TODOS A LA IZQUIERDA. YO, DELANTE

Hoy
he leído una noticia que, de confirmarse políticamente, podría ahorrarnos una
buena cantidad de encuestas electorales.
Un
equipo de investigadores ha descubierto que, cuando las personas caminamos sin
rumbo fijo, tendemos a girar hacia la izquierda. Solas o acompañadas. Incluso
los niños pequeños. La ciencia todavía ignora por qué sucede.
Yo
tengo una teoría. Y no es científica, que conste, porque en nuestro país hace
tiempo que hemos demostrado que para explicar la política no hace falta saber
de nada.
Giramos
hacia la izquierda porque todos queremos ofrecernos a liderarla.
Fijaos
en la diferencia. Un peatón normal camina, se desvía ligeramente y sigue
andando. Un político español que se considere de izquierdas nota la desviación,
se detiene, convoca una rueda de prensa y anuncia su disposición a encabezar un
nuevo proyecto unitario. Cuando le preguntan quién lo integrará, responde que
todas las sensibilidades son bienvenidas. Naturalmente, siempre que respeten su
liderazgo.
El
descubrimiento se produjo mientras estudiaban cómo se movía la gente durante la
pandemia. Si hubieran convocado a representantes de nuestras distintas
izquierdas en el mismo recinto, habrían obtenido un resultado espectacular.
Todos
girarían hacia la izquierda, sí. Pero cada uno tomaría la delantera por un
camino diferente.
Uno
acusaría al de al lado de no girar lo suficiente. Otro advertiría que hay que
girar con responsabilidad institucional. Un tercero propondría una asamblea
para decidir quién tiene derecho a dar el primer paso. Y alguno, viendo que no
lo nombran portavoz, abandonaría la sala para crear un nuevo espacio de
convergencia.
Con
él mismo.
Lo
más interesante del estudio es que ese giro se produce incluso cuando caminamos
solos. Ahí los científicos han dado con una auténtica especialidad nacional: el
líder de izquierdas que, tras romper con todos sus compañeros, sigue marchando
convencido de que representa a una mayoría social. Lo único que ha perdido por
el camino es la mayoría. Y a sus compañeros.
A
todo esto, fuera del recinto, la gente espera soluciones a cosas tan poco
ideológicas como el alquiler, el sueldo o la cita con el médico. De vez en
cuando alguien pregunta si se han puesto de acuerdo. Le responden que sí, que
comparten el diagnóstico y que próximamente anunciarán la composición de una
comisión para estudiar la posibilidad de caminar juntos.
Mientras
tanto, la derecha los contempla con cierta satisfacción. Tampoco es que tenga
muy claro adónde va, pero ha descubierto que, mientras sus adversarios discuten
quién debe encabezar la marcha, puede ir ocupando el espacio que dejan libre.
He
decidido comprobar el experimento por mi cuenta. Esta mañana he despejado el
salón y me he puesto a caminar sin rumbo fijo. Efectivamente, enseguida he
empezado a girar hacia la izquierda.
—¿Qué
haces? —me ha preguntado mi mujer.
—Estoy
intentando averiguar si puedo liderar la izquierda española.
—Pues
empieza por liderar la aspiradora, que llevas media hora rodeándola.
—De
acuerdo. Pero ¿tú me seguirás?
—Cuando
termines de pasarla, hablamos.
Me
temo que acabo de perder a mi primera militante.
«Si triunfan las
derechas [...] tendremos que ir a la Guerra Civil declarada.» (Francisco Largo
Caballero nacido el 15 de octubre de 1869, miembro destacado del PSOE, Ministro
de Trabajo durante la República, presidente del gobierno al iniciarse la
guerra civil en 1936 y, como se lee, nada pacifista. Recordado en Catalunya por que “ens la va fotre ben be”)
Hoy cumple 80 años Richard Carpenter pianista de The Carpenters conjunto que nos hizo amar a much@s de mi generación. Y aunque hoy es jueves y luce el sol, uno de sus éxitos con la caricia de la voz de su hermana Karen.
La
pluja de dins
Els
dilluns sempre plovia a casa de la Mercè. Fins i tot a l'agost. La rentadora
del pis de dalt perdia aigua i el veí només feia bugada aquell dia.
Ella
no es queixava. Posava una galleda al passadís, s'asseia al costat i escoltava
les gotes.
Feia
un any que vivia sola.
Un
dilluns van arreglar la canonada. El lampista li va preguntar si estava
contenta.
—Molt
—va respondre.
Aquella
nit, abans d'anar a dormir, va deixar l'aixeta del lavabo una mica oberta.
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