sábado, 28 de marzo de 2026

 

BOSQUES ANTES QUE PLANETAS


Llevamos décadas mirando a Marte como quien mira un piso nuevo para no reconocer que se le está cayendo la casa encima. Le dibujamos atmósferas, le sembramos bosques imaginarios, le ponemos agua en simulaciones, cúpulas, colonias, esperanza tecnológica y hasta un futuro con vistas. Todo muy limpio, muy rojo, muy épico. Muy de especie que sueña a lo grande cuando no quiere agacharse a recoger lo que ha roto.

Mientras tanto, aquí abajo, un bosque arde sin marketing. Un río baja enfermo. Un mar devuelve plástico como quien escupe una verdad. Los insectos desaparecen sin rueda de prensa. La tierra se agrieta en silencio, que es la manera más educada que tiene el planeta de decirnos que nos estamos pasando.

Quizá la pregunta no sea cómo terraformar Marte, sino por qué necesitamos fantasear con otro mundo para no cuidar este. Qué clase de inteligencia diseña jardines en un desierto lejano mientras convierte en desierto su propio jardín. Qué clase de ambición presume de conquistar un planeta muerto cuando todavía no ha aprendido a convivir con uno vivo.

Nos fascina la épica de marcharnos. Tiene mejor prensa que la humildad de quedarnos y arreglar. Suena más heroico hablar de colonias interplanetarias que de suelos, humedales, abejas, semillas, sombra, agua potable y aire respirable. Marte no nos exige memoria. La Tierra, sí. Y ahí empiezan los problemas.

Porque cuidar la Tierra no tiene la estética brillante de la conquista. Tiene barro en las botas, leyes que molestan, renuncias, límites, responsabilidades y la desagradable costumbre de recordarnos que no somos dioses ni propietarios, apenas inquilinos bastante torpes.

A lo mejor no queremos otro planeta.

A lo mejor lo que queremos es no sentirnos culpables por estar estropeando este.

«Cuando el trabajo es un placer, la vida es una alegría; cuando es una obligación, la vida es esclavitud.» (Aleksei Maksímovich Peshkov es el autor de la frase bastante acertada, solo hay que ver lo malhumorad@s que andan algun@s por los pasillos de los despachos. El nombre tal vez no os diga gran cosa pero su seudónimo seguro que si: Máximo Gorki escritor ruso nacido el 28 de marzo de 1868 y cuyo apellido de seudónimo, Gorki, era bastante coherente con la vida que llevó y su literatura. Significa amargo)

Milan Williams cumplió 62 años, así que no llegó a jubilarse de su grupo The Commodores, suponiendo que la jubilación por supuesto fuese a partir de los 65 años y no antes. Lo cierto es que hoy hubiese celebrado su 82 cumpleaños y, quién sabe, su tiempo de jubileo.

Diumenge sense perdó

Va deixar les claus damunt la taula com qui deixa una propina ridícula.

—No t’ho compliquis —va dir—. Vull una vida fàcil.

Fàcil.

Com si els anys plegats fossin una camisa que et treus perquè pica. Com si l’amor fos això: un moble que no combina amb el menjador nou.

Jo no vaig plorar. Vaig obrir la finestra, vaig sentir els veïns discutint, una moto, una ràdio llunyana. La vida, fent de vida.

Llavors vaig entendre-ho: el fàcil no era marxar. El fàcil havia estat estimar-me malament.



No hay comentarios:

Publicar un comentario