lunes, 7 de septiembre de 2026

 

UN RATITO


Mi nieta me preguntó cuánto tiempo faltaba para que se apagara aquella estrella.

Estábamos en la terraza. Ella tenía siete años, un vaso de leche entre las manos y esa edad en la que uno todavía cree que los adultos sabemos las respuestas.

—Muchísimo —le dije.

—¿Más que tú?

Miré la estrella.

—Bastante más que yo.

Se quedó callada. Luego preguntó cuánto iba a durar yo.

Los niños tienen esa desagradable costumbre de llegar directamente a las preguntas para las que los adultos hemos inventado religiones, filosofías, testamentos y seguros de vida.

—Un ratito —contesté.

—¿Y yo?

—Otro ratito. Espero que más largo.

Pareció conformarse.

Le expliqué que aquella luz probablemente había salido de la estrella muchísimo antes de que ella naciera. Tal vez antes de que naciera yo. Incluso podía ocurrir que la estrella ya no existiese y nosotros estuviéramos contemplando algo muerto.

Me miró preocupada.

—Entonces estamos viendo el pasado.

—Sí.

Sonrió.

—Pues qué suerte.

No entendí.

—Podemos ver cosas que ya no están.

Volví a mirar el cielo.

Allí arriba había miles de millones de estrellas, galaxias que nunca pisaremos, mundos que jamás conoceremos y distancias tan enormes que mi cabeza, acostumbrada a medir el universo entre casa, el supermercado y algún viaje de vacaciones, renunció a comprenderlas.

Mi nieta acabó la leche.

—Padrí, ¿mañana podemos seguir mirando?

—Claro.

Se levantó y volvió dentro.

Yo permanecí un rato más en la terraza.

Pensé que tenía razón. Vivimos un instante ridículamente corto y apenas recorremos unos pocos kilómetros de una inmensidad que no parece haberse construido pensando en nosotros.

Y, sin embargo, aquí seguimos.

Levantando la cabeza.

Preguntando.

Quizá nuestra grandeza consista precisamente en eso: en saber que disponemos de muy poco tiempo y gastarlo intentando comprender lo eterno.

«Para describir exactamente hay que haber visto, vuelto a ver, examinado y comparado aquello que se quiere describir, y todo ello sin prejuicios ni ideas preconcebidas.» (Georges-Louis Leclerc de Buffon es el autor de la frase. Nació el 7 de setiembre de 1707 y fue un consumado naturalista, por eso le daba tanta importancia a la observación y examen de las cosas; cosa difícil para cualquier ser humano)

Chrissie Hynde cantante de los Pretenders no consta que en los 75 años que ha estado en este mundo, haya estado en alguna cadena de prisioner@s a pesar de su ferviente activismo. Porque para ser declarad@ activista un requisito es haber pasado por "chirona".

Dilluns

Va guardar la seva fotografia dins la cartera, darrere la targeta de fitxar.

Feia tres dies que l’havien enterrada.

Dilluns, a les vuit, la fàbrica va xiular com sempre. Ningú no li va preguntar com estava. Les màquines tampoc no acostumen a interessar-se pels morts.

Va ocupar el seu lloc a la cadena i començà a cargolar peces.

Una. Dues. Tres.

A la quarta, va mirar la fotografia.

—No sé què faig aquí.

El capatàs cridà que anava endarrerit.

Ell la besà d’amagat i continuà treballant.

Els morts poden aturar-te el cor.

La vida, gairebé mai.



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