miércoles, 26 de agosto de 2026

 

SE BUSCA MENTIROSO CON EXPERIENCIA

Yo no soy idiota.

Lo aclaro porque últimamente se utiliza la palabra con demasiada ligereza. Basta con votar a un inútil, compartir una noticia falsa o defender a un político sorprendido con las manos dentro de la caja para que alguien te llame idiota.

Como si uno no pudiera hacer esas tres cosas y seguir siendo una persona respetable.

Yo participo en la vida política. Cada cuatro años. Tampoco conviene abusar. La democracia, como el marisco, puede provocar indigestión si se consume con demasiada frecuencia.

El día de las elecciones me levanto temprano, desayuno, leo varios mensajes que confirman lo que ya pensaba y acudo al colegio electoral convencido de que voy a salvar el país. No sé exactamente de qué, pero eso ya me lo explican durante la campaña.

En realidad, votar es como participar en una entrevista de trabajo. La empresa se llama España, los ciudadanos somos los propietarios y los candidatos vienen a pedirnos el puesto.

El primero que entrevisté parecía un hombre serio.

—¿Qué piensa hacer con los impuestos?

—Dependerá de los servicios que queramos mantener.

Mala respuesta.

—¿Y con las pensiones?

—Habrá que estudiar cómo financiarlas dentro de veinte años.

Peor.

—¿Puede garantizar que mejorará la sanidad, bajará la vivienda, aumentará los salarios y reducirá la deuda?

—No puedo garantizarlo.

Lo descarté inmediatamente.

Le faltaba liderazgo.

Además, tenía la desagradable costumbre de explicar las dificultades. Cada vez que le preguntábamos algo, aparecía un límite, una cifra o una consecuencia. Daba la impresión de que gobernar consistía en elegir entre cosas posibles.

¿Quién vota a una persona así?

El segundo candidato entró sonriendo.

Traía un currículum magnífico. Había estudiado en varias universidades, aunque ninguna recordaba haberlo visto. Dominaba cuatro idiomas, siempre que no tuviera que hablarlos, y poseía una amplia experiencia internacional porque había cambiado de avión en Frankfurt.

—¿Qué piensa hacer con los impuestos?

—Bajarlos.

—¿Y con las pensiones?

—Subirlas.

—¿Y con la deuda?

—Eliminarla.

—¿Cómo?

—Con voluntad política.

Aquello nos impresionó.

La voluntad política sirve para todo. Es una energía limpia, barata y renovable que solo aparece durante las campañas electorales. Después desaparece misteriosamente, como los calcetines dentro de la lavadora.

El candidato continuó. Prometió médicos sin espera, viviendas asequibles, trabajos bien pagados, electricidad barata, trenes puntuales y terrazas con sombra. También aseguró que castigaría a los culpables.

—¿Qué culpables? —pregunté.

—Los otros.

Nos pusimos en pie para aplaudir.

No concretó quiénes eran los otros, pero todos supimos que no éramos nosotros.

Eso es liderazgo.

Un buen político no debe decirte lo que puede hacer. Debe decirte que tú tienes razón. Que tus problemas no dependen de tus decisiones, que tus errores son derechos pendientes y que detrás de cada fracaso personal hay un enemigo financiado con dinero público.

El candidato nos miró a los ojos.

—El pueblo nunca se equivoca.

Aquella frase decidió mi voto.

Era evidente que aquel hombre conocía al pueblo. Sobre todo porque jamás había viajado en metro, solicitado una cita médica ni intentado alquilar un piso con un sueldo normal.

Ganó las elecciones.

Al principio todo fue bien. Salía mucho por televisión. Inauguraba cosas, abrazaba niños y visitaba fábricas donde nadie parecía estar trabajando. Cada vez que hablaba, el futuro mejoraba.

Luego llegó el presente.

Los impuestos no bajaron: fueron reorganizados. Las pensiones no subieron: avanzaron hacia un horizonte sostenible. La vivienda siguió igual, pero se creó una comisión para observarla. Las listas de espera aumentaron, aunque el ministro explicó que aquello demostraba la confianza de los ciudadanos en la sanidad pública.

Cuando preguntamos por sus promesas, el presidente puso cara de hombre traicionado por la realidad.

—La situación es más complicada de lo que parecía.

Curiosamente, eso era lo mismo que había dicho el candidato sincero.

Pero en boca del ganador sonaba a estadista.

En el bar empezamos a quejarnos.

—Todos los políticos mienten —dije.

El camarero, que tiene la mala costumbre de recordar las cosas, me miró mientras limpiaba un vaso.

—El otro no mentía.

—Por eso no lo votamos. Era un cenizo.

Cuatro años después volvimos a celebrar elecciones.

El presidente se presentó otra vez. Llevaba una corbata diferente y las mismas promesas, aunque ahora los culpables eran más numerosos. Dijo que necesitaba otros cuatro años para cumplir lo que no había podido hacer en los cuatro anteriores.

Me pareció razonable.

Antes de introducir la papeleta, dudé unos segundos. Recordé los impuestos, las listas de espera, el alquiler de mi hija y aquella comisión que todavía estaba observando la vivienda con gran atención.

Después recordé que el adversario podía ganar.

Y voté al mismo.

Al salir del colegio electoral, murmuré indignado:

—Los políticos nos toman por idiotas.

Mi mujer me cogió del brazo.

—No te toman —dijo—. Te presentas tú solo.

«No es el hogar lo que añoramos, sino el yo que éramos cuando estábamos en casa.» (Christopher Isherwood nacido el 26 de agosto de 1904 para ser escritor aunque a él lo que le gustaba eran los juegos de niños)

Dolly Parton pasó ayer 25 de agosto a la habitación de al lado a los 80 años de edad. Hizo muchos duetos, especialmente con Kenny Rogers, y cuando sacaba una canción original como la del vídeo (I Will Always Love You) venía otra y la hacía famosa ¿Adivináis quién? -para eso hace falta escucharla claro.


El cafè dels diumenges

Quan vas marxar, vas deixar dues tasses al prestatge. Durant anys només en vaig fer servir una, però cada diumenge n’omplia l’altra de cafè i la deixava refredar davant de la teva cadira.

Els fills deien que havia d’acceptar-ho. Jo assentia, educat, com qui firma una renúncia que no pensa complir.

Avui he trencat la teva tassa sense voler. He recollit els bocins, els he besat un per un i, per primera vegada, he preparat cafè només per a mi.

Encara t’estimo.

Però ja no t’espero.

 


2 comentarios:

  1. Te equivocaste votando al mismo! Un saludo

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    1. Esto de las votaciones a una opción política es como ser de un determinado equipo de fútbol. Votas por el sentimiento independientemente del energúmeno que lo dirija o de cómo dirija tu país. Así nos va.

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