BOSQUES
ANTES QUE PLANETAS

Llevamos décadas mirando a
Marte como quien mira un piso nuevo para no reconocer que se le está cayendo la
casa encima. Le dibujamos atmósferas, le sembramos bosques imaginarios, le
ponemos agua en simulaciones, cúpulas, colonias, esperanza tecnológica y hasta
un futuro con vistas. Todo muy limpio, muy rojo, muy épico. Muy de especie que
sueña a lo grande cuando no quiere agacharse a recoger lo que ha roto.
Mientras tanto, aquí abajo, un
bosque arde sin marketing. Un río baja enfermo. Un mar devuelve plástico como
quien escupe una verdad. Los insectos desaparecen sin rueda de prensa. La
tierra se agrieta en silencio, que es la manera más educada que tiene el
planeta de decirnos que nos estamos pasando.
Quizá la pregunta no sea cómo
terraformar Marte, sino por qué necesitamos fantasear con otro mundo para no
cuidar este. Qué clase de inteligencia diseña jardines en un desierto lejano
mientras convierte en desierto su propio jardín. Qué clase de ambición presume
de conquistar un planeta muerto cuando todavía no ha aprendido a convivir con
uno vivo.
Nos fascina la épica de
marcharnos. Tiene mejor prensa que la humildad de quedarnos y arreglar. Suena
más heroico hablar de colonias interplanetarias que de suelos, humedales,
abejas, semillas, sombra, agua potable y aire respirable. Marte no nos exige memoria.
La Tierra, sí. Y ahí empiezan los problemas.
Porque cuidar la Tierra no
tiene la estética brillante de la conquista. Tiene barro en las botas, leyes
que molestan, renuncias, límites, responsabilidades y la desagradable costumbre
de recordarnos que no somos dioses ni propietarios, apenas inquilinos bastante
torpes.
A lo mejor no queremos otro
planeta.
A lo mejor lo que queremos es
no sentirnos culpables por estar estropeando este.
«Cuando el trabajo es un
placer, la vida es una alegría; cuando es una obligación, la vida es
esclavitud.» (Aleksei Maksímovich Peshkov es el autor de la frase bastante acertada, solo hay que ver lo malhumorad@s que andan algun@s por los pasillos de los
despachos. El nombre tal vez no os diga gran cosa pero su seudónimo seguro que
si: Máximo Gorki escritor ruso nacido el 28 de marzo de 1868 y cuyo apellido de
seudónimo, Gorki, era bastante coherente con la vida que llevó y su literatura.
Significa amargo)
Milan Williams cumplió 62 años, así que no llegó a jubilarse de su grupo The Commodores, suponiendo que la jubilación por supuesto fuese a partir de los 65 años y no antes. Lo cierto es que hoy hubiese celebrado su 82 cumpleaños y, quién sabe, su tiempo de jubileo.
Diumenge sense perdó
Va deixar les claus damunt la
taula com qui deixa una propina ridícula.
—No t’ho compliquis —va dir—.
Vull una vida fàcil.
Fàcil.
Com si els anys plegats fossin
una camisa que et treus perquè pica. Com si l’amor fos això: un moble que no
combina amb el menjador nou.
Jo no vaig plorar. Vaig obrir
la finestra, vaig sentir els veïns discutint, una moto, una ràdio llunyana. La
vida, fent de vida.
Llavors vaig entendre-ho: el
fàcil no era marxar. El fàcil havia estat estimar-me malament.
No hay comentarios:
Publicar un comentario