EL RESPONSABLE DE SEGURIDAD

Me
nombraron responsable de seguridad un jueves, al terminar una reunión.
Yo
estaba recogiendo los vasos.
—Tú,
que eres metódico, podrías revisar los protocolos.
Dije
que sí. A veces uno acepta una responsabilidad porque ya tiene otra cosa en las
manos y quiere salir de la sala.
El
viernes me dieron acceso a una carpeta con ciento cuarenta y tres
procedimientos. Abrí el primero. Lo había firmado un director fallecido hacía
ocho años. El segundo remitía a un anexo que nadie encontraba.
Seguí
leyendo.
Según
el protocolo de evacuación, al sonar la alarma debíamos abandonar
inmediatamente el edificio. Según el de protección de datos, antes de abandonar
el puesto había que guardar bajo llave todos los documentos confidenciales.
La
llave estaba en poder de una compañera que teletrabajaba los viernes.
Pregunté
qué instrucción prevalecía.
—Depende
de la emergencia.
—Un
incendio.
—Habría
que ver dónde.
Empecé
a hacer anotaciones. Había teléfonos de empresas desaparecidas y un punto de
encuentro situado en lo que ahora era la terraza de un bar. Pensé que aquello
podía arreglarse sin demasiada dificultad.
Solicité
autorización para actualizar los documentos.
Mi
jefe me llamó al despacho.
—¿Qué
les pasa?
—Algunos
se contradicen. Otros están desactualizados.
—Eso
tendrás que justificarlo.
Le
enseñé las anotaciones.
Las
miró sin cogerlas.
—En
un informe.
Durante
tres meses redacté el informe. Entretanto, seguían vigentes los ciento cuarenta
y tres procedimientos, porque retirar uno exigía disponer de otro que lo
sustituyera.
Una
mañana sonó la alarma. Resultó ser una prueba de mantenimiento que no nos
habían comunicado. Bajamos por la escalera y nos quedamos junto al bar, sin
saber si podíamos ocupar la terraza.
El
director salió el último.
—Hay
que mejorar esta coordinación.
Lo
añadí al informe.
Cuando
lo entregué, me felicitaron por el trabajo. Mi jefe incluso me pidió una copia
para presentarla en el comité de dirección.
Una
semana después volvió a llamarme.
—Lo
han visto muy bien. Ahora necesitamos que redactes un protocolo para aplicar
tus recomendaciones.
—¿Y
quién tiene que aprobarlo?
Consultó
el procedimiento de aprobación de procedimientos. Tardó un poco en encontrar la
versión vigente.
—El
responsable de seguridad.
—Pero
si soy yo.
Levantó
la vista del documento.
—Precisamente.
No podemos permitir que te controles tú mismo.
«Desperté de ser niño.
Nunca despiertes» (Miguel Hernández nacido el 30 de octubre de 1910 para ser
uno de los poetas más grandes de todos los tiempos en lengua castellana. A
Miguel Hernández los franquistas lo metieron en la cárcel donde una
tuberculosis lo mató. Murió siendo un niño, 31 años)
Enrique Iglesias, poco habitual por estas página, publicó en 2001 su album "Escape" donde incluía la canción "Hero" (Héroe) que escucharéis en el vídeo. Una desgarradora expresión del deseo de amar y proteger a alguien, con el miedo de no ser correspondid@.
El
clatell
Em
va posar les tisores a la mà i va acostar una cadira a la finestra.
—Comença
pel darrere.
Duia
dies recollint cabells del coixí abans que jo els veiés. Jo feia veure que no
mirava la paperera.
Vaig
agafar-li un floc. Les tisores no tallaven.
—Són
les del peix —va dir.
Vam
riure. Després vaig anar a buscar les altres.
A
mig clatell vaig haver d’aturar-me.
Ella
em va buscar la mà, sense girar-se.
—Descansa
una mica. Tenim tota la tarda.
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