VISTO PARA MITIN

He
apagado la televisión justo cuando un señor ha dicho que no era momento de
hacer política. Llevaba diez minutos explicando a quién no debíamos votar.
Soy
abogado. Tengo cierta costumbre de escuchar a personas que ya conocen la
sentencia y vienen al despacho por si puedo encontrarles unos hechos que
encajen.
A mí
también me pasa. Esta mañana, al escuchar la noticia del accidente, he empezado
a escribir en el grupo de WhatsApp:
«Esto
se veía venir».
Lo
he borrado. Yo no había visto venir nada. Ayer estuve veinte minutos buscando
las gafas y las llevaba colgadas de la camisa.
Después
han llegado las comparecencias.
Uno
exigía responsabilidades antes de que los técnicos hubieran podido explicar las
causas. Otro pedía esperar a la investigación con una serenidad que no le
recuerdo cuando gobernaban los demás.
Esperar
puede ser prudencia. También puede ser una manera de llegar al domingo.
Y
exigir explicaciones puede ser una obligación. Depende de si uno escucha la
respuesta.
No
necesito una sentencia firme para preguntarle a un ministro qué sabía, qué
decisiones tomó o por qué no atendió una advertencia, si la hubo. Tampoco tengo
que esperar diez años para juzgar su gestión. Las responsabilidades políticas
tienen sus propias preguntas.
Pero
si afirmo que alguien causó unas muertes, tendré que aportar algo más que mi
indignación. Incluso aunque la comparta mucha gente. Incluso aunque consiga
decirlo mirando fijamente a la cámara.
En
un juzgado, a veces basta una pregunta incómoda para que una certeza empiece a
deshacerse. En un mitin la pregunta suele hacerla el mismo que contesta, y así
todo avanza bastante.
Lo
de la investigación independiente me parece bien. Habrá que ver de quién debe
ser independiente y si aceptaremos sus conclusiones cuando nos estropeen el
discurso.
Porque
esa es otra. Queremos que se sepa toda la verdad, pero ya hemos encargado las
pancartas.
He
vuelto a encender la televisión. Seguían hablando. Abajo corría una banda con
palabras que iban demasiado deprisa para lo que contaban.
Entonces
ha vibrado el móvil.
En
el grupo alguien había escrito:
«¿Y
tú qué opinas, que eres abogado?».
He
puesto: «Todavía no hay información suficiente».
Mientras
esperaba las respuestas, he ido a buscar aquel vídeo que dejaba tan mal al
ministro.
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«Ningún sistema moral
puede basarse únicamente en la autoridad» (Alfred Jules Ayer nacido el 29 de
octubre de 1910 recalcó que no porque una autoridad ordene algo debe ser
moralmente correcto. De hecho ejemplos, tenemos miles cerca)
La
paret del menjador
Quan
va venir a buscar l’última caixa, jo estava tapant els forats dels quadres.
—Deixa’ls.
Els nous propietaris ja pintaran.
—No
venc el pis.
Va
deixar la caixa a terra.
—Tu
sola?
Vaig
prémer massa el tub de massilla. Em va quedar un bon grumoll al dit.
Ell
va esperar una explicació. Encara ho feia, això.
—M’aguantes
l’escala?
S’hi
va posar d’esma. Vaig pujar dos graons.
Des
d’allà vaig veure la marca del quadre que havia despenjat: un rectangle net,
envoltat de brutícia.
Hauria
de pintar tot el menjador. Potser de groc.
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