EL INFORME QUE NOS PISA
Dicen que nuestros alumnos
empiezan a perderse cuando un texto supera las cuatrocientas palabras.
No me preocupa demasiado.
Para votar no hacen falta
tantas.
De hecho, últimamente parece
que sobran.
«Espanya se rompe».
«Que te vote Txapote».
«No pasarán».
«Sí se puede».
«Haz que vuelva».
«Por una Espanya mejor».
No importa demasiado qué
venga después. Lo importante es que la frase quepa en una pancarta, pueda
gritarse sin respirar y permita identificar rápidamente quiénes son los
nuestros y quiénes los hijos de puta.
Luego llamamos debate
político a dos personas interrumpiéndose en televisión.
Y programa electoral a
doscientas páginas que nadie lee, incluidos probablemente algunos de quienes lo
han firmado.
Nos escandaliza que los
jóvenes no comprendan textos largos mientras elegimos gobiernos mediante vídeos
de treinta segundos en los que un candidato acaricia un perro, visita un
mercado o mira con gesto grave hacia un punto indeterminado del horizonte.
Debe de estar pensando.
O esperando que termine la
grabación.
La política también ha
aprendido que explicar demasiado resulta peligroso.
Porque cuando explicas
aparecen los matices.
Y los matices son unos
cabrones.
Obligan a reconocer que el
adversario puede tener razón en algo. Que nosotros podemos equivocarnos. Que un
problema complejo quizá no tenga una solución de siete palabras.
Eso no cabe bien en Twitter.
Así que simplificamos.
Izquierda.
Derecha.
Fascista.
Comunista.
Patriota.
Traidor.
Y listo.
No hace falta leer
cuatrocientas palabras para odiar a alguien.
Bastan cinco.
Quizá por eso deberíamos
preocuparnos menos de que nuestros adolescentes no comprendan textos largos y
preguntarnos quién les ha enseñado que pensar debe ser breve.
Porque algún día esos jóvenes
votarán.
Bueno, algunos ya votan.
Y tendrán que decidir sobre
economía, guerras, impuestos, inmigración, vivienda, derechos o pensiones.
Asuntos ligeramente más
complejos que un eslogan.
Aunque tengo la sospecha de
que nadie espera que los comprendan.
Solo que escojan uno.
Y lo repitan.
A ser posible sin pasar de
cuatrocientas palabras. Como este escrito que tiene 329 palabras.
«No existe la muerte. Solo
hay un nuevo comienzo.» (Hana Andronikova nacida el 9 de setiembre de 1967 para
comenzar de nuevo 44 años después)
David A. Stewart cumple hoy 74 años. Es guitarrista de la banda Eurythmics que en 1985 se encontraron con un ángel equivocado. Le llamaron así para no decir que era un demonio.
L’àngel equivocat
Ella deia que
els àngels existien.
Jo reia. Fins
que va aparèixer.
Em va tocar el
braç al metro, em va somriure com si ens coneguéssim de sempre i, durant tres
parades, vaig tornar a tenir vint anys.
—Baixes aquí?
—va preguntar.
Vaig negar amb
el cap.
Les portes es
van tancar i ella va quedar a l’andana.
No vaig tornar
a veure-la.
Des
d’aleshores, cada matí agafo la mateixa línia, a la mateixa hora.
Potser els
àngels existeixen.
El problema és
que, de vegades, baixen una parada abans.

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