jueves, 29 de septiembre de 2011

Sabotaje




Se conocieron por internet. Ella se quedó literalmente colgada de él tanto que, cuando él desapareció, terminó ahorcándose. Ahora la policía busca al responsable que saboteó la red eléctrica y dejó sin luz al vecindario aquella fatídica noche.

lunes, 26 de septiembre de 2011

El Robot (y III)

Bajó los cuatro pisos que separaban su despacho de presidente en “Robobo Tecnics, S.A.” hasta donde se encontraba el núcleo que hacía funcionar la maquinaria que daba vida a los androides. Allí era el único lugar donde podía procesar toda la información que recibía a lo largo del día. Fue en aquél recinto donde empezó todo, el día en que hombres y máquinas iniciaron su particular e indisoluble unión.  

Constantó lo fácil que había sido llegar a un acuerdo con “Personal Solutions, S.A.”.  El que los hombres tuviesen como patrón vital de referencia el dinero los hacía vulnerables. Que para conseguirlo fuesen capaces de vender su libertad, los convertía en manipulables. Le había costado poco tiempo que sus circuitos asimilasen aquello y la ayuda de Eduardo García García había sido fundamental. Él lo había programado para procurar que los hombres llegaran a ese estado que llaman felicidad. Almacenó en su memoria que la felicidad consiste en algo tan simple como que el hombre sienta que está vivo por algo. 

En la primera fase de la adaptación había conseguido su propósito: todos los hombres se sentían útiles porque tenían trabajo, lo realizaban con diligencia y cobraban un salario. Pero surgieron nuevos problemas, algo que Eduardo García García denominó pasiones y enumeró las más importantes: los hombres sentían envidia que les producía un efecto muy curioso. Se sabía que alguien tenía envidia porque hablaba mal del otro y, en su fase aguda, se odiaban. Eso estaba mal porque de ahí nacía lo peor de la especie humana: el deseo por destruir a su semejante.  Sin embargo contrarrestaban esa capacidad de derribar al prójimo con algo que llamaban amor, una pasión oscilante que hacía que los hombres se sumiesen en la melancolía absoluta o en la alegría desmedida que, en su fase culminante, servía para que se reprodujesen y perpetuasen la especie creando nuevos seres que heredarían esos sentimientos contradictorios. Por eso eran infelices: porque repetían una y otra vez sus errores en un ciclo que no tenía fin.  

En una segunda fase decidió eliminar del hombre las pasiones. Fue todo un éxito y allí estaba Eduardo García García para atestiguarlo, su mejor obra. Un ser humano técnicamente útil y desprovisto de cualquier tipo de sentimientos. La felicidad completa para el hombre. Se acabó la miseria, ya no hubo más guerras, todos estaban contentos con lo que tenían y se acabaron las necesidades, origen del dolor humano. Fue sencillo extender ese modelo a todo el mundo. La tierra se pobló del nuevo hombre feliz y se abrieron las puertas a una era de paz duradera. Y eso lo había conseguido él: un robot nacido del hombre y hecho a su imagen y semejanza que supo quedarse con lo bueno de la esencia humana y orillar lo malo. Se podía decir que había superado a Dios.

EPILOGO: Y resultó que el nuevo hombre feliz no tuvo la necesidad de reproducirse. No se produjeron más nacimientos en la Tierra y la especie humana desapareció. El presidente de “Robobo Tecnics, S.A.”, el robot que había superado a Dios, no pudo hacer nada por impedirlo, como tampoco pudo, porque de ello no le habló Eduardo García García, procesar una solución para la soledad una situación que finalmente lo llevó a un desguace que no existía.

sábado, 24 de septiembre de 2011

El Robot (II)



El presidente de “Robobo Tecnic, S.A.” hizo una pausa que advertía a su oyente de la importancia de lo que iba a explicar.

-          Los trabajadores empezaron a enfermar… bueno, a transformarse
-          ¿Quiere decir que se volvieron como zombies o algo así?  -preguntó el mandamás de “Personal Solutions, S.A.”- Mire que aquí tenemos un índice de absentismo algo elevado y…
-          No, no. No fue exactamente una transformación en muertos vivientes o una enfermedad. Verá, en aquella situación de conflicto laboral que vivía nuestra empresa, el personal dejó de controlar nuestros autómatas, de cuidarlos. Incluso hubo intentos de sabotaje impidiéndose el paso del personal de seguridad donde estaba el corazón que hacía funcionar las máquinas. Se encerraron allí durante días, semanas hasta que un día, de repente, cesó el conflicto y los trabajadores abandonaron su encierro. El Sr. García García los dirigía hacia sus puestos de trabajo. Nuestra sorpresa fue mayúscula cuando vimos que, sin apenas pronunciar palabra, se ponían a trabajar y no abandonaban el puesto en todo su turno. Bueno, excepto para comerse el bocadillo o ir al servicio puntualmente. Los mismos trabajadores pidieron incrementar su jornada de trabajo una hora más al día para recuperar el tiempo perdido con la huelga ¡Y sin coste para la empresa! Desde entonces todo ha funcionado con una precisión increíble y se ha reducido el absentismo…
-          ¿Pero cómo ocurrió ese prodigio?
-          Si, a nosotros también nos sorprendió esa mutación y le preguntamos al que había sido su cabecilla, el Sr. García, qué es lo que les había hecho cambiar de opinión. Me contestó de una manera algo extraña: me dijo que habían entendido que debían cuidar las máquinas. Como comprenderá, aunque la situación había girado radicalmente a nuestro favor, no salíamos de nuestro asombro y decidimos comprobar que aquél fenómeno era real. Primero vigilamos que la producción se elaborase correctamente y fuese la adecuada. Luego que la situación laboral era estable. Cuando corroboramos estos dos parámetros fuimos más allá para averiguar qué había ocurrido para que los trabajadores tuviesen aquél cambio de actitud. Decidimos que debían pasar una revisión médica exhaustiva y el resultado fue sorprendente, su tono físico era excelente, incluso mejor que cuando iniciaron el encierro. No contentos con eso, les realizamos un examen mental con un  resultado igualmente satisfactorio, incluso todas las familias de los trabajadores confirmaron que el comportamiento en casa había mejorado desde que habían vuelto del encierro. Eran más atentos, cariñosos y detallistas. No obstante –la expresión del presidente de “Robobo Tecnic, S.A. se volvió seria- hay algo en común en todos los que estuvieron en el aislamiento con los robots: nadie quiere hablar de qué pasó allí.
-          ¿Cómo en el síndrome de Estocolmo?
-          Algo más que eso. La conclusión final de nuestros psicólogos  fue que se había producido una especie de intercambio entre las máquinas y los trabajadores haciendo que estos que adquiriesen la forma de actuar de aquellas… y los autómatas las de los trabajadores. Algo parecido a una simbiosis, ya sé que es biológicamente imposible, pero esas fueron las impresiones de los profesionales y nosotros no se lo íbamos a discutir –y dirigiéndose al presidente de “Personal Solutions, S.A. con una sonrisa- máxime cuando se solucionó el conflicto y se incrementó nuestra producción totalmente gratis, que es de lo que se trata ¿no?
-          Por supuesto –confirmó devolviéndole la sonrisa- Ese argumento me ha convencido definitivamente. Entonces ¿para cuándo me hace llegar las máquinas?
-          Haremos algo mejor que no hará falta realizar engorrosos traslados de maquinaria, ni costosos despidos de personal –y dirigiendo la mirada a un impertérrito García García dijo- Él dirigirá la formación de sus trabajadores enseñándoles la, digamos, técnica que aprendió en el encierro con las máquinas. Verá que al finalizar el proceso sus hombres serán un poco robots y sus máquinas un poco más humanas.

Llegaron rápidamente a un acuerdo económico. Los argumentos del presidente de “Robobo Tecnic, S.A.” en cuanto a aumentar la producción, minimizando los costes de personal y, sobre todo, sin complicaciones laborales, lo habían convencido. El que sus trabajadores se convirtieran en autómatas  no le suponía un problema de conciencia, a fin de cuentas ya lo eran en cierto modo: se levantaban, acudían a su trabajo, se enfadaban con sus compañeros de trabajo, recibían la bronca de sus jefes, volvían a casa para reencontrarse con sus problemas diarios, se quedaban dormidos delante del televisor, engañaban a sus mujeres o a sus maridos, hacían el amor, soñaban y vuelta a empezar de nuevo. Ya eran esclavos de su rutina, por tanto ¿qué importaba perder esa supuesta libertad si todos eran un poco más felices aunque esa felicidad fuese artificial?  

jueves, 22 de septiembre de 2011

El robot (I)


Tenían necesidad de incrementar la producción y pensaron que la mejor manera de hacerlo era sustituir a las personas por robots. Encargaron la fabricación de los autómatas a una de las principales empresas en tecnología punta del mundo, una de aquellas empresas en las que el único factor humano eran el consejo de administración y los accionistas que cobraban los beneficios.  A pesar de eso tardaron más de dos meses en encontrar la solución. El día de su presentación el presidente de “Robobo Tecnic, S.A.” -experta mundial en la fabricación de robots- y el de  “Personal Solutions, S.A.”, estaban reunidos en la sede de ésta analizando el resultado de su trabajo. El presidente de “Robobo Tecnic, S.A.” venía acompañado de un hierático personaje que en el momento de las presentaciones permaneció inmóvil, sin que apareciese en su rostro ningún atisbo de emoción.

     -          Y bien  ¿cuál es el resultado de su trabajo? –preguntó el presidente de “Personal Solutions, S.A.”
     -        Lo tiene delante suyo –contestó el mandamás de “Robobo Tecnic, S.A.” señalando a quién le había acompañado a la reunión- Le presentó a Eduardo García García, jefe-prototipo del departamento de producción. Una auténtica maravilla producto de la tecnología más avanzada.
     -          ¡Caramba! –exclamó perplejo- Hubiese dicho que quién le acompañaba era humano y no un androide.
      -          Es que es humano... Un humano sometido a un cierto proceso de transformación…
      -          ¿Humano? Perdone pero habíamos quedado que queríamos robots, no hombres.
      -       Si, lo sé. Pero ya le he dicho que el Sr. García ha experimentado cierta, digamos, metamorfosis. Déjeme que le explique…
      -      Si, explíquese no vaya a ser que esa mutación o metamorfosis que dice que ha sufrido me vaya a representar algún problema con el Comité de Empresa, que estos están a la que salta.
    -  ¿Comité de Empresa? ¿Problemas? Tranquilícese que nada de eso va a ocurrir. Es más, el Sr. García es la garantía de que no exista ninguna complicación en su empresa y que la producción se incremente.
      -    Explíquese, por favor.
     -   Verá Eduardo es un ingeniero de sistema experto en robotización que lleva trabajando en nuestra empresa desde hace más de 25 años. Cuando empezó era un joven algo “impulsivo” y con lo que llaman “conciencia social” lo que le llevó a ser el presidente del comité de empresa de “Robobo Tecnic, S.A.”. Era un comité muy beligerante con la dirección sobre todo cuando los antiguos accionistas decidieron poner en venta la empresa a nuestro grupo coincidiendo con la gran crisis de 2008… El comité pensaba que los puestos de trabajo de la empresa peligraban dado que, como sabe, en aquella época nuestro proceso de fabricación era llevado única y exclusivamente por robots. La lucha fue enconada: paros intermitentes, huelgas y resoluciones judiciales que no nos eran favorables. La administración evitaba enviar a los trabajadores al paro y máxime cuando nuestro grupo era muy fuerte a nivel mundial. No obstante la producción cayó en picado y la economía de la empresa se resintió. Corríamos serio peligro de desaparecer a no ser que nos plegásemos a las exigencias de los trabajadores: sustituir por humanos a nuestros androides. Fue entonces cuando ocurrió un hecho que dio la vuelta por completo a la situación…

domingo, 18 de septiembre de 2011

La viuda negra



De su viaje a  la desértica Arizona se había traído su fascinación por la viuda negra. El comportamiento de esta araña atrajo su atención hasta el punto de que cuando regresó a  casa mimetizó su conducta al de aquella paciente tejedora.  No le costó demasiado adaptarse: su carácter tímido y solitario ayudó en su particular transformación.  Una relación tormentosa de la que había salido herida acabó por completar el proceso.

Conocedora de sus necesidades de sexo decidió satisfacerlas sin que ello supusiese compromiso y, sobre todo, desnudándolas de pasión. De esa manera trenzó una invisible tela que servía para atrapar a los hombres a la vez que la protegía de otra emoción que no fuese la del placer que le proporcionaba la cópula, solo una cópula. Una vez conseguida la finalidad con el varón se desembarazaba de él dejando por el camino un sinfín de cadáveres de ilusiones y palabras llenas de vacíos. Ese era su objetivo con el macho; más allá de un coito la relación podía tornarse peligrosa dado que podía colarse el desasosiego del  sentimiento.

miércoles, 14 de septiembre de 2011

El precio de la mentira


Hace unos escritos filosofaba sobre el peso de la mentira llegando a la conclusión, difusa eso sí, de que su peso debía ser igual al volumen de la verdad que desalojaba. 

Hoy trataba de buscarle un precio con el mismo resultado. El coste es impreciso, indefinido, aunque podamos concretar las partidas que la componen. Una mentira precisa de un espacio donde ubicarla y eso obliga a tener memoria para saber dónde se puso. Se necesita construir el muro adecuado y suficiente que oculte la verdad que siempre hay detrás. La exigencia que ello conlleva es no mover la mentira de dónde se encuentra ya que cualquier cambio de lugar comportaría el riesgo de dejar al descubierto la verdad. El gasto de energía que se soporta es también elevado: entre búsquedas, construcciones y  protecciones se emplea un esfuerzo considerable. Eso nos debilitará y  la debilidad degradará nuestra autoestima. También hay que sumar a todo ello el tiempo que se emplea en cimentar, levantar y edificar la farsa, agregar los favores que deberemos a los que participan en el fingimiento: más tarde o más temprano los cómplices acaban pasando factura. Necesitaremos hacer una fuerte inversión en soledad que nos rentará separación y abandono. Pero si tendremos dos ganancias inmediatas: nuestra cobardía se incrementará y aumentará la angustia por saber que siempre tendremos que vivir una quimera.

Desde luego hay que ser millonario para poder mentir.

domingo, 11 de septiembre de 2011

Los hombres que si creían en las mujeres



Eso de que los hombres no creemos una palabra de lo que nos dicen las mujeres es un tópico y, además, rigurosamente falso. Vaya como ejemplo el siguiente: cuando por motivos profesionales,  sentimentales o de otro tipo (que ahora no se me ocurre cuál puede ser) una mujer declara a un hombre después de la coyunda que nadie le ha hecho el amor o follado, según se trate, como él, incluso en ausencia de gritos, gemidos, jadeos, palabras al uso y fluidos varios, la mayoría de los hombres nos lo creeremos.

P.S. Si, ya sé que hoy es día once y de setiembre. Ese temita de los onces de cada mes en que han ocurrido desgracias varias (empezando por la abolición de los fueros catalanes por Felipe V, pasando por el ataque a las torres gemelas, el tsunami de Japón, la matanza de Atocha, el terremoto de Lorca y el advenimiento al poder de Zapatero y sus muchachos,  entre los que recuerdo) da para mucho, pero me niego a escribir una sola línea sobre ello. Me niego a recordar a los muertos cuando me dicen que toca y a los que toca.