UN RATITO
Mi nieta me preguntó cuánto
tiempo faltaba para que se apagara aquella estrella.
Estábamos en la terraza. Ella
tenía siete años, un vaso de leche entre las manos y esa edad en la que uno
todavía cree que los adultos sabemos las respuestas.
—Muchísimo —le dije.
—¿Más que tú?
Miré la estrella.
—Bastante más que yo.
Se quedó callada. Luego
preguntó cuánto iba a durar yo.
Los niños tienen esa
desagradable costumbre de llegar directamente a las preguntas para las que los
adultos hemos inventado religiones, filosofías, testamentos y seguros de vida.
—Un ratito —contesté.
—¿Y yo?
—Otro ratito. Espero que más
largo.
Pareció conformarse.
Le expliqué que aquella luz
probablemente había salido de la estrella muchísimo antes de que ella naciera.
Tal vez antes de que naciera yo. Incluso podía ocurrir que la estrella ya no
existiese y nosotros estuviéramos contemplando algo muerto.
Me miró preocupada.
—Entonces estamos viendo el
pasado.
—Sí.
Sonrió.
—Pues qué suerte.
No entendí.
—Podemos ver cosas que ya no
están.
Volví a mirar el cielo.
Allí arriba había miles de
millones de estrellas, galaxias que nunca pisaremos, mundos que jamás
conoceremos y distancias tan enormes que mi cabeza, acostumbrada a medir el
universo entre casa, el supermercado y algún viaje de vacaciones, renunció a
comprenderlas.
Mi nieta acabó la leche.
—Padrí, ¿mañana podemos
seguir mirando?
—Claro.
Se levantó y volvió dentro.
Yo permanecí un rato más en
la terraza.
Pensé que tenía razón.
Vivimos un instante ridículamente corto y apenas recorremos unos pocos
kilómetros de una inmensidad que no parece haberse construido pensando en
nosotros.
Y, sin embargo, aquí
seguimos.
Levantando la cabeza.
Preguntando.
Quizá nuestra grandeza
consista precisamente en eso: en saber que disponemos de muy poco tiempo y
gastarlo intentando comprender lo eterno.
«Para describir exactamente
hay que haber visto, vuelto a ver, examinado y comparado aquello que se quiere
describir, y todo ello sin prejuicios ni ideas preconcebidas.» (Georges-Louis
Leclerc de Buffon es el autor de la frase. Nació el 7 de setiembre de 1707 y
fue un consumado naturalista, por eso le daba tanta importancia a la
observación y examen de las cosas; cosa difícil para cualquier ser humano)
Chrissie Hynde cantante de los Pretenders no consta que en los 75 años que ha estado en este mundo, haya estado en alguna cadena de prisioner@s a pesar de su ferviente activismo. Porque para ser declarad@ activista un requisito es haber pasado por "chirona".
Dilluns
Va guardar la
seva fotografia dins la cartera, darrere la targeta de fitxar.
Feia tres dies
que l’havien enterrada.
Dilluns, a les
vuit, la fàbrica va xiular com sempre. Ningú no li va preguntar com estava. Les
màquines tampoc no acostumen a interessar-se pels morts.
Va ocupar el
seu lloc a la cadena i començà a cargolar peces.
Una. Dues.
Tres.
A la quarta,
va mirar la fotografia.
—No sé què
faig aquí.
El capatàs
cridà que anava endarrerit.
Ell la besà
d’amagat i continuà treballant.
Els morts
poden aturar-te el cor.
La vida,
gairebé mai.

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