YO SOLO LO COMPARTÍ

Mi
hijo sujetaba la plancha de madera mientras yo buscaba con el taladro los
agujeros del sábado anterior.
—Un
poco más arriba.
Detrás
quedaban los zapatos que su madre había colocado por la mañana. Los de
invierno, con el precio escrito a mano. Habíamos discutido porque ella quería
dejarlos expuestos.
—Para
eso tenemos escaparate.
Ahora
lo estábamos tapando.
A mi
hijo le vibró el móvil. Soltó una mano y la madera se venció hacia mí.
—Hostia.
Sujeta.
—Espera,
que están diciendo algo de esta tarde.
Dejé
el taladro en el suelo.
Me
enseñó un cartel con llamas, una multitud y una frase que prometía cambiarlo
todo a partir de las siete. Se lo había enviado un compañero de clase.
—¿Y
quién organiza esto?
—No
sé. Está en todos los grupos.
—¿Tú
también lo has enviado?
—Sí,
pero yo no voy.
Desde
la tienda, su madre nos pidió que dejáramos libre un trozo para poner el
horario.
Mi
hijo seguía mirando la pantalla.
—Ahora
dicen que lo de saquear es mentira.
—¿Los
mismos?
Pasó
el dedo varias veces.
—No
sé, papá. Hay un montón de mensajes.
Le
pedí que borrara el que había enviado.
—Aunque
lo borre, ya lo tienen. Además, yo solo lo compartí.
Me
agaché a recoger un tornillo. Se me había metido debajo del zapatero que
sacábamos a la calle cuando hacía buen tiempo.
—Papá.
Había
una fotografía de nuestro escaparate en la pantalla. Debajo, alguien preguntaba
si abríamos por la tarde. Se distinguían los botines y el cartón donde su madre
había escrito «Piel. 49 euros».
Mi
hijo levantó la vista hacia los zapatos. Después volvió al teléfono y mantuvo
el dedo sobre el cartel que había reenviado.
Lo
borró.
Durante
unos segundos se quedó mirando la conversación.
—Pero
ya lo tienen —dijo.
Guardó
el móvil y empujó la madera contra el marco.
—¿Así
está bien?
Recogí
el taladro.
—Sí.
Ahora aguanta.
«Cuando se conversa se
vive, cuando se vive se ama y cuando se ama se está triunfando» (Esta frase “in crescendo” es de Godofredo Garabito
Gregorio nacido el 31 de octubre de 1932 para tener un nombre curioso y ser
poeta e historiador. No me consta que su firma fuese GGG)
Amb
el permís de la família
La
mare va començar a sortir del nínxol sis mesos després d’enterrar-la.
El
vigilant ens va avisar: ballava amb un desconegut davant del panteó dels
industrials.
—Amb
la vida que ha portat, ja li tocava —vaig dir.
El
meu germà volia presentar una queixa. Li preocupava que algú la reconegués.
Hi
vam anar plegats. La mare duia el vestit amb què l’havíem enterrada, escurçat
per damunt dels genolls.
—El
pare ho sap? —va preguntar ell.
Ella
va assenyalar una tomba.
El
pare hi seia, amb les sabates d’ella a la falda.
—Avui
em toca esperar.
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