Y
pensar comporta el riesgo de descubrir que el otro puede tener razón en alguna
cosa.
Solo
en alguna.
Tampoco
exageremos.
Quizás
deberíamos dejar de preguntarnos quién es de izquierdas y quién es de derechas
y empezar a observar otra cosa mucho más sencilla: qué hacemos cuando alguien
nos lleva la contraria.
Ahí
aparecen muchas verdades.
El
problema no empieza cuando alguien defiende una determinada política económica,
una idea de nación, una forma de entender la igualdad o una determinada
organización social. Todo eso se puede discutir.
El
problema empieza cuando alguien decide que sus ideas no necesitan ser
discutidas porque son moralmente superiores.
Cuando
deja de querer convencerte y empieza a querer callarte.
Cuando
considera que él no tiene adversarios, sino enemigos.
Cuando
justifica en los suyos aquello que denuncia escandalizado en los otros.
Cuando
una censura le parece intolerable si la practica el contrario y necesaria si la
practica su bando.
Cuando
la libertad de expresión resulta sagrada hasta que alguien expresa algo que le
molesta.
Ese
individuo puede levantarse por la mañana, mirarse al espejo y considerarse
conservador, revolucionario, progresista, patriota, antisistema o defensor de
la humanidad.
Me
da igual.
Yo
empiezo a desconfiar cuando alguien posee tantas certezas que ya no necesita
escuchar.
Porque
las ideas pueden ser de izquierdas o de derechas.
La
intolerancia tiene menos escrúpulos.
Se
pone cualquier camiseta.
Quizá
por eso últimamente procuro no mirar tanto las etiquetas políticas de las
personas.
Prefiero
mirar qué hacen cuando alguien les dice:
—No
estoy de acuerdo contigo.
«El mundo gira, crea y
se multiplica porque existe el amor.» (Víctor Jara cantautor chileno que sabía
multiplicar. Tras el golpe de estado del 11 de setiembre de 1973 del general
Augusto Pinochet fue detenido, trasladado al Estadio Chile, torturado y
asesinado el 16 de septiembre de 1973. Años
después, el recinto fue rebautizado como Estadio Víctor Jara.
A los fascistas no les gustaba su música ni lo que decía la letra)
Bernie Calvert cumple hoy 84 años y le ha dado su música a la banda The Hollies ¡Menos mal porque nos presentó a esa mujer alta e irresistible de la cual nos enamoramos muchos!
El
vestit negre
Va
entrar quan ja ningú esperava res de la nit.
Alta,
vestida de negre, caminava com si el bar fos seu. Jo també ho vaig pensar.
Va
demanar whisky. Sense gel.
—No
em miris tant —va dir.
—No
et miro.
Va
somriure. Ja sabia que mentia.
Mitja
hora després sonaren sirenes. Dos policies entraren preguntant per una dona.
Ella
em va besar, deixà un sobre a la barra i desaparegué per la porta del darrere.
Dins
hi havia cinc mil pessetes i una nota:
«Per
haver mirat cap a una altra banda.»
Encara
avui no sé si parlava dels policies o d’ella.
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