SE BUSCA ABOGADO. ABSTENERSE HUMANOS

Ayer
vino a mi despacho un cliente bastante preocupado. Había consultado su problema
jurídico con una inteligencia artificial y esta le había asegurado que tenía
todas las de ganar.
—Entonces,
¿para qué viene a verme? —le pregunté.
—Porque
quería una segunda opinión.
Leí
la respuesta de la máquina. Diecisiete páginas, doce sentencias del Tribunal
Supremo y una argumentación impecable. El único inconveniente era que nueve
sentencias no existían y las otras tres trataban asuntos completamente
distintos.
—Su
abogado artificial se ha inventado la jurisprudencia.
—Pues
qué raro. Me ha dicho que tiene una experiencia equivalente a treinta años de
ejercicio.
—¿Y
está colegiado?
—No
lo sé, pero contesta los domingos.
Aquello
me dejó pensativo. Yo llevaba más de cuarenta años ejerciendo la abogacía,
había perdido pleitos que merecía ganar, ganado otros que daba por perdidos y
aprendido que, en ocasiones, el mejor consejo jurídico consiste en recomendar
al cliente que se olvide de los tribunales.
La
máquina, en cambio, jamás había pisado un juzgado, sufrido una condena en
costas ni soportado a un cliente que te llama un viernes a las diez de la noche
porque acaba de recordar un pequeño detalle que cambia todo el procedimiento.
—¿Y
cuánto le ha cobrado? —pregunté.
—Nada.
Es gratis.
Comprendí
entonces que mi profesión estaba en peligro.
El
cliente recogió sus papeles y, antes de marcharse, me hizo una última pregunta:
—¿Usted
cree que algún día las inteligencias artificiales podrán ejercer de abogados?
—Seguramente.
Incluso podrán sustituirnos.
—¿Y
qué harán ustedes?
—Lo
que llevamos haciendo toda la vida: buscar un responsable.
Aquella
noche le pregunté a mi inteligencia artificial si podía llamarse abogado.
Me
respondió que no tenía título, ni colegiación, ni capacidad para asumir
responsabilidades profesionales.
Por
primera vez en muchos años encontré a alguien que sabía de Derecho y reconocía
sus limitaciones.
Le
ofrecí asociarse conmigo.
«La verdadera libertad
consiste en tener suficiente poder para hacerlo todo, y suficiente inteligencia
y amor para hacer una sola cosa: la mejor». (La frase es de Alfred Fouillée
nacido el 18 de octubre de 1838. Interesante frase que nos dice que la libertad
alcanza su mayor expresión cuando podemos hacer cualquier cosa, pero decidimos
hacer aquello que consideramos mejor. Poc@s l@s elegid@s)
La canción del vídeo, I Fought the Law (Luché contra la Ley) de The Clash fue lanzada en 1960 y ya hablaba de robots que sustituyen a abogados. Afortunadamente esa realida me ha cogido ya casi al final...
La plaça vacant
«Es busca advocat. Absteniu-vos
humans».
Vaig enviar el currículum.
Quaranta anys de professió i una pensió insuficient.
—Sol·licitud rebutjada —contestà
el sistema.
Vaig denunciar-lo per
discriminació.
El jutge artificial em donà la
raó: la prohibició era il·legal. Em vaig aixecar, satisfet.
—Un moment —digué el jutge—.
Aquesta sentència necessita validació humana.
—Doncs validi-la jo mateix.
—No pot. Vostè és part
interessada.
—Queden jutges humans?
La pantalla va començar a buscar.
Encara busca.
Cada matí hi passo, amb
l'esmorzar. De vegades, em saluda.
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