LA LUNA LLEGÓ TEMPRANO

La
luna se equivocó de hora.
Apareció
cuando el cielo todavía era azul, enorme, redonda, descaradamente visible, como
esas personas que llegan antes a una cita y luego fingen que pasaban por allí.
Me
quedé mirándola.
Siempre
había pensado que la luna pertenecía a la noche. A los insomnes, a los amantes,
a los poetas y a quienes vuelven solos a casa. De día me pareció fuera de
sitio. Casi indecente.
Entonces
comprendí que el problema no era suyo.
Somos
nosotros quienes hemos decidido cuándo deben ocurrir las cosas.
Estudiar
a los veinte. Casarse a los treinta. Triunfar antes de los cuarenta. Jubilarse
a los sesenta y tantos. Enamorarse cuando corresponde. Desear mientras el
cuerpo tenga permiso. Envejecer procurando no molestar demasiado.
La
luna, en cambio, estaba allí.
A
plena luz.
Con
todas sus cicatrices visibles y sin molestarse siquiera en disimularlas.
Pensé
que quizá llevaba demasiados años llegando puntualmente a lugares donde ya no
quería estar.
Así
que aquella tarde hice algo extraordinario.
Nada.
Me
senté a contemplarla mientras el día terminaba a su manera.
Y
por primera vez en mucho tiempo comprendí que llegar tarde a ciertas cosas
puede ser una desgracia.
Pero
llegar cuando a uno le da la gana puede ser una forma de libertad.
«Si el error se corrige
siempre que se reconoce como tal, el camino del error es el camino de la
verdad.» (Hans Reichenbach nacido el 26 de setiembre de 1891 para filosofar en
Viena. Muy cierta su aseveración por eso estamos tan alejad@s de la verdad)
Olivia Newton-John cumpliría hoy 78 años pero hace 4 que se fue en busca de su Xanadú... mientras otr@s aún estamos camino de Ítaca.
Ja
hi havíem estat
Durant
quaranta anys vam buscar Xanadu.
El
vam buscar en cases més grans, viatges més llunyans, restaurants impossibles i
fotografies on sempre somrèiem.
Quan
ens vam jubilar, vam decidir trobar-lo de debò.
—Potser
no existeix —vas dir.
Aquella
tarda vam obrir una capsa de sabates. Hi havia una fotografia: nosaltres dos,
amb vint-i-pocs anys, asseguts a terra d’un pis sense mobles, menjant una
truita directament de la paella.
Al
darrere havies escrit:
«Quan
siguem rics, recordarem això.»
Et
vaig mirar.
Tu
també ho havies entès.
Xanadu
quedava quaranta anys enrere.
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