domingo, 28 de octubre de 2012

El hombre oscuro





Confieso que caí en la trampa. Me compré el primer libro de la trilogía “50 sombras de Grey” cuando una mujer me comentó que era un libro porno para mamás de gran éxito entre las féminas. De las 500 y pico páginas que tiene el libro no pude pasar de la doscientos, justo cuando me percaté que de porno para mamás, nada de nada. Es, sencillamente, el cuento de la Cenicienta puesto a los días del siglo XXI.  El esquema es igual de rancio que en el cuento: chica inmersa en un mundo de mediocridad –antes de pobreza y miseria- espera a príncipe azul que la saque de ese mundo para ir en “jet” privado a un mundo nuevo de élite.

A partir de ahí la chica del cuento solo tiene que dejarse llevar, todo corre a cargo del príncipe, reconvertido en joven, exitoso y, cómo no, guapísimo empresario.  El mensaje es igual de retrógrado hoy que hace 200 años. Pero claro, si la novela fuera de una chica activa y dueña de su destino que hace lo que quiere, no sería un éxito. Por supuesto, el hombre sólo vale la pena si es triunfador, rico y sofisticado. Los que trabajamos de 8 a 8 para mantener a la familia, cuidar de los hijos y renunciar a los sueños por ser un buen padre, a ojos de las cultas mujeres lectoras de las sombras no será una de esas cincuenta sombras sino que estará en la más absoluta de las oscuridades.


domingo, 14 de octubre de 2012

El mejor antónimo

 
Tratando de buscar el lado amable de las palabras que definen la actual situación de crisis que padecemos me he puesto a jugar con sus antónimos. A lo mejor pensando en lo contrario vemos las cosas de otra manera y nos animamos un poco. Es curioso cómo, al pensar en una palabra, de manera automática me aparecía su antónimo más fácil pero no siempre el más acertado o el que me gustaba más. 

He empezado, como no,  con “crisis” y su antónimo más usual “estabilidad”. No obstante buscando he encontrado “equilibrio” e incluso, “tranquilidad”. No ha costado tanto, la verdad.


Siguiendo con el juego me ha venido a la mente la palabra “pobreza” y seguidamente, “riqueza” como su contraria. No obstante me quedo con “generosidad” o con “felicidad” como sus opuestas tal vez porque la riqueza no sea generosa o no sea sinónimo de felicidad.


Confieso que me ha gustado el entretenimiento y he continuado con  mi rastreo. He encontrado “feo”. “Guapo” es lo que procede o, mejor, “elegante” o “digno”. Sin duda cualquiera de esas dos se contrapone a lo grotesco o antiestético.


Me aparecía, como muchas otras veces, el “desamor”. “Amor” sería su antagónica y, además, la que se opone con mayor rotundidad. Aunque estaría bien, me he dicho, darle una oportunidad a la “amistad” o conocer el “afecto” para hacerlo perdurable de verdad. Por aquello de los paralelismos con el desamor le tocaba el turno ahora a la palabra “infiel”.  Y me he quedado con los antónimos “cumplidor” o “sincero”, siempre es mejor que lo intransigente de la fidelidad.

 A lo “grave” le he contrapuesto “apasionado” y “sencillo”. A lo “difícil”, lo “simple” o “comprensible”. Ante lo que es “malo”, siempre nos encontraremos  lo que es “agradable” y ante lo “insensible” lo “tierno” como maneras de hacer las cosas.


¿Y qué decir de “ruptura”? Pues ahí tenemos “amistad” o, por qué no, “arreglo”. Ya puestos a “reproche” habría que contraponerle “apruebe” o “elogie”. Y a “menosprecio” (palabra culta de la popular “ninguneo”) le opondríamos “valoración” e incluso “justiprecio”.


Y después de todas ellas es inevitable llegar a “dependencia”. Inmediatamente me venía a la mente “independencia”, pero hay otro antónimo de aquella que me gusta más y que no necesita comentarios: “Libertad”.

sábado, 6 de octubre de 2012

¿Por qué hacemos las cosas así?

video

Un científico de nombre Francisco colocó cinco españoles en una jaula a la que llamaban España, en cuyo centro había una escalera y, sobre ella, la salida hacia un lugar al que llamaban Catalunya.

Cuando un español subía la escalera para irse de la jaula, Francisco lanzaban un chorro de agua fría sobre los que quedaban en el suelo. Después de algún tiempo, cuando un español iba a subir por la escalera, los otros lo agarraban y lo molían a palos para que no lo hiciese. Pasado algún tiempo ningún español subía por la escalera, a pesar de la tentación que suponía irse de España para vivir en libertad en Catalunya.

Entonces, el científico sustituyó uno de los españoles. La primera cosa que hizo fue subir por la escalera, siendo rápidamente bajado por los otros, quienes le pegaron. Después de algunas palizas, el nuevo integrante del grupo ya no subió más la escalera.

Un segundo español fue sustituído, y ocurrió lo mismo. El primer sustituto participó con entusiasmo de la paliza al novato. Un tercero fue cambiado, y se repitió el hecho. El cuarto y, finalmente, el último de los veteranos fue sustituído. Francisco se quedó, entonces, con un grupo de cinco españoles que, aun cuando nunca recibieron un baño de agua fría, continuaban golpeando a aquél que intentase largarse de España.

Y Francisco que por algo era científico, concedió el don de la palabra a los españoles porque quería preguntarles por qué le pegaban a quién intentase subir la escalera. Uno de ellos que parecía el portavoz y atendía al nombre de Mariano, encogiéndose de hombros, respondió: "No se, las cosas siempre se han hecho así por aquí..."

miércoles, 3 de octubre de 2012

Estoy deprimido...



Cuando llego a casa por la noche después de estar usando el cerebro todo el día (o haciendo ver que lo hago) lo que mas me apetece es un poco de superficialidad. Por eso enciendo la televisión. No obstante debo reconocer que el contraste es demasiado arriesgado  ya que puede que mis neuronas se pierdan en el magma de la frivolidad y me sea imposible recuperarlas para la siguiente jornada.  Así que finalmente opto por una solución intermedia y me conecto a internet. En "La Red" encuentro las dosis justas de futilidad y puedo expresarme en escritos tan banales como éste que se compensan con vuestros inteligentes comentarios... 


P.S. A ver si ahora alguien escribe algo y no me deja el escrito sin comentarios. Me deprime enormemente.

martes, 2 de octubre de 2012

Consuelo




La belleza del crepúsculo compensa lo inexorable del declive... Y ahí me encuentro: en la pendiente a la espera que amanezca.